EL-SUR

Jueves 13 de Mayo de 2021

Guerrero, México

Opinión

Alcaldes de Acapulco (XXXIV)

Los siglos de Acapulco (II)

Anituy Rebolledo Ayerdi

Abril 21, 2016

Icacos

Los acapulqueños se significan durante una colecta para el mejoramiento de la Catedral Metropolitana. Logran reunir 38 pesos con 6 tomines y 11 granos. Habrá, sin embargo, quienes no aporten ni un grano siquiera. Son ellos los habitantes del rancho de La Sabana Grande, a quienes no les falta razón si es cierto lo que dice el cura de Coyuca: “¡son gente sin Dios!”.
La angustiante revelación es trasmitida al virrey Gaspar de la Cerda Sandoval Silva y Mendoza, conde de Gálvez (1688-1696), con una sugerencia del propio prelado. La de instruir al castellano de Acapulco sobre la erección de una capilla en aquella comunidad salvaje y atea. ¡Ave María purísima!
El castellano Miguel Gallo acepta de buen grado la orden del virrey y para poder cumplirla ordena una investigación en el sitio. Pronto tendrá en sus manos el resultado: el medio centenar de indios, mulatos y negros que habitan aquel rancho no saben quién es Dios. No obstante están dispuestos a levantar una capillita en Las Plazuelas, pero no falta el pero.
–“Sí crer Diosito, sí capillita, sí… pero primero tierritas para sembrar maicito y frijolito… ¿sí?
¡No, pos no! Aquellas tierras pertenecen al conde Santiago quien no estaría dispuesto a deshacerse ni de un puñito, siquiera, se responde Gallo a sí mismo. Y no lo piensa dos veces, en un arranque muy de su temperamento ordena a los sabaneños: ¡“junten su chivas y vámonos todos para Acapulco!”.
Una vez en el puerto, al frente de aquel grupo de “gente de todos colores”, don Miguel no encuentra dónde acomodarlos. Un lugar lo más alejado posible de la ciudad, se entiende, para no incomodar a la “gente decente”. Se acuerda entonces de un terreno lejano al noreste de la bahía. Ese que fue huerto de icacos propiedad de don Luis de Velasco hijo, el dos veces virrey de la Nueva España (1595-1611). Y hasta allá los lleva a reserva, claro, de que el virrey legalice la ocupación. Y este lo hace pronto:
“Ordeno mediante este despacho que el Castellano de Acapulco execute las ordenes para que los yndios del Paraxe de Savana Grande, distante de aquella cabecera nuebe leguas, pasen a vivir al de Ycacos. Grande numero de jente de todos colores negros mulatos e yndios que viben olvidados de la Ley de Dios y sin administración eclesiástica.
Se les promete a todos ellos que se les relevará de la paga de todo tributo por tiempo de Dies años desde el día en que comiencen a poblar y fabricar sus casas. Tres de julio de mil seiscientos noventa y un años. El Conde de Galvez”. (Extracto del despacho original tomado de Historia de Acapulco, del cronista José Manuel López Victoria).

Grandeza mexicana

México- Acapulco
En ti se junta España con China
Italia con Japón, y finalmente
un mundo entero en trato y disciplina.

De España lo mejor, de Filipinas
la nata, de Macón lo más precioso, de ambas Javas riquezas peregrinas;
La fina loza de Sanglay medroso,
las ricas martas de los scitios Caspes del Troglodita el cinismo oloroso;

Ámbar de Malabar, perlas de Idaspes, drogas de Egipto, de Pancaya olores, de Persia alfombras , y de Estolia jaspes

De la gran China sedas de colores, piedra bezar de los incultos Andes, de Roma estampas, de Milán primores.
Grandeza Mexicana (1603) extracto del poema del clérigo y poeta español Bernardo de Balbuena (1562- 1627), considerado el primero genuinamente mexicano. Sin duda, la obra más importante del autor.

William Dampier

Llamado el “pirata científico” por dominar la cartografía, la botánica y la astronomía, William Dampier estuvo frente a Acapulco con sus amenazadoras naves Saint George y Cinque Ports. Una y otra vez pero sin penetrar jamás a sus aguas y mucho menos cañonear la ciudad. Se justificaba:
“Porque no me canso de admirar la forma perfecta del su vaso, su profundidad poco común y el conjunto armonioso con sus montañas”. En una palabra: le fascinaba aquel hermoso capricho de la naturaleza como para bombardearlo. Él, como todos sus colegas durante siglos, llegará hasta aquí solo en pos de la plata contenida en la panza de los galeones de Manila. Quizás por agua o comida.
El francés Dampier, autor de Nuevo viaje alrededor del mundo (1697), será sujeto indirecto de dos hechos notables de la piratería universal. Abandona a uno de sus hombres en el archipiélago Fernández, (a 674 kilómetros de Chile), por pretender aquél “robarle los huevos al águila”. Se trataba del escocés Alexander Silkirk quien, a su regreso a tierra firme, luego de cuatro años de total aislamiento, venderá su relato al novelista Daniel Defoe. La prodigiosa imaginación del autor inglés lo convertirá en Las Aventuras de Robinson Crusoe.
Otro pirata de Dampier alcanzará la celebridad por motivos similares. Se llamaba John Clipperton y también fue abandonado en una isla desierta por encabezar un motín en el Saint George. Tan pronto es rescatado, el hombre adquiere su propia “patente de corso” con derecho a depredar en el Pacífico. Un día arriba a un atolón para esconder un botín y se le ocurre bautizarlo con su nombre: Clipperton.
Mucho más tarde, la isla del pirata Clipperton, a mil 200 kilómetros de Acapulco, será reclamada como suelo mexicano pero vendrá Francia para agandallársela con el apoyo de Italia. Acapulco jugará un papel muy importante en el drama que pondrá fin a la ocupación mexicana en la llamada “Isla de la Pasión”.

Belleza salvaje

Una confesión contemporánea sobre Acapulco, la del ingeniero Vito Alessio Robles, en su libro Acapulco en la Historia y en la Leyenda:
“He viajado mucho. He recorrido una buena porción del mundo, pero solamente hasta el año de 1928 me fue dable conocer a Acapulco. Y la realidad superó a mis ilusiones. La fantástica belleza salvaje de la bahía de Acapulco y de las graníticas montañas que la circundan es insuperable”.
“Quedé invitado a regresar y he vuelto al histórico puerto otras cuarto veces más y continuaré mis visitan siempre que pueda. Allí el espíritu se siente tonificado y parece que el organismo experimenta una vigorosa renovación.
“Las bellezas naturales de Acapulco compensan con amplitud las molestias –que en realidad no lo son–, y los gastos de un viaje; pero estas bellezas se amplifican y se magnifican cuando ellas puedan hablar a los ojos del espíritu. Cuando se conoce, aun cuando sea someramente, la historia de un lugar, las piedras hablan y el espíritu se enciende”.
(Vito Alessio Robles (1879-1957). Coahuilense, jefe militar revolucionario, ingeniero, político, escritor, historiador, periodista, diplomático y académico).

La más hermosa

“La bahía de Acapulco es considerada como la más hermosa de Centroamérica y México y, por su tamaño, una de las mejores del mundo. Su fondo es de arena sobre arcilla y proporciona, por tanto, un buen agarradero para las anclas”
Revista Guía del Piloto, México Centroamérica

Toda la vida

“Si pudiera me pasaría toda la vida contemplando tanta belleza”.
Jacques Mornard, el alias francés de Ramón Mercader del Río, asesino de León Trotsky, el coco de Stalin.
El hispano estuvo en Acapulco en julio de 1940, pocos días antes del magnicidio que conmovió al mundo. Vino acompañado por la guapa neoyorkina Silvia Ageloff Maslow, una fervorosa militante trotkista que hacía las veces de secretaria del creador del Ejército Rojo. La seducción al servicio de la causa comunista, pues.

El piolet

El juez Raúl Carrancá y Trujillo pregunta a Mercader durante el juicio:
–¿Por qué Silvia Ageloff ha dicho que usted compró el piolet en Acapulco?
–¡Mentira! –responde enérgico el acusado. Lo adquirí en Suiza antes de venir a México. Lo que compré en el mercado de Acapulco fue un machete de Azoyú, según lo ofrecía el vendedor, mismo que envié enseguida a Nueva York. El puñal, ya lo dije, en el de la Lagunilla.
Carrancá y Trujillo se refería al piolet como el arma homicida: “Especie de pico de mango corto, que se utiliza en el alpinismo” (Diccionario de la Real) o “hacha con punta”. (Mercader la había descargado sobre el cráneo de Trostky mientras, frente a su escritorio, leía un documento).

¿Veinte años no es nada?

Ramón Mercader del Río cumplió su sentencia de 20 años en la penitenciaria de Lecumberri. Pudo haber escapado cuando llevaba recluido apenas cuatro años. Se pondrá entonces en marcha una operación para rescatarlo y llevarlo a Moscú, ordenada por el propio Stalin y a cargo de Laurenti Beria, director de la NKVD. Todo se vendrá abajo cuando llegue a México la madre del reo, Caridad del Río, con su propio plan de fuga. Enterado el gobierno mexicano reforzará las medidas de seguridad en Lecumberri e incluso confinará al reo a una celda aislada vigilado por elementos del ejército y no por el personal carcelario.
El asesino de Trostky, con fama de galán irresistible, seguirá seduciendo entre rejas a guapas mujeres. Dos de ellas: la célebre cupletista y actriz de cine Sara Montiel y la cubana Roquelia Mendoza, procreando una hija con alguna de las dos (¿?). Libre, Ramón Mercader viajará primero a Cuba y más tarde a Moscú. Aquí recibirá la ciudadanía y será declarado Héroe de la URSS, haciéndose merecedor de la Orden de Lenin. Muere en Cuba en 1978.

La Quebrada

¡Puesta de sol suntuosa! ¡Llamarada
de oro y fuego, de ónix y topacio,
que simula de hadas gran palacio
de milagrosa y espléndida fachada

De pronto el sol se oculta, y la irisada
franja que deja ardiendo en el espacio,
sobre el mar, va extinguiéndose despacio,
y, ya en la noche, aun fulge en La Quebrada

Con el alma hondamente conmovida
ante esta inmensidad, y a los rumores
de las olas, en éxtasis mecida
la emoción, y olvidando sinsabores,
¡quien pudiera pasarse aquí la vida
de este excelso occidente a los fulgores
(Atenedoro Monroy, Puebla, Puebla (1867-1952), abogado y poeta. Catedrático de la Escuela Nacional de Jurisprudencia de México).

Soneto grandioso

“Este soneto grandioso merece se esculpa en una de las rocas de la misma Quebrada”
(Agustín Aragón y León, morelense, jefe de la escuela filosófica del Positivismo. Profesor de mecánica, cosmografía, matemáticas superiores, economía política, física experimental, meteorología, climatología y otras).