EL-SUR

Sábado 20 de Abril de 2024

Guerrero, México

Opinión

Los automóviles como símbolo de la agitada vida urbana (II)

Silvestre Pacheco León

Septiembre 02, 2018

A todos los trabajadores de la gasolinera nos costó aprender sobre los carros que atendíamos.
Si yo pagué los litros de Pemex 100 que le cargué al taxi por novato, otros compañeros nuevos pusieron el litro de aceite en el radiador, o el agua para el radiador en el motor. Y no faltó quien se equivocara del lugar con el aceite de la trasmisión.
En mi trabajo como despachador de gasolina nunca presencié que alguien se aprovechara de los automovilistas cobrándoles de más o sirviéndoles de menos, pero entre mis compañeros de trabajo había uno que siempre ganaba más que todos sin apenas intervenir en las disputas de los clientes.
Fue hasta el final de mi temporada en ese trabajo cuando descubrimos que aquel compañero a la hora de dar el cambio se aprovechaba de los automovilistas distraídos, o los distraía a propósito para quedarse con parte de su dinero.
También había clientes abusivos que buscaban sacar provecho de todo. Recuerdo que en una ocasión un carro lleno de jóvenes estuvo parado buen rato obstruyendo la salida de la gasolinera esperando el cambio de un supuesto pago que nunca realizó.
Argumentaba que había cargado cien pesos de gasolina sin haberse fijado en el despachador y no pretendía moverse hasta recibir los 400 pesos de su reclamo.
Ya el cajero estaba viendo la manera de darle el dinero que pedía cuando un trabajador suspicaz demostró que el auto no había cargado gasolina porque no aparecía ninguna huella de que se hubiera abierto el tapón de gasolina, ni el conducto que va al tanque estaba humedecido.
Cuando el automovilista se sintió descubierto y ante la amenaza de que vendría la policía, optó por retirarse.

Algunas pistas de la vida urbana

Durante el año que duró mi experiencia como despachador de gasolina en la estación de la calle Vallarta y avenida Hidalgo en Coyoacán, conocí mucho de lo que significaba la vida en la ciudad donde los coches simbolizaban el ritmo agitado que le era característico, y después el obstáculo mayor para la movilidad de una de las mayores capitales del mundo.
Yo estudiaba entonces el tercer año de la secundaria en el turno vespertino de una escuela de Xochimilco, que era el lugar más cercano donde encontré cupo.
Así, por la mañana aprovechaba el trabajo de medio tiempo despachando combustible y por la tarde estudiaba, excepto los fines de semana en que todo el día me ocupaba en buscar la propina de los automovilistas.
Muy cerca de la gasolinera quedaba la plaza Hidalgo de Coyoacán que frecuentábamos a diario con las primeras propinas en nuestros bolsillos, buscando las teleras y los bolillos como alimentos nuevos y atractivos para nuestro gusto que durante años se limitó al consumo de tortillas.
Las tortas de jamón y queso, con mayonesa, aguacate, jitomate y chiles, eran nuestra afición, a cualquier hora del día, y para comprarlas mandábamos a quien perdía en los volados que jugábamos en cada pausa que nos daban los clientes.
El juego de los volados entre los trabajadores llegó a hacerse tan popular que pronto atrajo a gente ajena de la gasolinera. Había un vendedor de gelatinas que algunas veces llegó a perder en volados toda su mercancía con la ingenuidad de que en el juego de disparejos no podía haber maniobras para hacerlo perder.

El trayecto a casa

Para ir del trabajo a mi casa, todas las tardes cruzaba el parque antiquísimo de La Conchita y escuchaba el silbato de la fábrica de papel que estaba justo en frente de la iglesia anunciando el cambio de turno.
En ese parque tuve mi primera experiencia con la banda de jóvenes drogadictos dedicados al asalto y la extorsión. Se llamaban Los Conchos para identificarse con el nombre del territorio que dominaban.
Una tarde que pasaba por el lugar había no menos de 10 de sus integrantes a quienes no pude evadir. Crucé en medio del grupo con aplomo todo lo rápido que pude, y cuando ya los había dejado atrás, se me heló la sangre cuando uno de ellos me alcanzó del brazo para retenerme pidiéndome “unas monedas”, y cuando a punto estaba de entregarle mi dinero, pasó milagrosamente un primo mío que al ver lo que sucedía amenazó al asaltante quien salió descolado.
Pero la historia no terminó ahí porque en seguida pensé preocupado que tenía que seguir pasando por el lugar y mi primo no siempre estaría para ayudarme, sin embargo me sobrepuse al miedo y mientras pude evitar el riesgo de ser asaltado pasando con sigilo y rapidez por el lugar, lo hice, hasta que un día se volvió a repetir el caso de la primera vez. Ahora eran dos los mozalbetes que me dieron alcance para asaltarme casi llegando a la avenida que cruza el parque en dirección a la plaza de Coyoacán, y lo hicieron justo cuando un señor con cuerpo de luchador pasaba con su esposa por el lugar.
Supongo que ya los conocía porque se dirigió por su nombre al que encabezaba la agresión y en tono de amenaza le dijo: ¿Otra vez tú pinche Marcos abusando de los chavitos?, mientras lo empujaba con fuerza para que me soltara. ¡Si te vuelvo a ver aquí verás cómo te va! Le gritó mientras el asaltante y su compañero se alejaban corriendo.

Los personajes

Como despachador de combustible no sólo conocí los modelos de carros de aquella década que terminaba, sino también a diversos personajes como al actor y cantante César Costa, quien en su auto azul convertible de la Mercedes Benz era visitante frecuente de la gasolinera.
Muchos años después supe que se trataba del escritor, filósofo y dramaturgo admirado, Hugo Hiriart quien vivía en una residencia vecina y se paseaba con un séquito de muchachas jóvenes y bellas que atrapaban nuestra atención.
PD1. Siento alguna pena por la experiencia pasada en Filo de Caballos por mis amigos del Movimiento Campesino Plan de Ayala Siglo XXI, quienes en representación del presidente electo Andrés Manuel López Obrador y con el viejo método de los políticos, se adelantaron a interpretar el sentir de los campesinos con discursos interminables y ofrecimientos que no responden al clamor en el campo de que primero se garantice la paz y la seguridad.