EL-SUR

Sábado 03 de Diciembre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Los obstinados y el tambor del alba

Saúl Escobar Toledo

Julio 20, 2016

Hace 40 años, en las primeras horas del 16 de julio de 1976, el Ejército tomaba las instalaciones de la Compañía Federal de Electricidad y del INEN (Instituto Nacional de Energía Nuclear) donde laboraban los trabajadores afiliados a la Tendencia Democrática del Sindicato Único de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana (TD-SUTERM) para impedir el estallamiento de una huelga acordada por el Consejo Nacional de esa agrupación obrera. El paro de labores había sido una medida extrema que se tomó después de más de cinco años de una lucha constante por conseguir el reconocimiento de una dirección legítima para el gremio electricista.
El conflicto se había originado años antes. En 1960, el presidente Adolfo López Mateos había decretado la nacionalización de la industria eléctrica, poniendo fin a la operación de las últimas compañías extranjeras que prestaban el servicio en el país. Así nació el STERM (Sindicato de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana). Pero no era el único. Otros dos sindicatos importantes también afiliaban a un número considerable de electricistas: el SME (Sindicato Mexicano de Electricistas) y el Sindicato Nacional de Electricistas, afiliado a la CTM. Entre este último y los dos primeros, había una diferencia muy importante. El Nacional era un sindicato charro, sin democracia interna y con una directiva completamente doblegada a los intereses del gobierno. Por su parte, el STERM y el SME, mantenían un margen de democracia mucho más amplia y una vida interna más intensa. Había voces disidentes del gobierno que se proponían una reestructuración de la industria eléctrica bajo una perspectiva nacionalista y menos plagada de corrupción. Una de esas voces era la del secretario general del STERM, Rafael Galván. No fue extraño entonces que el sindicato afiliado a la CTM, el Nacional, comenzara muy pronto una violenta campaña para tratar de hacerse del contrato colectivo de la industria eléctrica, excluyendo a los otros dos sindicatos. El problema hizo crisis en 1971 cuando pistoleros de este sindicato agredieron a los del STERM. Encabezados por Galván, los trabajadores democráticos desataron una gran movilización nacional para defender a su organización. En más de cuarenta ciudades del país se llevaron a cabo diversos actos de protesta. Al año siguiente, el gobierno convocó a un Pacto de Unidad entre el STERM y el Nacional que dio lugar al SUTERM (Sindicato único de Trabajadores Electricistas de la República Mexicana). Pero la unidad duró poco tiempo pues traicionando el Pacto, los dirigentes del Nacional decidieron expulsar en 1975 a todos los representantes del antiguo STERM incluyendo a Galván. Los electricistas democráticos volvieron otra vez a las calles y formaron la Tendencia Democrática del SUTERM. El gobierno decidió combatirlos y reprimirlos y dar todo su apoyo y reconocimiento a la dirección espuria del Nacional. Acosados por una violencia cada vez mayor, la Tendencia Democrática decidió la huelga.
A pesar de que la resistencia siguió varios meses, miles de trabajadores fueron despedidos, otros jubilados por la fuerza y el movimiento fue liquidado.
La lucha del STERM y de la Tendencia Democrática tuvo una gran importancia histórica. Junto a los electricistas, la década de los 1970 atestiguó un incremento significativo de los conflictos obreros, dando lugar a lo que se conoció como el período de la insurgencia sindical. Cientos de organizaciones y miles de trabajadores se levantaron por la democracia y la independencia de sus sindicatos y por nuevas conquistas para la clase obrera.
La insurgencia sindical abarcó a muy distintos gremios: electricistas, ferrocarrileros, mineros-metalúrgicos, textiles, automotriz, universitarios, telefonistas, de la construcción, de la industria farmacéutica, del calzado, refresquera, etc. Abarcaron casi toda la geografía del país. Incluyeron a empresas de la pequeña y mediana industria, pero también a los grandes establecimientos y conglomerados de la industria privada y de la administración pública. Dieron lugar, también, al surgimiento de nuevas tendencias sindicales y formas de organización obrera. Junto a otros sectores populares y campesinos, surgieron frentes amplios de luchas regionales y nacionales. En 1975 se creó el Frente Nacional de Acción Popular (FNAP).
De esas batallas, no todos los sindicatos independientes fueron liquidados. El Sindicato de Trabajadores Telefonistas de la República Mexicana (STRM) logró consolidar una dirección democrática en 1976. Los trabajadores de la industria nuclear también lograron consolidar su sindicato, el SUTIN, a pesar de haber pertenecido a la Tendencia Democrática. Luego, los trabajadores universitarios se fueron a la huelga en 1977 y fueron reprimidos, pero lograron crear el STUNAM y el reconocimiento y la firma de su contrato colectivo. Y, de manera significativa, a finales de esa década, otra fuerza resurgió en el panorama sindical para ya no abandonarlo: el movimiento magisterial.
En 1979, la protesta de los maestros se inició en Chiapas y unos meses después se unieron los maestros de Oaxaca, Guerrero, Hidalgo y del Valle de México y las secciones del Distrito Federal. A partir de entonces, el movimiento magisterial agrupado en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la educación (CNTE) se convertiría en un protagonista destacado de los movimientos de resistencia y protesta contra el neoliberalismo y por la democracia sindical.
La Tendencia Democrática también tiene un lugar destacado en la historia por sus aportaciones programáticas. En abril de 1975 dio a conocer un amplio programa de transformaciones políticas, sociales y económicas del país. El documento, conocido como la Declaración de Guadalajara, es un documento de gran importancia que, de alguna manera, puede considerarse como el antecedente político y programático de otra tendencia democrática, la que encabezó Cuauhtémoc Cárdenas en 1988.
Para rescatar la memoria de esas jornadas, el sábado 16 de julio pasado, un amplio grupo de trabajadores, convocados por el SUTIN y el Instituto de Estudios Obreros Rafael Galván, entre los cuales estuvieron algunos dirigentes y activistas sindicales que vivieron aquellas jornadas, se reunieron precisamente en la que fue la sede principal del STERM y de la Tendencia, y centro principal de apoyo de la insurgencia sindical de los setentas, hoy Casa de la Cultura Galván administrada por la UAM.
En dicho evento, se recordó que la lucha de la TD del SUTERM abrió muchos caminos. No fue sólo un antecedente histórico de movimientos y organizaciones como la CNTE o la UNT, o de otros esfuerzos políticos por la democracia en México. Fue también una ruptura ideológica y política de una parte importante del movimiento obrero mexicano con el Estado. A partir de entonces la independencia y la democracia sindical se convirtieron en sus bases programáticas.
En un Manifiesto publicado por la Tendencia Democrática y redactado por Galván en 1976, recogido en un libro coordinado por Raúl Trejo donde se compendian varios textos del dirigente electricista, se encuentra este párrafo:
“De la experiencia adquirida y de la profunda convicción programática derivan nuestra energía, nuestra tenacidad, nuestro coraje, nuestra profunda fe en la victoria final del proletariado… aunque lo que hoy se llama tendencia democrática de los trabajadores electricistas tengan que pagar en nuestra tierra, en México, el precio que suele cobrarse a quienes se obstinan en batir el tambor del alba cuando la noche aún no se retira”.
Estas mismas palabras podrían ser pronunciadas hoy por el movimiento magisterial y muchas otras luchas de resistencia popular que se dan en toda la geografía mexicana. No sabemos qué tan largo será todavía este periodo de tinieblas, pero esos trabajadores siguen siendo obstinados, enérgicos y corajudos para lograr un país más justo y más democrático.

Twitter: #saulescoba