EL-SUR

Viernes 21 de Junio de 2024

Guerrero, México

Opinión

Los claroscuros de América Latina

Gaspard Estrada

Noviembre 13, 2019

 

América Latina se encuentra sobre una montaña rusa. Durante la pasada semana, un ex jefe de estado, Luis Inácio Lula da Silva, recobró su libertad. Otro, Evo Morales, tuvo que salir de su país, Bolivia, después de una crisis política sin precedentes después de catorce años de gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS), el partido político fundado por él mismo. Todo esto, en un momento en el cual las crisis políticas y sociales se multiplican, ya sea en Ecuador o Chile, haciendo que la región juegue con fuego.
Sin duda alguna, la decisión de los once magistrados de la Corte Suprema de Brasil de respetar el artículo cinco de la Constitución de ese país, que establece que ninguna persona puede ser condenada hasta que su proceso no esté concluido, fue fundamental para restablecer el funcionamiento de las instituciones democráticas de Brasil. En efecto, la elección presidencial de 2018 estuvo marcada por el encarcelamiento del político que encabezaba las encuestas de opinión en aquel momento, el ex presidente Lula. Para ello, los jueces se valieron de un cambio en la jurisprudencia penal, para que las personas condenadas en una segunda instancia sean encarceladas aunque continúen apelando la sentencia ante el Supremo Tribunal de Justicia y la Corte Suprema (en Brasil existen cuatro niveles de jurisdicción). De tal suerte que, si bien el Partido de los Trabajadores (PT), la agremiación política del ex líder del sindicato de los metalúrgicos de São Bernardo do Campo, pudo participar en ese proceso electoral por la vía del ex ministro de educación de Lula, Fernando Haddad, quedó claro que la justicia brasileña secuestró el proceso electoral, al encarcelar por motivos políticos a Lula. Con la llegada al poder de un presidente abiertamente en contra de los derechos humanos y de los valores democráticos como Jair Bolsonaro, era de esperarse que la justicia no hiciera nada para cambiar esta situación. Sin embargo, conforme la popularidad de Jair Bolsonaro fue cayendo, y las revelaciones del periodista Glenn Greenwald y de su equipo del sitio de noticias The Intercept sobre las irregularidades cometidas por Sergio Moro y los procuradores de la operación Lava Jato contra el ex presidente Lula fueron reveladas en la prensa, las condiciones políticas para la liberación del líder del PT fueron mejorando.
La presión internacional para que Lula salga de la prisión en Curitiba, en particular en el seno de los medios jurídicos, también fue fundamental para que los miembros de la Corte Suprema decidieran cambiar la jurisprudencia penal, y por ende liberar a Lula.
No obstante, su liberación no significa, per se, que la situación jurídica y política del ex presidente brasileño esté resuelta. Al día de hoy, Lula continúa siendo condenado en tercera instancia en uno de los procesos, de los ocho en los cuales está bajo proceso. En otro, ya ha sido condenado en primera instancia, y desde la decisión de la Corte Suprema, el pasado jueves, varios magistrados a cargo de los demás procesos han advertido por los medios que van intentar acelerar los demás procesos contra Lula, de tal suerte que ahora lo más importante es que la Corte Suprema se pronuncie sobre el fondo del asunto, es decir, sobre la persecución judicial en contra del ex presidente Lula. Existe un pedido de amparo formulado por sus abogados que está siendo votado en el seno de la Corte Suprema y que podría desembocar en la anulación de los procesos en contra del expresidente. Falta saber si efectivamente los magistrados de la Corte, después de la liberación de Lula, tendrán la voluntad política de votar tal medida, que le permitiría regresar plenamente a la vida política.
En Bolivia, en cambio, el ahora ex presidente Evo Morales sigue el camino inverso. Después de la ruptura del orden constitucional a manos del ejército, el líder del MAS tuvo que abandonar su país, para asilarse en México. Esta situación sólo favorecerá a la antigua oposición, en caso de que se organicen elecciones dentro del plazo inscrito en la constitución (90 días) y que éstas incluyan a un candidato del MAS. Queda claro que si estas elecciones no son pluralistas, la democracia boliviana quedará mal herida.

Twitter: Gaspard_Estrada

* Director Ejecutivo del Observatorio Político de América Latina y el Caribe (OPALC), con sede en París