EL-SUR

Jueves 26 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

Los gobernantes y las drogas

Héctor Manuel Popoca Boone

Abril 02, 2016

La primera noticia que tuve sobre las sustancias que alteran el funcionamiento normal de nuestras neuronas fue cuando estudiaba la historia prehispánica de México y Sudamérica. El peyote y los hongos alucinógenos, eran usados por la clase sacerdotal y la gobernante, durante el predominio de los aztecas. También se consumían para uso medicinal. Es decir, contaban con el visto bueno de las principales autoridades civiles y religiosas para su uso y consumo. El pueblo náhuatl pobre, bebía el neutle, mejor conocido como pulque, derivado del fermento del aguamiel del maguey. Tampoco había criminalización por su consumo. En América del Sur los incas masticaban la hoja de coca, principalmente la clase trabajadora, para paliar los efectos de la fatiga y el hambre.
La segunda noticia del uso y abuso del consumo de líquidos con propósitos de embrutecimiento tolerado por los gobernantes, fue con los “encomenderos” españoles, que explotaban en sus latifundios el trabajo del indígena semi-esclavizado. Los inducían a embrutecerse con ingentes cantidades de “aguardiente”, un destilado de la caña de azúcar.
Tuve conocimiento también de los hábitos de inhalación de la mariguana (para mitigar el hambre y conseguir aliviane para el combate), por parte las huestes campesinas, así como el consumo generalizado de vinos y aguardientes por parte del ejercito realista español, durante la guerra de la Independencia de México. El consumo generalizado de alcohol y mota lo volvemos a presenciar en las guerras de la Reforma y contra la invasión francesa, para insuflarse mayor valentía los mexicanos, mientras que los ejércitos europeos intervencionistas lo hacían con su vino de uva fermentada.
No se diga el auge de la mariguana en la época de la Revolución Mexicana de 1910. La consumían los ejércitos de ambos bandos, tanto federales como los del pueblo en armas. Hasta una canción se volvió popular entre la tropa: La Cucaracha (apodo de una combatiente revolucionaria que ya no tenía marihuana que fumar, para seguir caminando y peleando al lado de su Juan). Los gobernantes eran muy tolerantes, iban y venían, sin decir pío; les convenía tener tropas sin tensión y sin temor a la hora de guerrear.
Sorpresa grande me causó conocer sobre la Guerra del Opio, en la China imperial del siglo XIX. Donde el gobierno y pueblo chino se sublevaron contra el colonialismo inglés. La pérfida Albión y su realeza gobernante, introdujeron y fomentaron el consumo del opio, que llevaban de Turquía y la India, con fines de comercio altamente lucrativo y de embrutecimiento del pueblo chino.
Otro caso relevante sobre el tema fue la prohibición gubernamental de la producción y consumo de bebidas etílicas en Estados Unidos, hecho que propició el crecimiento exponencial de las grandes mafias, la delincuencia y las violencias en las principales ciudades, principalmente en Chicago y Nueva York, donde ejercían su reinado a partir de las impunidades ofrecidas por la corrupción de los gobernantes y jefes policíacos. La criminalidad gansteril menguó cuando se legalizó el consumo de las bebidas alcohólicas.
No es posible dejar de mencionar la tolerancia de los gobiernos de Estados Unidos al consumo de drogas en su propio ejército, a la par de sus promociones para el sembradío ampliado de la amapola y la mariguana en México. Fue en la Segunda Guerra Mundial. Nuestro país se convirtió en uno de los proveedores principales de la goma de amapola, para la elaboración de morfina, como fuerte sedante farmacéutico para dolorosas heridas de combate. (Continuará).
PD. El comentario del gobernador, Héctor Astudillo, y la iniciativa legislativa del diputado local, Ricardo Mejía, del Movimiento Ciudadano, en el sentido de analizar seriamente la legalización de la producción regulada de la amapola con fines farmacéuticos, están encauzadas en no seguir con la política gubernamental del avestruz y entrarle a fondo a la solución de un problema que ha costado muchas vidas, sangre, inseguridad pública, sufrimiento social, estancamiento económico y presencia de la narco política en nuestro país, y en Guerrero en particular.