EL-SUR

Sábado 04 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Mal empieza TV UNAM

Humberto Musacchio

Febrero 01, 2016

Ante las críticas a priori que recibió el nombramiento de Nicolás Alvarado como director de TV UNAM, dijimos en este espacio que debíamos concederle el beneficio de la duda. Lamentablemente ya dio un primer paso (varios pasos) en falso: despidió de un plumazo a Celia Osorno, coordinadora de Organización, y a Patricia Aguilar, Víctor Manuel Juárez, Felipe Oropeza y Guadalupe Alonso, subdirectores respectivamente de Producción, Comunicación, Vinculación e Información, todos ellos bien conocidos y respetados en el ámbito de los medios y con más de 10 años de servicio en la institución. Por el rango de los despedidos y por la antigüedad, el chistecito le costará a la UNAM unos 2 y medio millones de pesos, pero más le costará en imagen y en el trabajo diario, pues ni siquiera se esgrimen razones para el despido. Es, lisa y llanamente, una ocurrencia, un caprichito dictado por el autoritarismo del nuevo director, a quien habrá que recordarle que la Universidad Nacional no es Televisa, empresa a la que, se dice en los pasillos, en mala hora el rector Enrique Graue encomienda el manejo de la TV universitaria, pese a que la empresa de los Azacárraga no goza de muchas simpatías en el campus. Por lo pronto, ya existe un conflicto que va para largo.

Sindicato de la Secretaría de Cultura

Cada vez que se crea una nueva Secretaría de Estado, se constituye el sindicato de la institución naciente. Era esperable que así ocurriera en el caso de la Secretaría de Cultura. Hasta ahora, los empleados del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes pertenecieron al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación por la sencilla razón de que estaban en las nóminas de la SEP, pese a lo cual varias secciones se organizaron democráticamente y resistieron las embestidas del los líderes priistas. Esas secciones son una buena base para constituir un sindicato que defienda con inteligencia el interés laboral y participe con determinación y conciencia en el enriquecimiento cultural de los mexicanos. Sería lamentable que en esta ocasión se impusiera el interés del charrismo, que entiende a los sindicatos como un negocio privado de liderzuelos sin escrúpulos. Habrá que estar atentos.

¡Cuidado, ley de cultura!

Por enésima vez, los diputados amenazan con endilgar a los mexicanos una “ley de cultura” y anuncian que hoy instalarán un consejo técnico integrado por ellos mismos y por representantes de ¡26 organismos!, como el Senado, el Politécnico, la Universidad de Guadalajara, la UNAM y las secretarías de Gobernación, Turismo, Hacienda, Cultura y Agricultura, más las que se acumulen esta semana. La pretensión es realizar foros de consulta “en la mitad del país” (así dijo la diputada Cristina Gaytán) con creadores, legisladores y especialistas (¿especialistas en qué?). Los promotores de la brillantísima idea esperan que la ley de marras sea aprobada en abril dizque “para garantizar que la Secretaría de Cultura tenga en 2017 un presupuesto que coincida con sus objetivos”. Parece obvio, pero no se ve cómo una ley puede obligar a que una dependencia, la que sea, reciba “un presupuesto que coincida con sus objetivos”, pero la diputada Gaytán, en un arranque de sinceridad, dijo que lo correcto hubiera sido crear primero la ley y luego la secretaría. Pues sí, ¿verdad?, pero ella y sus colegas votan de manera irresponsable todo cuanto les manda el Ejecutivo.

Computadoras vs. aprendizaje

Un estudio de la UNESCO llegó a la conclusión de que el uso de computadoras en niños en edad escolar puede tener un efecto negativo en el aprendizaje, e incluso señala que el “uso habitual de las computadoras en la escuela se asocia consistentemente con inferiores desempeños” debido a que su utilización “no ha sido adaptada de forma adecuada a los propósitos educativos”, pues mientras más se usan estos instrumentos para chatear, participar en redes sociales o escuchar música, los logros de los estudiantes son menores “en todas las disciplinas evaluadas”. Pero nadie se alarme: el mismo estudio recomienda políticas públicas adecuadas, “contextualizadas e integrales” para que las tecnología de información y conocimiento sirvan al aprendizaje. Fácil, ¿no?

Murió Raúl Ortiz y Ortiz

Poseedor de una gran biblioteca, lector insaciable, académico, políglota, hombre de muchos amigos, Raúl Ortiz y Ortiz solía repetir a quien quisiera oírlo que la traducción de Bajo el volcán, de Malcolm Lowrie, era lo único importante que había hecho en su vida. Y lo decía como si fuera poca cosa. Tan excesiva modestia se fundaba en el legítimo orgullo que le producía el enorme trabajo que significó poner en español –en buen español—esa obra maestra que publicó Editorial Era en 1964. Capitalino que orgullosamente paseaba su elegancia por la colonia Condesa, Raúl mereció por la citada traducción el Premio Alfonso X, que se le concedió con más de 20 años de retraso. Autor también de Archivo Lowrie, colección miscelánea de textos lowrianos, el Fondo de Cultura publicará próximamente la correspondencia entre Rosario Castellanos y el propio Ortiz y Ortiz, a quien extrañaremos.