EL-SUR

Miércoles 10 de Agosto de 2022

Guerrero, México

Opinión

Los desafíos de Petro en Colombia y América Latina

Gaspard Estrada

Junio 22, 2022

 

El pasado domingo los colombianos fueron a las urnas para elegir a su próximo presidente de la República. Se trató de una elección histórica en todos los sentidos. Por primera vez en la historia de Colombia, un dirigente de izquierda, Gustavo Petro, se convirtió el domingo 19 de junio de 2022 en presidente de su país.
Con el 50.44 por ciento de los votos, el antiguo dirigente del movimiento 19 de Abril (mejor conocido por sus siglas M-19), una guerrilla de izquierda convertida a la socialdemocracia a finales de los años 1980, se impuso frente a su contrincante, el empresario y exalcalde de Bucaramanga, Rodolfo Hernández, quien obtuvo el 47.31 por ciento de los votos.
Si bien la jornada electoral transcurrió en calma, el clima era tenso dentro de los estados mayores de los candidatos, teniendo en cuenta que la mayoría de las encuestas hablaban de empate técnico y predecían un resultado muy cerrado. Si bien el resultado fue apretado –con una diferencia del 3 por ciento–, fue mayor a lo esperado, contribuyendo a que todos los principales actores con poder –incluyendo al presidente saliente, Iván Duque, el contrincante derrotado, Rodolfo Hernández, y el propio ex presidente Álvaro Uribe– aceptaran rápidamente el resultado electoral. No se trata de algo menor.
La historia política de Colombia de la segunda mitad del siglo veinte está marcada por la violencia política en contra de dirigentes políticos y sociales de izquierda. Fue tras el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán, en 1948, que Colombia entró en un proceso político llamado la “violencia”, cuando las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) nacieron. A partir de ahí, el país vivió inmerso en un conflicto interno que provocó millones de personas desplazadas y miles de muertos.
Con la transición democrática, y la redacción de una nueva Constitución en 1991, varios grupos insurgentes se desmovilizaron –incluyendo el grupo de Gustavo Petro, el M-19. Sin embargo, eso no impidió que los asesinatos de dirigentes sociales y políticos a nivel local se mantengan hasta el día de hoy. Si bien se firmó un acuerdo de paz entre el gobierno del expresidente Juan Manuel Santos y las FARC, en La Habana en 2016, buena parte de la implementación de este acuerdo no ha sido respetada, en particular en los asuntos relativos a la protección de los líderes sociales y políticos.
Es en este sentido que Gustavo Petro tuvo que enfrentar durante toda la campaña presidencial el estigma de ser un dirigente político de izquierda y ex guerrillero, a pesar de que fue diputado, senador y alcalde de Bogotá, antes de ser candidato presidencial (por tercera ocasión). Pero contrariamente a las ocasiones anteriores, Petro supo abrir su discurso, y darles espacios a líderes políticos y sociales de centro, lo que le permitió presentarse como un dirigente político de centro-izquierda dispuesto a dialogar con sectores que eran históricamente distantes de su plataforma política. Por otro lado, Petro tomó una decisión estratégica: nombrar a Francia Márquez como su fórmula vicepresidencial, en vez de escoger a un dirigente de la clase política tradicional, como se lo sugería buena parte de la comentocracia colombiana. Y es que Márquez tiene un perfil totalmente atípico para la élite de ese país: se trata de una lideresa comunitaria negra, de origen humilde, y que se destacó por su activismo a nivel local. En marzo de este marzo, durante la elección primaria de la coalición Colombia Humana, Márquez obtuvo más de 800 mil votos, es decir, más votos que el líder de la coalición de partidos de centro, y ex alcalde de Medellín, Sergio Fajardo (quien obtuvo poco más de 600 mil votos). Gracias al respaldo de Márquez, Petro pudo conservar su identidad política, y al mismo tiempo ir a la búsqueda de electores de centro. Estos últimos, en su mayoría, no querían votar a favor de Rodolfo Hernández, pero tenían dudas sobre la viabilidad de las propuestas del dirigente de izquierda. Después de una campaña de segunda vuelta marcada por los ataques y la polarización política, Gustavo Petro terminó alzándose con la victoria. Ahora, su desafío será darle vida al proceso de paz, y sobre todo no decepcionar a los millones de colombianos que votaron por él, anhelando un cambio.

* Director Ejecutivo del Obser-vatorio Político de América Latina y el Caribe (OPALC), con sede en París.

Twitter: @Gaspard_Estrada