Florencio Salazar
Enero 18, 2025
Somos muy malos observadores. Robert Greene.
El arribo de Donald, por segunda vez a la presidencia de los Estados Unidos, puede hacer cada vez más tensas las relaciones entre los dos países. El nuevo mandatario repetidamente ha señalado a México de ser proveedor de fentanilo, de migración indocumentada y de permitir que China ingrese sus productos a su mercado.
Ha sido duro con sus amenazas: la declaración de terroristas a los jefes de los cárteles, los cuales serían detenidos a través de una “invasión suave” de tropas de asalto a nuestros país, el cierre de la frontera y la deportación masiva de migrantes, así como el alza de hasta el 80 por ciento de aranceles o más.
No es para pasar por alto las declaraciones de Trump, quien parece un conquistador que desea ampliar su imperio. Ha llamado “gobernador” al primer ministro de Canadá, diciendo que este país debería ser un nuevo estado de la Unión Americana; pretende apoderarse del vasto territorio de Groenlandia, que pertenece al Reino de Dinamarca desde 1814, y es “el segundo territorio insular más grande del mundo, después de Australia”; y apoderarse del Golfo de México llamándolo “Golfo de las Américas”.
Tanto los gobiernos danés como el mexicano han protestado por las declaraciones de Trump. Ello no ha significado una rectificación de sus afirmaciones; por el contrario, la entrante administración estará integrada por un equipo de duros que comparten las propuestas de su próximo presidente.
En el caso mexicano, es de observarse que la población no ha reaccionado al amago invasivo. En otros tiempos, las plazas públicas hubieran sido ocupadas por miles de compatriotas, rechazando enérgicamente las declaraciones del presidente que, el próximo 20 de enero, ocupará la Casa Blanca. Las respuestas de la presidenta Claudia Sheinbaum, no han tenido eco popular.
Hasta ahora ha sido anecdótico el movimiento para crear la Regia República de Nuevo León, promovida por el empresario Gilberto Lozano, quien solicitó al Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Nuevo León una consulta de “separación voluntaria” del estado. En el pasado, ha habido intentos de ejecutar este proyecto con el propósito de crear la República del Río Grande (1840), con los territorios de Nuevo León, Tamaulipas y Coahuila.
Independientemente de que la idea de Lozano esté llamada al fracaso, el hecho es que puede ser un pretexto para tratar de repetir la historia de Texas, que primero se independizó de México como república independientemente y luego se adhirió como un nuevo estado de los vecinos del norte. En política, y menos en estos casos, las señales deben ser ignoradas.
Para Estados Unidos México ha sido considerado como parte estratégica de su área de seguridad nacional. Tratándose de asuntos geopolíticos la seguridad de Estados Unidos no está en juego. El gobierno mexicano puede condecorar al dictador cubano, como lo hizo AMLO, y la Cámara de Diputados formar un comité de amistad con Rusia, y aún cuando levanten la ceja en la Casa Blanca, no pasará nada. Sin embargo, ante el mínimo riesgo de que nuestro territorio sea utilizado por las potencias adversarias, no dudará endurecer su postura, como ocurrió durante la crisis de los misiles en Cuba en 1962, que puso al borde la guerra nuclear a Estados Unidos y la Unión Soviética.
Vienen años difíciles en la relación de México-Estados Unidos. El T-MEC puede ser objeto de revisiones para restringir el acceso de los productos de nuestro país al mercado más importante del mundo; también disminuir la inversión extranjera directa; y provocar el debilitamiento político del gobierno mexicano mediante acciones represivas a la delincuencia organizada en nuestro territorio.
Hoy se ha perdido mucho del nacionalismo, que era una barrera ideológica frente al expansionismo norteamericano. Además, debe considerarse que los mexicanos tenemos una buena opinión de los Estados Unidos, como podrá observarse en la encuesta “Las Américas y el Mundo 2021”, realizada por el CIDE y de acuerdo al análisis de Sandra Martínez Peña y Rodrigo Castro Cornejo (Nexos, febrero 9, 2023).
El realismo político es indicativo de que debemos defender la soberanía nacional por la vía diplomática, evitar la subordinación al cesarismo de Donald Trump y fortalecer nuestras políticas comerciales con América del Norte, empezando por restaurar nuestra vida democrática y la división de poderes.
Hay que evitar la tentación de querer jalar las orejas al tigre.