EL-SUR

Lunes 04 de Marzo de 2024

Guerrero, México

Opinión

Mano dura o mano firme ante la delincuencia

Jesús Mendoza Zaragoza

Febrero 12, 2024

El éxito inmediato y a corto plazo del presidente salvadoreño Nayib Bukele para reducir la delincuencia centrada en las pandillas, le ha hecho posible ganar las elecciones con el 85 por ciento del electorado, al grado de que ya se habla del “modelo Bukele” para afrontar la delincuencia en otros países de América Latina. Asombra tanto que el enfoque fundamental del proceso electoral que le dio el triunfo ha sido el de la seguridad pública marginando otros temas como los económicos, las inversiones y la seguridad social. El avasallamiento con su política contra las pandillas ha generado la simpatía de la mayoría del electorado salvadoreño, que le ha dado su voto de confianza.
¿Cuál ha sido el precio que se ha tenido que pagar? Desde 2022 se aprobó un estado de excepción desde el Congreso, que se ha estado renovando desde ese tiempo, con el despliegue masivo de las fuerzas del orden y las detenciones y persecuciones arbitrarias a lo largo y ancho del país, alcanzando el encarcelamiento de más de 60 mil presuntos miembros de las pandillas con un alto costo en la violación de los derechos humanos.
¿Qué podemos decir del “modelo Bukele” de combate a la amplia delincuencia y a los excesos de las pandillas? En primer lugar, se trata de una mano dura y autoritaria que, a corto plazo, da los resultados esperados por la población, a costa de medidas drásticas que no respetan los derechos humanos. Es cierto que la población espera resultados de su gobierno, pero no a costa de subordinar la Constitución y las leyes del país centroamericano a las decisiones políticas del gobierno. Es impresionante la baja de los homicidios y el control gubernamental de los territorios en El Salvador en tan poco tiempo, pero puede preverse que vendrán otras complicaciones sociales debido al estilo autoritario de gobernar.
En el caso de México, es lamentable el crecimiento de la delincuencia en sus más variadas formas, en los últimos años. No miramos con buenos ojos el “modelo Bukele” de El Salvador porque la mano dura y autoritaria no resuelve los problemas a la larga. La mano dura suele complicar las cosas porque la realidad no es tan simple, sino compleja. Lo que necesitamos es una mano firme y sostenida que no se finque en el autoritarismo, sino en la democracia. Necesitamos que la grave situación que estamos viviendo en Guerrero y en otros estados del país tenga una respuesta democrática. Y en este caso, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de una respuesta democrática y no autoritaria, a una mano firme y no a una mano dura?
La respuesta democrática consiste en que el gobierno afronte al crimen organizado con la participación de todos. De todos los ciudadanos, de todas las instituciones, de todos los organismos gubernamentales. Esto significa que el tema de la seguridad y de la paz se convierta en un tema transversal desde el gobierno, desde la sociedad y desde los ciudadanos. Esto quiere decir que a todo lo que hace el gobierno y lo que hacemos los ciudadanos le demos un enfoque de construcción de paz y de seguridad. Cada secretaría de estado, cada gobierno estatal y todos los gobiernos municipales tendría que aplicar dicho enfoque, con la colaboración de los ciudadanos, que tendrían que ser escuchados durante el camino.
Una de las fortalezas de la delincuencia en México es que está superorganizada y la gran debilidad de los gobiernos y de los ciudadanos es que estamos pulverizados. Mientras que los delincuentes hacen sus alianzas para desarrollar sus negocios, los gobiernos buscan intereses facciosos y los ciudadanos estamos fragmentados. De esta manera no es posible detener los crímenes.
¿Por qué no se hace una consulta nacional sobre este tema? Nos haría mucho bien escucharnos y coordinar todos los esfuerzos para mantener una mano firme que sostenga el esfuerzo de todos, encabezados por los gobiernos, cada uno en su propio ámbito. Necesitamos mirar la mano firme de los gobiernos porque se han vuelto invisibles. Pueden hacerse visibles si se apoyan en la población de cada zona y de cada región. Necesitamos que los gobiernos escuchen a los ciudadanos, porque muchos no nos sentimos escuchados. Se necesita la democracia para el tema de la seguridad y de la construcción de la paz. Y de la democracia en materia de seguridad tenemos que buscar la transformación social del país, porque la seguridad implica nuevas relaciones económicas, políticas y culturales e, incluso, internacionales.