EL-SUR

Martes 07 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Los retos de Graue

Humberto Musacchio

Noviembre 21, 2019

 

Enrique Graue fue reelegido para continuar cuatro años más al frente de la Universidad Nacional Autónoma de México. De este modo, la rectoría de la casa de estudios seguirá en manos masculinas, como sucede desde 1553, pues hasta ahora la misoginia ha impedido la existencia de una rectora, pese a candidaturas tan relevantes como fueron las de Annie Pardo o Rosaura Ruiz.
En pro de la igualdad de género, algo tendrá qué hacer el Consejo Universitario con Graue a la cabeza, entre otras cosas modificar la legislación para que las mujeres tengan las mismas oportunidades que los hombres para ocupar la rectoría o la dirección de facultades, escuelas e institutos, pues resulta no sólo injusto, sino desfasado históricamente el desfile de varones por tales cargos en una casa de estudios con más alumnas que alumnos, pese a lo cual la misoginia llega a extremos criminales.
Otro asunto pendiente es la profesionalización de la planta magisterial de la UNAM, donde más de 80 por ciento del personal docente pertenece a la categoría de profesores “por horas”, mientras que sólo gozan de tiempo completo e inamovilidad entre 11 y 15 por ciento de quienes dan clases.
La profesionalización del profesorado resulta indispensable para remontar el evidente deterioro del nivel académico, la simulación que se observa en muchos exámenes profesionales y la corrupción que propician los bajos ingresos y que se refleja en calificaciones a cambio de dinero o favores sexuales y otros problemas no menores.
Pero no se logrará elevar el nivel académico mientras continúe ampliándose la matrícula. No se sirve mejor a México dando cabida a un número cada vez mayor de estudiantes condenados a una mala formación en grupos multitudinarios, con profesores mal pagados y peor preparados, con planes de estudio anclados en un tradicionalismo estéril, al margen de las necesidades que tiene el país de profesionales aptos en nuevas disciplinas y de un abanico de especialización cada vez más amplio.
La UNAM, lleva en su nombre palabra “Nacional” no porque esté o deba estar físicamente en todo en el país, sino porque ha de ser la nave insignia de la educación superior mexicana. Sin embargo, en las últimas décadas esta casa de estudios ha abierto instalaciones en diversas ciudades del país, incluso en no pocas que cuentan con varias instituciones de educación superior, lo que representa una absurda duplicación de esfuerzos y recursos.
La investigación requiere también una fuerte sacudida. Los universitarios tendrán que analizar si el reclutamiento de personal en esta área es el idóneo, si se cuenta con los elementos materiales necesarios en cada centro o instituto y si la productividad y la calidad son satisfactorias. No falta talento, sino organización, reglas claras e ingresos decentes, pero ya no mediante el Sistema Nacional de Investigadores, que presiona en favor de la mediocridad y la producción masiva de refritos, cuando no descarados plagios.
Durante una visita a la Universidad de Tel Aviv, el autor de este artículo, en un despliegue de ingenuidad, le preguntó al decano qué porcentaje de profesores y cuál de investigadores había en la planta académica. La respuesta contundente fue: “el conocimiento viejo está en las bibliotecas”. Esto es, todo profesor debe investigar y todo investigador está obligado a trabajar frente a grupos de alumnos. En la UNAM las dos actividades académicas están divorciadas y cada vez más lejos una de otra.
Remover lastres, enderezar equívocos y subsanar errores no son tareas fáciles. Por supuesto, en toda gran comunidad hay grupos que defienden sus intereses, no siempre acordes con el interés general. Eliminar todo aquello que representa atraso o estancamiento no es fácil, pero un rector que entra en su segundo periodo lo puede intentar exitosamente, puede hacerlo si actúa con el apoyo del gobierno federal y local y la fuerza de la comunidad universitaria para desocupar, por principio de cuentas, el auditorio Justo Sierra/Che Guevara y con la ley en la mano presiona a las autoridades para que revelen quién está detrás de los fascistas enmascarados que dañan el patrimonio universitario, agreden a profesores y alumnos y destruyen librerías. El rector Enrique Graue tiene la palabra.