EL-SUR

Viernes 21 de Junio de 2024

Guerrero, México

Opinión

Malawitalia

Arturo Martínez Núñez

Julio 15, 2005

 

El pasado miércoles 12 de julio fue presentado el Informe Sobre Desarrollo Humano, México 2004. En el documento de Naciones Unidas existen varios datos que merecen ser comentados y debatidos por los expertos y divulgados a la mayor cantidad posible de personas. Hay que pasar de la discusión banquetera de las nimiedades, al debate de altura de los problemas estatales. El texto completo con sus anexos puede ser consultado en la página del PNUD-México, http://saul.nueve.com.mx. A continuación, algunos apuntes.

El Índice de Desarrollo Humano (IDH) promedio en México es de 0.7937. Por entidad federativa, el primer lugar lo ocupa el Distrito Federal con 0.8830; Guerrero con 0.7296, ocupa el lugar 30 de 32, sólo por delante de Oaxaca y Chiapas. Si Guerrero fuese un país, nos situaríamos ligeramente por encima de los Territorios Palestinos Ocupados aunque por debajo de Irán. A nivel municipal tenemos en un extremo a la delegación Benito Juárez del DF con un IDH de 0.91 –similar al de Italia–, y en el otro, a Metlatónoc en la Montaña de Guerrero con IDH de 0.38 –igual a Malawi–, esto significa una diferencia del 51 por ciento entre el municipio más desarrollado del país con el menos.

El desarrollo en México es tan heterogéneo que algunos municipios tienen el nivel de los países altamente desarrollados, mientras que muchos otros –marcadamente indígenas y en los estados de Chiapas, Oaxaca, Veracruz y Guerrero–, ocupan posiciones en la parte más baja de la pirámide del desarrollo mundial, similares a las de las naciones africanas más atrasadas y quizás, únicamente diferenciados de éstas, por la ausencia de las guerras fratricidas que azotan aquellas tierras.

El 11.3 por ciento de la desigualdad entre los municipios del país, es producto del componente salud; 31.18 por ciento corresponde al rubro de educación y el 52.06 por ciento al de ingreso. A simple vista podemos apreciar que en materia de salud y de educación las diferencias comienzan a revertirse –muy probablemente gracias a los programas sociales–, pero en materia de ingreso, la diferencia es abismal con el agravante de que aquí no existe ningún programa ni política pública de cara al futuro.

Al interior de los estados, las desigualdades se reproducen dramáticamente. En Guerrero dos municipios adyacentes como Coahuayutla y José Azueta reportan índices diametralmente opuestos: en el primero el IDH es de 0.6020 –Marruecos– y en el segundo 0.7921 –Macedonia o Malasia–.

El Índice Local de Competencia Política mide la “disputabilidad” del gobierno en un determinado municipio. Con agrado advertimos que a mayor competencia política, mayor IDH. Esto acaso se deba a la presión que sufren los gobiernos locales ante el miedo de perder el poder en la siguiente elección si no se ofrecen resultados de gobierno.

En materia de recaudación, los ingresos propios representan sólo el 10 por ciento de los fondos municipales, particularmente grave si pensamos que el 60 por ciento de los ayuntamientos no cuentan con oficinas de planeación y finanzas y menos de la mitad con tesorería.

Las dos entidades federativas que más han avanzado entre el 2000 y el 2003, son Chiapas y Zacatecas, ambas gobernadas por candidatos que ganaron el gobierno gracias al PRD. El dato no es una mera coincidencia y es a todas luces esperanzador.

Hoy es posible sentar las bases de un Guerrero mejor, pero serán necesarias acciones de gobierno. Hay que tomar la iniciativa. Guerrero no necesita otro gobierno que únicamente se dedique a la administración de la pobreza.

Esta semana pudimos apreciar los dos caras de la moneda. Por un lado, atestiguamos la falta de reflejos políticos ante la violencia, la inseguridad y el intento de chantaje por parte del clientelismo adocenado y premoderno disfrazado de liderazgo transportista. Por el otro, Zeferino alzó la voz e informó del tamaño de la deuda estatal (5 mil millones de pesos) y la importante proporción que de ésta representa la Autopista del Sol (80 por ciento). Zeferino fue más allá y ante el secretario de Comunicaciones y Transportes dijo: “El planteamiento que hice en voz alta fue, si rescataron a los banqueros y particulares, no lo van a rescatar al gobierno del estado, ya que además somos socios de la autopista y no recibimos ningún ingreso”. El gobernador también anunció que se investiga el presunto desvío de 12 millones en la construcción del Hospital del Niño y de la Madre en Tlapa.

Si Zeferino decide poner fin a las muchas y perniciosas inercias históricas que laceran al estado (corrupción, clientelismo, impunidad y un largo etcétera), habrá de encontrar el apoyo de la sociedad guerrerense que está harta de que los lobos de siempre se vistan con zaleas de inocentes corderos. La mayoría se pronunció el 6 de febrero a favor del cambio. Si la gente hubiera preferido la continuidad o el mentado terciopelo (ciertopelo dice mi pariente), habría votado por el PRI. Ningún acuerdo inconfesable, ni la supuesta búsqueda de puentes hacia el resto de los grupos políticos del estado, puede estar por encima del acuerdo primigenio, que es con el pueblo de Guerrero.

Es necesario transformar las estructuras y los procesos políticos y administrativos, si es que realmente queremos obtener resultados diferentes. No basta con cambiar los muñecos, es ineludible modificar el tablero del juego.

Si Guerrero aspira a alcanzar algún día el nivel de desarrollo de Italia, necesita iniciar el nacimiento de un nuevo estado, de un nuevo pacto político. Con los métodos y las reglas imperantes hasta ahora, sólo será posible obtener resultados similares a los de las anteriores administraciones. Sólo será posible continuar transitando por el camino hacia Malawi.

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