EL-SUR

Jueves 26 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

Lucradores políticos

Héctor Manuel Popoca Boone

Enero 20, 2007

 

Llámese lucradores políticos a aquellas personas que hacen uso y abuso de la política, para su beneficio económico personal o del grupo de interés al que pertenecen. Son los que no conciben hacer política sin corromper y a la vez corromperse.
Lamentablemente la política mexicana ha estado siempre muy contaminada y plagada de lucradores políticos que la desprestigian y demeritan, además de producir suspicacia y desconfianza en su rentabilidad social.
Para ser lucrador político no importa la ideología que se profese ni las finalidades políticas que se persigan. En punto menos que nada aprecian los principios o valores que enarbolan o las prácticas, conductas y acciones que dicen acatar.
Todo ello sólo es utilizado como coreografía de una parafernalia de declaraciones y ritos públicos para consumo popular; incumpliéndolos reiteradamente en el quehacer cotidiano. Y lo peor de todo es que su desobediencia y desdén los realizan con la mayor impunidad, sobre todo cuando se detenta el poder. Recuérdese que el poder corrompe y corrompe bien y bonito.
Lucrador político es aquel gobernante o servidor público que aprovechándose de su puesto y autoridad encomendada, aplica dichas facultades, torcidamente, con el fin de enriquecerse en forma ilícita; bien sea con el manejo del dinero público, en las adquisiciones, autorizaciones de contratos, otorgamiento de concesiones y licencias públicas, entre otros.
Lucrador político es aquel regidor, diputado o senador que en lugar de avocarse a las responsabilidades inherentes a su cargo, las usa para traficar influencias. Sus jugosos sueldos y apoyos económicos para gestoría social, sirven para subvencionar sus grillas. Es decir, para hacer politiquería o practicar el chisme o el rumor tenebroso. De legisladores tienen lo que yo de astronauta.
Abusan de su representatividad para convertir su cargo en una especie de beca en donde el único trabajo afanoso es el de asistir a las sesiones y levantar el dedo. O bien, recibir compensaciones económicas o de otro tipo por orientar su voto en determinado sentido. No en forma gratuita el prestigio de los legisladores está por los suelos.
Denomínese lucrador político a aquel que teniendo un puesto directivo dentro de su partido político lucra, mercadeando, con las candidaturas a presentar en los diferentes comicios. También por traicionar los intereses del pueblo y someterse a los barones del dinero o a los usufructuarios del poder. O de plano, para extorsionar o quemar, con fuego amigo, a sus competidores o rivales políticos, para sacarlos de la jugada política.
También es un lucrador político aquel que en tiempos de elecciones trata de comprar el voto ciudadano de diferentes maneras. Es el que hace negocio privado en la adquisición de publicidad y de promoción para los candidatos de su partido, máxime si son dineros provenientes de las prerrogativas gubernamentales.
Identifícase como lucrador político aquel que sin tener ideología y sin mayor rubor, cambia de partido político y militancia, con tal de estar en aquel que le satisfaga sus ambiciones personales. Practica la apostasía en forma descarada. Ofrece sus servicios políticos a cambio de prebenda política o administrativa. Además de subastar sus destrezas como “operadores electorales”, venden su conciencia y convicciones políticas.
En tiempos comiciales, algunos lucradores políticos realizan cosecha económica personal con los dineros destinados a la estructura electoral partidaria, bajo la premisa de que no hay estructura eficiente si no hay dinero suficiente para lubricarla.
Ya lo dijimos y lo repetimos: todo erario público operado en forma discrecional, sin transparencia y con nula rendición de cuentas contribuye a crear un clima y caldo de cultivo inmejorable para que florezcan los lucradores políticos.
El colmo del lucramiento político es forzar a renunciar a un cargo político (¡mucho ojo a esto, mujeres perredistas!) a alguna persona para beneficio político o económico particular. O bien, para ocupar puesto público y medrar en él. En Guerrero, como siempre, llevamos la delantera en estas conductas deleznables y perversas de la política mexicana.

PD1. El subsidio a los productores de maíz en Estados Unidos es dos veces mayor que en México. En Japón es tres veces. Que informe el gobierno federal, con nombres y apellidos, quiénes son los especuladores que están haciendo subir artificialmente el precio de la tortilla. Nos esperan seis años de resistencia civil. ¡Ánimo!
PD2. El PRI-Guerrero no podrá modernizarse si no se desprende de la férula de Rubén Figueroa Alcocer; por más que su actual presidente sea una político lúcido y progresista.

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