EL-SUR

Viernes 01 de Julio de 2022

Guerrero, México

Opinión

Madrazo, perdedor

Jorge Zepeda Patterson

Mayo 02, 2005

 

 

 

El 28 de diciembre pasado Andrés Manuel López Obrador inició su acostumbrada sesión mañanera con una declaración pasmosa: el presidente Fox, dijo López Obrador, acababa de avisarle que sería suspendido el juicio que le seguía la PGR y le había prometido que nada impediría su participación en los comicios presidenciales del 2006. Un murmullo de asombro sacudió a la sala de prensa, hasta que los reporteros más avispados cayeron en cuenta de que eran objeto de una broma típica del día de los inocentes.

Quizá por ello costó trabajo creer el rumor que recorrió los círculos políticos el miércoles pasado, que aseguraba que el presidente anunciaría esa misma noche un giro de 180 grados con respecto el juicio del jefe de Gobierno. Es más, ni siquiera en el sueño guajiro del 28 de diciembre, López Obrador acarició la posibilidad de la renuncia del procurador Macedo de la Concha. La realidad superó los deseos del político tabasqueño.

¿Qué provocó un cambio tan drástico en la actitud del Presidente, que todavía 24 horas antes seguía obsesionado por la querella enconada y personal en contra de López Obrador? ¿Qué le hizo abandonar esa pasión hostil que parecía dejar a un lado cualquier otra preocupación por el país y consumía sus discursos y sus desvelos?

Hay quienes creen que fue la presión de la opinión pública internacional y los mercados financieros los que externaron su preocupación por los riesgos de inestabilidad que provocaría la inhabilitación. Otros aducen que la polarización creciente de la sociedad mexicana fue el factor decisivo, y la mejor muestra era la división que ya había provocado entre los obispos mexicanos. El PRD atribuye la razón al efecto amedrentador que la marcha de un millón (y las que siguieran) habría provocado en Los Pinos.

Pero a mi juicio, el motivo decisivo en el “golpe de timón” fue simple y sencillamente el factor Madrazo. Si bien es cierto que todas las razones arriba mencionadas formaron parte de un cuadro crítico que llevó al Presidente a detener el linchamiento jurídico del jefe de Gobierno, es en las encuestas en donde debemos encontrar las razones decisivas.

A lo largo de los últimos meses la popularidad de López Obrador seguía creciendo, producto del martirologio en el que la autoridad lo hacía transitar; y justamente en esa proporción había descendido la posible intención de voto a favor de Santiago Creel, el candidato de la Presidencia. La opinión pública atribuía la persecución al gobierno y, en esa medida, la imagen de Creel se había venido deteriorando.

Hace muchos meses el gobierno federal llegó a la conclusión de que la eliminación electoral de López Obrador ampliaba enormemente las posibilidades de que el PAN retuviera la Presidencia en el 2006. Pero la manera tan burda y desaseada en que la PGR, Gobernación y la propia Presidencia, llevaron el expediente y lo convirtieron en un linchamiento moral del jefe de Gobierno, terminó convirtiéndolo en un bumerang.

Las últimas encuestas arrojaban un escenario catastrófico: si el gobierno lograba inhabilitar a López Obrador, el repudio popular resultante significaba en la práctica perder toda posibilidad de ganar las elecciones. En otras palabras, Fox estaría entregando la presidencia a Roberto Madrazo. Los sondeos eran categóricos: en una boleta en la que no estuviera López Obrador el vencedor no sería Creel sino Madrazo.

Fox tomó conciencia de que por la vía del juicio al tabasqueño, el sexenio concluiría con lo peor de los dos mundos. Se perdería el poder a manos del dinosaurio priísta al que se lo habían quitado en el 2000, y los panistas arrastrarían el escándalo internacional que significaría haber sacrificado la democracia, al impedir al abanderado de la izquierda participar en los comicios.

No es de extrañar que haya sido justamente Roberto Madrazo el personaje más indignado con el golpe de timón que acaba de asestar el presidente Fox. Madrazo no esconde su frustración porque con la decisión de Fox pierde la situación idílica en la que se encontraba; nadando de muertito habría llegado a la Presidencia, mientras sus dos contrincantes se despedazaban mutuamente. Madrazo es el gran perdedor de los sucesos de esta semana, y se le nota.

Fox tuvo que aceptar la menos mala de sus opciones. Ahora intentará arrebatar los reflectores a López Obrador, y buscará hacer un cierre decoroso de su gobierno. Confía en la posibilidad de que la economía tenga un mejor comportamiento al final del sexenio y que las cifras de empleo le ayuden a recuperar el voto a favor del PAN. No será fácil, pero al menos tendrá una posibilidad mejor que el suicidio inexorable que representaba seguir por la senda de la inhabilitación.

Para el PRI y el PRD también representa un cambio drástico con respecto a lo que venían realizando. Los dos partidos tendrán que hacer campañas reales para atraer la simpatía de los electores. El PRI creyó que llegaría a Los Pinos mediante el simple expediente de no hacer olas y esperar a que sus rivales se destruyesen. Por su parte, el PRD se había montado en su condición de víctima para ahorrarse el esfuerzo de convertirse en un partido con programa y estructura capaz de ganar una elección nacional. Muchas cosas cambiaron esta semana, y todas son buenas. Alejado el escenario de inestabilidad y desequilibrio que significaba la descalificación de López Obrador, los tres partidos se ven obligados a voltear de nuevo hacia adentro, y buscar en sus programas y en sus propuestas, las razones para pedir el voto de los mexicanos. Todos ganamos.

 

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