Héctor Manuel Popoca Boone
Octubre 18, 2025
La verdad siempre será revolucionaria*.
(Y quienes la pregonan, tienen aptitudes para ser revolucionarios).
Todo dirigente político-pensante debe darle la importancia que se merece a la cuestión cultural, pero siempre enmarcada tomando en cuenta las contradicciones que se dan en el seno de las clases sociales. Nuestro tiempo es de lucha prolongada contra la cultura capitalista del dinero por el dinero mismo y del consumismo desaforado y sumiso que, en última instancia, otorga poder y su uso violento sobre las demás clases subordinadas. La batalla por el fortalecimiento de la educación, cultura, e ideología de la liberación social se presenta en muchos frentes de lucha.
En el campo de la política una buena concepción teórica debe de emanar de la práctica cotidiana. La especificidad de la realidad moldea la lucha social y marca la pauta de la conducción social, por eso la importancia de conocerla mediante el análisis concreto de su situación concreta (Lenin, dixit). Lo cultural y lo ideológico-político es un aspecto de la mayor importancia ahí donde el desarrollo del capitalismo es de larga data y el desenvolvimiento de la sociedad subyugada lo dictan las múltiples y variadas modalidades que sirven para perpetuar la dominación de un determinado grupo social sobre todos los demás.
La apuesta político-intelectual es cambiar la forma de pensar de los habitantes y construir una nueva mentalidad humana, un nuevo chip mental, para que la profunda transformación social que se proponga no sea tan solo una moda pasajera, coyuntural o perversamente concebida, bajo la consigna de que “todo cambie para que nada cambie”, (Lampedusa, dixit). En otras palabras “Transformar para que nada se transforme”.
Por eso hay que fomentar el hábito del pensar en forma consciente y reflexionada junto con las masas, para que el pueblo decida el momento de poner en marcha las iniciativas y acciones trascendentales propias para su reivindicación social permanente y continua en el tiempo.
Antonio Gramsci** tenía el afán de disminuir significativamente la separación de los grupos de intelectuales que suelen “saber” pero no “comprender” ni mucho menos “sentir” y la existencia de un gran conglomerado popular doblegado que “siente” pero que no “comprende” pero sufre. Que debería haber un estrecho y permanente contacto entre los estratos superiores de los dirigentes intelectuales y los segmentos sencillos y humildes de las masas ciudadanas para la constitución de un nuevo basamento de intelectualidad que les dé organicidad a las auténticas causas nobles de los pueblos y superar el actual divorcio existente. El “intelectual orgánico” contemporáneo es el que muestra adherencia a la estructura gobernante imperante y no adherente a las ideas en favor de los intereses del pueblo.
El logro de darles cuerpo y coherencia a las ideas emancipadoras del pueblo desposeído es una condición indispensable para aspirar a una transformación revolucionaria construyendo consensos sociales que se expresen y actúen a partir de una renovación intelectual, moral e ideológica y en la generación de “una nueva voluntad colectiva-nacional-popular”. Tarea difícil, amplia y de mediano plazo; sobre todo, en una sociedad civil muy densa, poblada de organizaciones complejas y un devenir histórico que gravita sobre múltiples variantes de la cultura en que está inmersa la sociedad y el trabajo intelectual cotidiano como lo son los conocimientos científico-tecnológicos-cibernéticos, los financieros, los nuevos medios y redes de comunicación masiva, y las nuevas hegemonías e imperialismos mundiales de nuevo cuño.
Buena parte de los partidos, organizaciones gremiales y civiles han dejado de ser agentes conscientes del anhelo ciudadano aun cuando quieren ser sus tutores y sustituir el activismo propio de los protagonistas del cambio social. Ahora la clase política y sus intelectuales militantes pretenden sustraer la estructura del Estado y sus gobiernos subalternos del consenso democrático de los consensos de los gobernados. Moldean un espíritu “quietista y conformista” con el estado actual de la convivencia cotidiana: “Lo que diga el pueblo, …pero a través de nosotros”.
La falta de capacidad de analizar cabalmente la realidad en sus múltiples determinaciones, sumada la carencia de voluntad de una mayoría de la sociedad que pretende transformarse, es una de las causas de las derrotas tenidas por el movimiento político reivindicatorio de muchos de los pueblos del orbe.
La determinación de lanzar directamente a las masas al asalto revolucionario del poder se complica por todas las superestructuras político-culturales creadas por el superior desarrollo de la ideología del capitalismo en sus diversas facetas a lo largo del tiempo. Eso hace más lenta y tortuosa, pero a la vez prudente y sensata la acción y movilización de la ciudadanía consciente; y exige al partido o grupos políticos que desean representarla toda una estrategia y una táctica mucho más profundas y de mayor aliento que en épocas pasadas de cambios revolucionarios inusitados y de fuerte ruptura social.
* A. Gramsci, Rosa Luxemburgo, Roman Rolland, et al.
** Recomiendo la lectura del libro: Leer Gramsci. Vida y pensamiento. (Daniel Campione. Editorial Continente).