EL-SUR

Lunes 06 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Alcaldes de Acapulco (XXXIV)

Los 70 años de María Bonita (IV y último)

Anituy Rebolledo Ayerdi

Diciembre 31, 2015

Cuando vayas a Madrid…

–¡Vaya con el vejete ese, está rematadamente loco el cabrón!
Tal es el diagnóstico de una iracunda María Félix al enterarse de los planes de Agustín Lara para boicotear su viaje a España. Un periplo que planea de tiempo atrás “solita y sin malas compañías”.
El Flaco está definitivamente fuera de sí. Alguien lo ha mal aconsejado de que está en su derecho de arraigarla o bien obligarla a llevarlo con ella. Ello por virtud de que no se ha fallado el juicio de divorcio, demandado por María Bonita.
–¡Hijo su mala madre… chiflado, mil veces chiflado! –insistirá iracunda Doña Diabla.
La extraña reacción del músico no lo será si se conoce un sueño largamente acariciado y tantas veces aplazado de pa-searse por las calles madrileñas del brazo de “la mujer más hermosa del mundo”. De provocar la envidia de los españoles y principalmente de los matadores de toros, tan admirados por la dama.
Ora que, a decir verdad, La Doña nunca estuvo dispuesta a visitar España acompañada por un Agustín allá idolatrado. Jamás hubiera aceptado el papel marginal de la esposa del compositor que ha cantado a España sin siquiera conocerla. Ella, ¿una “Doña Nadie”? ¡Jamás! Agustín creyó hasta entonces que los aplazamientos se debían en realidad a los compromisos cinematográficos o a malos momentos de su Maruca.
–¡Lo que hubiera gozado el maldito Flaco humillándome así! comentaba a sus íntimos la aguerrida sonorense. Aludía sin pretenderlo al juego de las aleznas que no se pican entre sí.
El músico-poeta, no obstante, recapacita a tiempo. Arrepentido por tan desagradable exabrupto se encierra en su estudio –ya se sabe–, bien pertrechado de inspiración, coñac y cigarrillos. Pall Mall rojos y de los nacionales. El piano lo espera siempre bien afinado. Trabaja como poseído pues las notas que de ahí surjan deberán viajar con Machángeles. Voilá:

Cuando vayas a Madrid chulona mía
voy a hacerte emperatriz de Lavapiés
y alfombrarte con claveles la Gran Vía
y bañarte con vinillos de Jerez

En Chicote un agasajo postinero
con la crema de la intelectualidad
y la gracia de un piropo
retrechero
más castizo que la calle de Alcalá

Madrid, Madrid, Madrid
pedazo de la España en que nací
por algo te hizo Dios la cuna
del requiebro y el chotis

Madrid, Madrid, Madrid
en México se piensa mucho en ti
por el sabor que tienen tus
verbenas
por tantas cosas buenas que soñamos desde aquí

Y vas a ver lo que es canela fina y armar
la tremolina cuando llegues a Madrid.

María en España

El chotis Madrid lo escuché por primera vez aquí, Agustín me lo mandó tocar estando yo en la taberna de Perico Chicote.
Tantas ganas tenía de conocer Madrid que para lograrlo tuve que divorciarme de un marido que se oponía a mi viaje.
Luis Miguel Dominguín y Manolete fueron dos de mis matadores favoritos, ambos me brindaron toros en la plaza México. La muerte de este último la lloré mucho; ha sido al primer hombre por el que yo he llorado.
(Las lenguas de doble y hasta triple filo hablarán de un romance entre La Doña y Dominguín. Se dirá que el matador había sido uno de los motivos de su viaje a España y que Agustín lo sabía o lo maliciaba. “El tipo era bonito, era joven y gozaba de mucha popularidad en España”, escribirá ella más tarde.
El libro Las pasiones de Dominguín, de Carlos Abella, enlista los romances del torero con varias estrellas de cine. Entre ellas Ava Gardner, Ro-mmy Schneider, Laureen Bacall (viuda de Humpery Bogart, muerta apenas el año pasado); Anabella Power (ex esposa de Tyrone Power), la también princesa Ira Furstemberg, María Félix y Miroslava Stern. Esta última se habría suicidado en México al conocer el matrimonio del torero con la actriz italiana Lucía Bosé. Padres del cantante Miguel Bosé).
Luego de filmar la película Mare nostrum, la Félix vivió en España cerca de tres años. Había viajado con todo un séquito: peinadora, maquillista, secretaria, costurera, el modisto Armando Valdés Peza. Allá se les unirá el dramaturgo Luis G. Basurto.
María viene a México al arreglo de documentos importantes y aquí se arrepentirá haberlo hecho. Cuando algunos medios la involucren en la muerte de su secretaria Rebeca Uribe, cuyo cadáver aparece en el motel Tony’s Courts. Según su personal la dama había llegado acompañada por una “mujer muy alta, enfundada en un abrigo de pieles”. ¡María Félix!, identificarán de inmediato los periódicos “chupasangre”.
María Bonita no dará crédito a tamaña falta de respeto, a tan infame insulto para una diva de su jerarquía. ¡A ella que pone tan en alto el nombre de México en el extranjero! Mentará madres y no habrá insulto mexicano que no suelte en su defensa. Resuelto finalmente el misterio, Doña Diabla viaja de nuevo a Europa jurando no volver más a este “pinche país de sospechas”
Lara en España

Agustín Lara visita por primera vez España en 1954. El generalísimo Francisco Franco, gran admirador suyo, lo declara “ciudadano honorario de España”. Acá, en México, el exilio español dedicará al músico enjundiosas mentadas de madre, además de hacer añicos cientos de acetatos con su música.
El Ayuntamiento de Madrid levanta en su honor una estatua de cuerpo entero en el barrio de Lavapiés. Los madrileños lo acogen como a un héroe agradeciéndole haberles dado un himno.
Al llegar a Granada, donde se le declara “Hijo adoptivo”, el compositor exclama: “No vengo a pisar la tierra de Granada sino a besarla con labios y corazón”. Se le obsequia una batuta de plata y con ella dirige a la Banda Municipal interpretando precisamente su Granada. Llora. También aquí se le levanta una estatua.
Medio siglo más tarde, el ayuntamiento madrileño pondrá en tela de juicio la autoría de Agustín Lara sobre el chotis Madrid. Lo hace en las páginas del libro Gran Vía 1910-2010, del historiador Raúl Guerra Garrido, editado por aquella municipalidad. Se afirma en sus páginas que el compositor mexicano habría comprado la canción a Rafael Oropeza Escalona, músico de la Banda Municipal madrileña, exiliado en México. El mexicano se había aprovechado de la miseria de aquél, urgido de dinero para curar a su esposa enferma.
El asunto del “plagio lariano” fue retomado apenas en 2012 por el concejal Ángel Lara (¡!), del partido Izquierda Unida. Lo turna a una comisión especial para que lo estudie y dictamine lo conducente. La familia Oropeza exige el reconocimiento y nada más.

Últimas palabras

María: Agustín se sirvió de mí. Conmigo tomó un nuevo y último aire pues como músico y poeta ya había dado lo mejor. Lo eché de mi lado porque de lo contrario me mata o me suicido.
Agustín: Estuve enamorado de María, qué digo enamorado, ¡enamoradísimo! La adoraba como a una Mujer-Diosa. Me llenaba de orgullo saberla mía, únicamente mía. Abandoné la casa que fue nido de nuestro amor con solo un cepillo de dientes en el bolsillo y un océano de tristeza en el alma. A la mañana siguiente compré exactamente 999 rosas rojas y les puse una tarjeta con esas palabras.
María: Te envío 999 rosas rojas, tú eres la número mil.
PD: Ya no me gustan las rosas rojas.
Y esta carta:
“Ni tu ni yo creemos en la casualidad. Hay un supremo designio absoluto y eterno que une las almas y las separa. Los filósofos llaman a ese fenómeno destino, los gitanos suerte. Y esto ha sido para mí encontrar el diluvio de cascabeles de tu risa, tu rebeldía, tu inconsciencia, tu calidad humana y, por fin, tu amor”.
“Es tan difícil esa palabra que yo, viejo marino de todas las tempestades, he temblado al escribirla. He llevado en la tremenda duda que significa o que golpea el corazón un remordimiento: no a la evidencia sino a la esperanza. Aliméntala como tu quieras; con tus engaños, con tus mentiras, pero deja que viva como la más dulce quimera de mi alma. Ahí vas a encontrar un nuevo templo en donde las religiones se vuelven una sola: un idioma que habla toda la humanidad, una música que cantan todos los hombres y los pájaros y el mar y los árboles y la sangre. ¡Bendita seas!”

María Bonita

María Bonita vive y vivirá. Resiste indemne el paso de los años –ya setenta–, como una delicada y hermosa ofrenda lírica de amor, creada en el marco majestuoso de la bahía acapulqueña. Es también un himno de Acapulco.

Acuérdate de Acapulco
de aquella noche
María Bonita, María del alma
Acuérdate que en la playa,
con tus manitas las estrellitas
las enjuagabas

Un columnista chilango sin ninguna Semana Santa en Acapulco, ignorante por supuesto de la existencia de los equinodermos esteroides, vulgo “estrellas de mar”, pondrá en los labios del maestro Lara una carrujo del tamaño de un habano. Ello al imaginar a María enjuagando con sus manitas las estrellitas del firmamento celestial. Atinará, sí, al anotar que aquellas “manitas” eran tan largas y huesudas como las del propio Drácula.

Tu cuerpo del mar juguete,
nave al garete,
venían las olas, lo columpiaban
y mientras yo te miraba,
lo digo con sentimiento,
mi pensamiento me traicionaba.

Los celos chesperianos afloran y atormentan al chilango tropical. Se imagina enfebrecido otras manos bajo el mar recorriendo aquellas formas que ya son suyas. El maestro debía saberlo: con el mar poco y bueno.

Te dije muchas palabras
de esas bonitas
con que se arrullan los
corazones,
pidiendo que me quisieras
que convirtieras en realidades
mis ilusiones

(“Cuando duermes callan todos los ángeles… hasta el rumor de las hojas enmudecen… Cómplice, el viento se convierte en brisa…. El río frena sus inquietudes y los pájaros ponen sordinas en sus idilios”). Esas sí son “palabras bonitas que arrullan corazones”.

La luna que nos miraba
ya hacía ratito
se hizo un poquito desentendida
y cuando la vi escondida
me arrodillé pa’ besarte
y así entregarte toda mi vida.

María: Su abuela se lo habrá creído… ¡yo no!

Amores habrás tenido, muchos amores
María Bonita, María del alma
pero ninguno tan bueno ni tan honrado
como el que hiciste que en mi brotara

La riega gachamente el maestro Lara al reprochar a María su intrincado pasado amoroso, como si estuviera frente a una de sus habituales mercenarias, No venía al caso, bastaba con jurarle el suyo, honrado o no.

Lo traigo lleno de flores
como una ofrenda
para dejarlo bajo tus plantas:
recíbelo emocionada
y júrame que no mientes
porque te sientes idolatrada

Claro que María debió sentirse idolatrada. Agustín está de hinojos como ante Dios, ella, su diosa. Arrodillado la besa, arrodillado coloca la ofrenda bajo sus plantas, siempre arrodillado. ¿Y así quien no?

Despecho

Atenido que es de sabios (y de genios) cambiar de opinión, Agustín Lara lo hará pasado el tiempo:
“Mi amor por María no fue un amor barato, fue un amor de millones… y yo me quedé con la mayor parte. María me inspiró canciones que me hicieron ganar mucho dinero, muchísimo dinero. En los negocios como en la vida María y yo estamos parejos”.
¡Maestro!

Lara, cursi y vulgar.

Agustín Lara fue como su compadre Lorenzo Garza, “ave de tempestades”. Pocos compositores mexicanos como él tan celebrados y a la vez tan vilipendiados. La inteligentzia de la época lo llamó quinta esencia de una estética llamada cursilería. Se mofó de sus sentimientos vulgares y de una existencia tan llena de excesos y actitudes lindando con el ridículo. Paralelamente, se le encomió su increíble fecundidad musical, al tiempo de exaltar belleza de muchas de sus canciones. El summum de la creación musical, ni más ni menos.
“Gracias por lo que fue, gracias por lo que es, bienvenido lo que será…”.

¡Feliz Año Nuevo!