EL-SUR

Sábado 20 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Lucía Solla Sobral: una nueva formación

Adán Ramírez Serret

Mayo 15, 2026

Las novelas son, sí, antes que nada, entretenimiento. Placer y diversión para hacer la vida más amplia, con más dimensiones. No solamente una sola vida, una única vertiente y forma de ver el mundo sino casi tantas como hay libros. Lo cual no quiere decir que el placer no forma, que no construya sueños y dibuje formas de vivir la vida.
Ha habido muchísimas novelas que cambian a las personas, obras que después de leerlas son un parteaguas en su existencia. También hay historias que han cambiado generaciones, Las penas del joven Werther, de Goethe, por ejemplo, llevó a muchísimos jóvenes al suicidio, pues en la novela, el protagonista al no poder estar con su amada decide, en un acto fetichista, ponerse frente a un espejo y dispararse en la cabeza.
Las novelas, pues, marcan las vidas de generaciones, y en ese placer, en esa diversión se ejemplifican modelos de vida muy propensos a ser imitados para quienes leen. Así, durante buena parte de finales de los siglos XVIII y XIX se escribieron novelas para un nuevo grupo que ascendía cada vez más en la sociedad, el cual estaba compuesto en su totalidad por mujeres de una nueva clase, burguesas: no aristócratas y no campesinas; es decir, saben leer sin tener una alta formación. Para este nuevo grupo nació lo que hoy devoramos: la novela. Muchas de ellas sobre temas románticos, la gran mayoría aleccionaban sobre la forma de encontrar marido, casarse y tener hijos. Se crearon obras fundamentales, muchas veces moralinas, otras irónicas, pero todas crearon un camino que en muchos sentidos aún sigue la literatura.
Otro género importante de la novela, un poco más reciente, es la de formación, en la cual sobre todo un joven escritor/intelectual en ciernes atraviesa diferentes caminos tortuosos en camino de convertirse en aquel sueño casi imposible de convertirse en el gran poeta y escritor.
En el XIX casi siempre las mujeres terminaban muertas por su “exceso” de libertad sexual e intelectual. Con el paso de los años esto ha ido cambiando, pero no tanto como se pensaría. Por eso la más reciente y novela debut de Lucía Solla Sobral (Marín, 1989) ha sido un fenómeno de ventas en su natal España, en donde ya va en la vigésima edición, y poco a poco a ha ido conquistando más fronteras, dentro de las cuales México no es la excepción.
La novela tiene el afortunado y violento título Comerás flores. Las alusiones al matrimonio y a la belleza romántica explotan en ese ejercicio de fagocitarlas.
Cuenta la historia de una joven española de clase media, recién graduada y quien trae aún bastante atravesada la muerte de su padre. Dice en la primera página: “El día en que mi padre murió, hacía sol y yo tenía hambre”.
La protagonista vive esos primeros días de duelo la experiencia de tener un primer trabajo que, aunque no le encanta es lo que estudió; comparte el departamento con una amiga que además es quien le da el músculo para atreverse en todo lo que ella carece del impulso, de la fuerza o la personalidad para hacerlo.
También parte de su formación, desde luego, es emocional, sentimental, amorosa y erótica. El mundo ha cambiado para las mujeres así que no tiene ninguna prisa por encontrar al hombre de su vida, por enamorarse, casarse, vivir con él y tener hijos. Va por la vida sin ningún apuro, pero, por supuesto, es una novela y algo tenía que suceder: conoce a alguien. Un hombre guapo, rico y como ninguno antes le había gustado con quien tiene muchísimo en común salvo una diferencia: que él le lleva 20 años.
En un principio no plantea ningún problema, pero van sucediendo desacuerdos que prefiero no decir para no arruinar la trama. Sin embargo, la riqueza, la belleza de esta novela, consiste en plantear una nueva narrativa de ser mujer, de habitar el mundo sin que haya lecciones sino vida, mucha vida llena de placer, desencantos y flores.

Lucía Solla Sobral, Comerás flores, Barcelona, Libros del Asteroide, 2025. 244 páginas.