EL-SUR

Martes 11 de Mayo de 2021

Guerrero, México

Opinión

Alcaldes de Acapulco (XXXIV)

Los eclisados

Anituy Rebolledo Ayerdi

Septiembre 06, 2007


Eclipses de luna y Sol

Una reacción automática de los acapulqueños en presencia de un eclipse de Sol o de luna era sonar frenéticamente latas, silbatos,
cornetas, botes, bacinicas, matracas y todo objeto que produjera ruido. Hombres, mujeres, ancianos y niños estaban convencidos
de ayudar de esa manera a la Tierra a ganarle “la pelea a la luna o al Sol” según el evento de que se tratara. La sinfonía infernal
duraba la hora y pico del fenómeno y era idéntica en todos los pueblos de la Costa Grande y de la Costa Chica.
La estrategia se había puesto en práctica en forma espectacular la noche del 31 de diciembre de 1899. La parafernalia para
proteger a la tierra se iniciará en el barrio de La Candelaria siguiéndole Petaquillas y el Rincón (La Playa). Les secundarán La
Guinea, El Teconche, El Pozo de la Nación, El Chorrillo, La Adobería, La Poza y no se quedarán atrás El Capire y Los Tepetates.
Histeria colectiva generada por las predicciones milenaristas de Nostradamus , anticipando el fin del mundo para esa
medianoche. Nadie hará dudar después a los acapulqueños la convicción de haber salvado al planeta de su destrucción.
Una manifestación similar la encontramos sorprendentemente en China. Sus habitrantes, frente a un eclipse de cualquier tipo
salían a las calles para tocar campanas de todo tipo y tamaño. Millones de ellas sonando al mismo tiempo y por razones
diferentes a las de los porteños. Pretendían con el estrépito ahuyentar a un enorme dragón dispuesto a tragarse al Sol o a la luna,
dejando a la Tierra en tinieblas. O vaya usted a saber si aquí se combatía también al lanzallamas.
Los mitos y leyendas en torno a los eclipses son pródigos en todas las culturas del mundo. Para los coreanos, por ejemplo, el
eclipse es un intento del rey del País Oscuro para robarse mediante perros gigantescos el Sol o la luna. Finalmente los canes
huirán con el hocico quemado por el astro rey o bien congelado por Selene. Para los esquimales el eclipse es señal de que tanto
el Sol como la luna están enfermos y para aliviarlos las mujeres colocan los enseres de la casa de cabeza. Los aztecas, por su
parte, representaban a la luna como un animal comiéndose al Sol.
Entre los totonacos se identifica actualmente a la luna con los Santos Manuel, Diego, Mateo, Marcos, Pascual y Aurelio. Son ellos
quienes intervienen en la formación del feto en la mujer embarazada y quienes determinan el destino del producto. Son, además,
los encargados de enviar mensualmente la menstruación. La Luna tiene para ellos una gran influencia sobre la fertilidad, la
siembra, el corte de madera e incluso del cabello ofreciéndose como remedio eficaz contra las úlceras. Creencias todas ellas
prácticamente universales.

Colón y la luna

Cuenta José Gregorio Portilla que un eclipse de luna salvó la vida de Cristóbal Colón durante su cuarto viaje en 1504. Prolongada
su estancia en Jamaica, donde había desembarcado para reparar su nave, el descubridor se vio urgido de agua y víveres que los
nativos, hostiles, le negaron. Aficionado a la astronomía, Colón había leído que por esos días tendría lugar un eclipse de luna y
aprovechó la coyuntura para amenazar a los indígenas con “apagar la luna” si no satisfacían sus demandas. La luna se apagó,
efectivamente, haciendo que los asustados nativos colmaran al navegante con toda clase de bienes proclamándolo incluso como
profeta. (Astronomía para todos).

El eclipse lunar

El eclipse lunar total es un evento astronómico que sucede cuando el planeta Tierra se interponen entre el Sol y la luna, es decir,
cuando la luna entra en la zona de sombra de la Tierra, sólo posible cuando hay luna llena. Su duración puede llegar a una hora y
47 minutos como máximo, debido a que el diámetro de la sombra terrestre a la distancia Tierra-Luna puede superar hasta en 2.8
veces el diámetro de la luna.
Un fenómeno total como el ocurrido el pasado 28 del mes pasado se repetirá el 21 de febrero de 2008 y de ahí hasta el 21 de
diciembre de 2010.
Supersticiones antiguas y casi universales adjudican a los eclipses el presagio de males futuros e inminentes. El envenenamiento
de las fuentes de aguas, el comportamiento errático de los animales y la aparición de manchas en bebés y adultos. El daño más
dramático del eclipse, sin embargo, afecta al embarazo de la mujer mutilando al producto. Le come el labio o cualquier otra parte
del cuerpo.

Labio leporino

La deformación congénita caracterizada por la división del labio superior –semejante a la liebre, de ahí su nombre de leporino– se
adjudica hoy mismo, en pleno siglo XXI, a las influencias nefastas de los astros en apareamiento. Atavismos implacables siguen
culpando al Sol y la luna de quedarse con un pedazo de labio.
El labio leporino –neque en la Costa Chica–es producto directo de un eclipse total de luna. A quienes lo padecen se les llama
también eclisados en obvia referencia al origen de la malformación. Una mutilación para la que la propia superstición aconseja
medidas preventivas.
1.– La mujer encinta no solo no deberá presenciar el eclipse. Deberá esconderse durante el mismo en un sitio donde no le llegue
la luz de la luna o del Sol.
2.– Se atará la cabeza y la cintura con una cinta roja.
3.– Se colgará una llavero con cinta roja de tal manera que las llaves le toquen el vientre.
4.– Vestirá ropa interior roja si el eclipse es de luna o amarilla si es de Sol.
5.– Comerá durante el evento generosas raciones de jitomate, cebolla y chile.
6.– Tocará una campana o un silbato para espantar al eclipse.
7.– Correrá sobre una pierna en torno a la mesa del comedor cuando el eclipse esté en su punto máximo.
8.– Saldrá corriendo a la calle durante el eclipse, totalmente desnuda.
Los eclipses, se dice, tienen predilección por los labios aunque “se comen” otras partes del cuerpo. Una madre que no siga las
recomendaciones citadas correrá el riesgo de que a su bebé le falte un bracito o dedos de manos y pies. La “mollera tierna” se
adjudica también a las jugarretas astrales.
Para una mujer de la Costa Chica siempre es mejor correr el riesgo de tener un niño malformado que no tenerlo. Las estériles ,
las “señoritas viejas”, las “quedadas” tienen, según la conseja allá, un destino nada agradable: ¡amamantar víboras! Como lo oye,
reafirma una comadrona de la región: “Dar chichi a las culebras por todas la eternidad”.
Los efectos de los eclipses alcanzan también a los animales. Se ponen nerviosos y en los de Sol creen que ha llegado la noche
real. Una vaca cargada deberá arroparse con una manta colorada o de lo contrario se correrá el riesgo de que su becerro sea
luego portada de revistas como Alarma y otras publicaciones amarillentas.

Sahagún

Fray Bernardino de Sahagún se refiere al asunto en su Historia general de las cosas de la Nueva España. “También decían que si la
mujer preñada miraba al Sol o a la luna cuando eclipsaban, la criatura que tenía en el vientre nacería mellados los bezos, por esto
las preñadas no osaban mirar el eclipse, y para que esto no aconteciese, si mirase el eclipse poníanse una navajuela de piedra
negra en el seno, que tocase la carne”.
Además de neques y eclisados, a quienes padecen la malformación se les llama tencua o tencuache, palabras de origen náhuatl
cuyo significado es “labio comido”. En Yucatán, Campeche y Tabasco se les dice chete o shete; cucho en el centro de la República;
tlanquecho en Veracruz; y boquinete, queco o quenque en Chiapas.
Expresiones todas ellas tan duras como las que tenía que soportar en la escuela un niño malformado. “Que el eclis chifle el
Himno Nacional”, que el “labio mocho” toque la flauta o un beso del cucho para la novia del estudiante. Crueles requisitorias ante
las cuales el muchacho prefería desertar sin terminar el curso.
Modernamente las cosas han cambiado radicalmente para los eclisados gracias a los programas sanitarios del Estado y de
instituciones privadas tanto nacionales como extranjeras. Y qué bueno que los haya aquí porque Guerrero es una zona endémica
de ese padecimiento de origen multifactorial.
Así lo expresa el doctor Jaime Jiménez Silva, director del Hospital General de Acapulco, luego de anunciar la segunda campaña
gratuita de cirugía de labio leporino y paladar hendido, en ese mismo nosocomio iniciada el lunes pasado y hasta mañana
viernes. Se operan entre 15 y 20 pacientes diarios para hacer un total de 80 cirugías durante la jornada.
El peso de las acciones recae sobre la Smile Network Internacional, una organización caritativa integrada por cirujanos plásticos,
anestesiólogos y enfermeras que recorren el mundo devolviendo la sonrisa a miles de niños.
A propósito, el equipo de nadadores mexicanos que batió record al cruzar recientemente el Canal de La Mancha, en Inglaterra,
anuncia que todos los beneficios obtenidos en ese evento serán destinados a la ejecución de tres mil cirugías del mismo tipo, lo
que debe agradecerse y aplaudirse.