EL-SUR

Lunes 17 de Junio de 2024

Guerrero, México

Opinión

Luisa Reyes Retana: Desprenderse de la familia y ver arder el mundo

Adán Ramírez Serret

Junio 14, 2019

 

Luisa Reyes Retana (Ciudad de México, 1979) con Arde Josefina, se inicia en el género de la novela con una mezcla de valor y cordura. Es valiente pues se avienta de lleno sobre dos temas tabúes, asuntos que resulta más sencillo meter bajo la alfombra, sacarles la vuelta y pensar que no existen; retruécanos familiares que son negados por antonomasia como la esquizofrenia, y sobre todo, planta cara al amor fraternal que se transforma de manera tormentosa y terrible, en incesto. Habla, en pocas palabras, de las turbulentas aguas que revuelcan la vida familiar.
Arde Josefina es también un entrecruzamiento entre algunos de los temas más importantes de la primera juventud; una tensión entre las ganas de construir una vida propia, de conocer la verdad y de liberarse de una familia terrible.
Volvamos a lo de sensata, lo es porque el relato está construido con cuidado, bien amarrado; a caballo entre la novela corta y el relato largo, nos va contando una historia que enseña y dice en grados mesurados, y en donde poco a poco, vamos descorriendo el velo que cubre la trama. Un relato construido en dos tiempos, uno en presente, que mira sobre los hombros; y el otro, un pretérito pensado en el instante.
Es la historia precisamente de Josefina en dos tiempos que se coordinan. El primero, es ella entrando a la primera adolescencia. Hay dos circunstancias que definen su vida de una forma trágica. La esquizofrenia de su hermano, es una, la constante negación de los padres en un principio, y después, la radical aceptación de su condición que lleva a los padres a tratar al hermano como un loco, como un apestado.
La segunda condición, marca la vida de la protagonista, quien cuenta la historia; ésta es ser hija de dos padres emigrados de Inglaterra al estado de Hidalgo. A pesar de llevar ya el tiempo suficiente en México, como para que sus hijos sean absolutamente mexicanos al grado que no conocen Inglaterra; los padres de Josefina desprecian México y sólo lo consideran un lugar de paso, en donde trabajan pero preservan hasta donde pueden su condición de ingleses, juntándose solamente con gente de su país de origen, mandando a sus hijos a escuelas inglesas y obligándolos a sólo hablar en inglés con ellos.
Con esto en las espaldas, la vida de Josefina no es ni remotamente fácil. Sin embargo, se trata de un carácter enfrentado a la vida desde muy temprana edad pero que no es nada pasiva. Al contrario, a pesar que tiene al hermano colgado en las espaldas no se resigna y lucha por una vida. A pesar de que sus padres la obligan a hacerse cargo del mundo, les planta cara de manera contundente.
El segundo momento de la novela, es Josefina 20 años después aún intentando entender lo que sucedió, para así poder asimilarlo, y de alguna forma, poderse hacer responsable de sus actos.
He escuchado varias veces a críticos y lectores decir que un libro, en específico una novela, puede ser entendida como una serie de interrogantes que nacen de otras hechas en otros libros. Se trata, sin duda, de preguntas que no tienen respuestas. Estas incertidumbres, a veces con el mero hecho de ser planteadas, reconfortan en cierto sentido, arrojan luz en donde usualmente hay tan sólo una oscuridad inteligible.
Pero creo que hay otras novelas, que demuestran lo contrario, el vacío; hacen más amplia la distancia. Arde Josefina pertenece a esta clase, obras que dejan un hueco más grande. Exploran el vacío para descubrir que estaba más desierto de lo que parecía. Es la clase de novela que cuesta trabajo olvidar. Son libros que se recuerdan como una llama ardiendo en algún lugar dentro de nosotros.
(Luisa Reyes Retana, Arde Josefina, Ciudad de México, Random House, 2017. 179 páginas).