EL-SUR

Sábado 20 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Los residuos plásticos en nosotros

Octavio Klimek Alcaraz

Mayo 17, 2025

Los microplásticos son partículas de plástico con un diámetro inferior a 5 milímetros.
De particular preocupación son los plásticos más pequeños que se inhalan e ingieren. Las partículas de menos de 1 micrómetro de diámetro se han ganado el nombre de nanoplásticos. Dependiendo de la vía de ingestión, algunos datos sugieren que muchas partículas de mayor tamaño pasan por el sistema digestivo y se excretan. Sin embargo, los nanoplásticos podrían ser absorbidos por las células, donde el cuerpo no cuenta con mecanismos establecidos para digerirlos o expulsarlos.
Todas estas partículas se originan a partir de pequeños gránulos de plástico producidos para fines específicos, así como de la degradación, la intemperie y la fragmentación de productos plásticos más grandes en el medio ambiente.
La investigación en micro y nanoplásticos, (en adelante se utiliza solo el termino microplásticos) es relativamente reciente. El término microplásticos se acuñó hace 20 años, pero sólo en los últimos 10 años los investigadores han pasado del estudio de las partículas en el medio ambiente y los animales a la evaluación de sus efectos en la salud humana.
El aumento de las concentraciones mundiales de microplásticos ambientales genera preocupación por la exposición humana y los resultados para la salud. El mundo está ávido de datos: por ejemplo, los consumidores alemanes clasificaron los microplásticos en los alimentos como su principal preocupación para la salud ambiental en 2023 (<Survey ranks top concerns of German consumers | Food Safety News>).
Un equipo de investigadores encabezados por el Dr. Mateo J. Campen de la Universidad de Nuevo México, publicó el pasado 3 de febrero en la prestigiada revista Nature Medicine un artículo sobre la Bioacumulación de microplásticos en cerebros humanos fallecidos. Sus resultados son desalentadores: a medida que la cantidad de plásticos creados ha aumentado drásticamente, también lo ha hecho la concentración de microplásticos en el cerebro, el hígado y los riñones. Los microplásticos en estos órganos consisten principalmente en polietileno, con concentraciones menores pero significativas de otros polímeros. Los tejidos cerebrales albergan proporciones más altas de polietileno en comparación con la composición de los plásticos en el hígado o el riñón, y la microscopía electrónica verificó la naturaleza de los microplásticos cerebrales aislados, que se presentan en gran medida como fragmentos a nanoescala. Las concentraciones de plástico en estos tejidos fallecidos no se vieron influidas por la edad, el sexo, la raza/etnia o la causa de la muerte; el momento de la muerte (2016 frente a 2024) fue un factor significativo, con un aumento de las concentraciones de microplásticos a lo largo del tiempo tanto en muestras de hígado como de cerebro. En promedio, los niveles de microplásticos fueron aproximadamente un 50 por ciento más altos en las muestras de cerebro de 2024 que en las de 2016. Además, las muestras de cerebro contenían hasta 30 veces más microplásticos que las muestras de hígado y riñones de una persona. Por último, se observó una acumulación aún mayor de microplásticos en una cohorte de cerebros fallecidos con diagnóstico de demencia documentado, con notable depósito en las paredes cerebrovasculares y las células inmunitarias. Estos resultados ponen de manifiesto la necesidad crítica de comprender mejor las rutas de exposición, las vías de absorción y eliminación, así como las posibles consecuencias para la salud de los plásticos en los tejidos humanos, especialmente en el cerebro (<https: //www.nature.com/articles/ s41591-024-03453-1>).
Se han encontrado microplásticos prácticamente en todas partes donde los científicos han buscado: en islas remotas, en la nieve fresca de la Antártida, en el fondo de la Fosa de las Marianas en el Pacífico occidental, en los alimentos, en el agua y en el aire que respiramos (<https://www.nature.com/articles/d41586-021-01143-3>). La contaminación por microplásticos es particularmente notable en los océanos, donde organismos marinos como peces, mariscos y plancton los ingieren, introduciéndolos así en la cadena alimentaria humana. Científicos como Campen y colaboradores los están encontrando diseminados por todo el cuerpo humano.
Sin embargo, la detección es sólo el primer paso. Determinar con precisión qué hacen estos plásticos en las personas y si son dañinos ha sido mucho más difícil. Esto se debe a que no existe un único “microplástico”. Vienen en una amplia variedad de tamaños, formas y composiciones químicas, cada una de las cuales podría afectar a las células y los tejidos de forma diferente.
Otro estudio publicado el pasado 22 de enero podría ofrecer pistas sobre cómo se acumulan las partículas. Investigadores alimentaron a ratones con agua contaminada con microplásticos y rastrearon el movimiento de las partículas a través de sus cuerpos. Descubrieron que los microplásticos en el torrente sanguíneo pueden inducir trombosis cerebral al causar obstrucción celular y provocar anomalías neuroconductuales (<https://www.science.org/doi/ 10.1126/sciadv.adr8243>).
Sin embargo, todavía no hay evidencia de que los microplásticos tengan un impacto negativo directo en la salud humana, aunque los datos sugieren una conexión. Como mostró, por ejemplo, un estudio de marzo de 2024, los pacientes con placa de la arteria carótida en los que se detectaron micropláticos tenían un mayor riesgo de infarto de miocardio, accidente cerebrovascular o muerte por cualquier causa a los 34 meses de seguimiento que aquellos en los que no se detectaron microplásticos. Sin embargo, los autores del estudio reconocen que la presencia de plástico puede correlacionarse con otros factores que afectan la salud. Entre ellos se incluyen, por ejemplo, la dieta o el estatus socioeconómico (<https://www.nejm.org/doi/10.1056/NEJMoa2309822>).
Debido a la falta de datos e incertidumbres, es difícil para los expertos comunicar los riesgos potenciales al público y a los responsables políticos. Se trata de un problema bien conocido: los científicos llevan mucho tiempo intentando elaborar recomendaciones sobre cuestiones como la contaminación del aire o el tabaquismo basándose en datos incompletos.
Desde la década de 1950 conforme al programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente se han generado 9 mil 200 millones de toneladas de plástico, de las cuales 7 mil millones de toneladas se han convertido en desechos, que abarrotan los tiraderos de basura y contaminan lagos, ríos, suelos y océanos. Se estima que cada año, entre 4.8 y 12.7 millones de toneladas de plástico llegan a nuestros océanos y mares en todo el mundo. Según los resultados de un estudio de la OCDE, la cantidad de residuos plásticos producidos en todo el mundo se triplicará aproximadamente para 2060 si nada cambia. La producción de plásticos se basa principalmente en el petróleo, aunque también se utilizan una serie de aditivos químicos tóxicos, dependiendo de la aplicación.
Incluso si toda la producción de plástico se detuviera de la noche a la mañana, los plásticos ya presentes en los vertederos y el medio seguirían descomponiéndose en microplásticos indefinidamente. Lo razonable es limitar la cantidad de su producción antes de que se multiplique más.
Recuérdese, que las negociaciones para un tratado global que podría limitar la producción de plásticos están en marcha (ver artículos de El Sur del 24 de junio del 2023 y del 27 de abril del 2024). El año 2025 podría ser crucial para la política mundial sobre plásticos. Los delegados planean reunirse nuevamente este año.
Este es un asunto crucial. Pensemos, que la concentración de plástico en nuestro cerebro aumentará un porcentaje seguramente antes de que resolvamos la contaminación plástica. Esto es de miedo.