Vidulfo Rosales Sierra
Mayo 05, 2025
(Segunda y última parte)
Después de la asamblea de El Campanario donde Marco Antonio Suástegui y los campesinos del Consejo de Ejidos y Comunidades Opositoras a la Presa La Parota (Cecop) triunfaron al descarrilarla, el 14 de agosto de 2005, decenas de comunidades empezaron a adherirse a la lucha contra la presa. Por su parte el gobierno realizó otra asamblea el 23 de agosto de 2005, llevándola, ahora, a la comunidad de San Juan Chico, municipio de San Marcos, para evitar que los del Cecop la estropearan. Cientos de policías resguardaron poniendo retenes en la carretera federal para impedir el paso de los inconformes. Sendos enfrentamientos tuvieron ocasión, pero la asamblea se realizó.
Marco Antonio juzgó necesario impugnar por la vía legal las asambleas. La movilización social por sí sola no era suficiente, más cuando el gobierno los tachaba de rijosos que se oponían al desarrollo. Como pudo contactó a los abogados de Tlachinollan. Nos contó su lucha. Quedamos sorprendidos por su arrojo, la fuerza de sus palabras y su determinación. Estaba informado de las afectaciones que la hidroeléctrica ocasionaría a su pueblo, era un hombre con fuertes convicciones por la defensa del agua y la tierra. Decidido a todo. Fue claro al decirnos: “A la CFE y al gobierno no le vamos a dar ni un centímetro de tierra”.
Nos dijo que teníamos que acompañar la lucha legal impugnando las asambleas agrarias turbias e ilegales del gobierno. Muy pocos abogados conocíamos la materia agraria, pero al oír a Marco no nos quedó más que aceptar.
La Ley Agraria dispone de sendas formalidades y requisitos para una asamblea de comuneros. La mayoría habían sido vulnerados por el gobierno. Los abogados de Tlachinollan argumentaron en los tribunales agrarios que las asambleas deberían ser con formalidades esenciales y no simples. En las primeras, de acuerdo con la Ley, se necesita convocar con mayor anticipación y mayorías calificadas. Las realizadas por el gobierno no cubrían este requisito y no lo podrían hacer porque el padrón se componía de 7 mil 286 comuneros frente a 40 mil avecindados, además no estaba actualizado, varios comuneros ya no vivían o estaban fuera de Cacahuatepec. El tribunal resolvió en contra del Cecop. Adujo que esas asambleas eran simples no se necesitaban mayoría calificada por que en realidad se trataba de una decisión en la que la asamblea autorizaba al Comisariado para celebrar convenios de ocupación de las tierras e iniciar los trámites de expropiación. Eran trámites administrativos, además la Ley no facultaba a la asamblea para abordar el tópico de la expropiación.
El Cecop recurrió el fallo ante el Tribunal Superior Agrario, obteniendo una sentencia a favor en el año 2007. Resolvió que las asambleas del gobierno eran nulas, ya que debieron ceñirse a las formalidades esenciales porque se trataba de decidir el futuro de los bienes comunales. Una superficie considerable de tierras saldría del núcleo comunal, además, de los daños que podría ocasionar la presa hidroeléctrica. Una decisión de esa naturaleza ameritaba mayorías calificadas.
Después de la asamblea en San Juan Chico, con las mismas trampas e irregularidades, se llevaron a cabo las asambleas en Dos Arroyos, Los Huajes y la Palma. El Cecop también las impugnó. Con el criterio del Tribunal Superior Agrario a favor del Cecop, el Unitario de Acapulco tuvo que declararlas nulas de pleno derecho.
Aún con los fallos en contra, el gobierno persistió. El día 20 de mayo de 2007 de nueva cuenta intentó realizar una ulterior asamblea, ahora en el poblado de El Bejuco, lejos del bastión del Cecop. De nueva cuenta Marco Antonio y comuneros de Cacahuatepec llegaron hasta la huerta donde se realizaba, derribaron el portón e ingresaron. Los asistentes se espantaron y empezaron abandonar sitio. Allí, los opositores acordaron con el gobierno realizar una asamblea limpia, sin policías y con la participación de todas y todos los avecindados. Los resultados deberían ser respetados. Vendrían los expertos de la CFE para explicar las bondades del proyecto y expertos independientes para ahondar en las afectaciones, después de lo cual los comuneros votarían. Se hicieron varias reuniones de preparación entre las partes. Se pactó su realización el día 12 de agosto del año 2007 en el poblado de Agua Caliente.
Recuerdo que discutimos con Marco le manifestamos que era un error realizarla en Agua Caliente. Allí iba operar el gobierno con dinero y acarreo y al estar cerca de la carretera nacional tenía facilidades para movilizar su maquinaria. Lo mejor era hacerla en Cacahuatepec. Marco se negó y nos dijo: “yo sé lo que les digo, yo conozco a mi gente y sé que me va a responder”.
El 12 de agosto llegamos al lugar de la asamblea, al ir circulando por la carretera un río de gente caminaba rumbo Agua Caliente. A nuestro arribo fue al encuentro Marco Antonio. Sin más, nos dijo: ¡Abel, nos llevan diez a uno! ¿qué hacemos? Toda esta gente que ves son acarreados del gobierno. Mientras el gentío se arremolinaba para entrar a la asamblea. Adentro estaban las pantallas gigantes y maquetas de la CFE listos para concretar la presa. Todo estaba a su favor.
Nos reunimos con el equipo del Cecop y diseñamos un plan rápido. Se trataba de tener el control de la asamblea y conducirla. Alguien con temple y determinación debería estar al frente. Ese era Marco Antonio Suástegui, él condujo la asamblea. Los expertos de la CFE y los independientes expusieron ventajas y desventajas. Mientras tanto un ambiente de tensión prevalecía en el recinto. Más de diez mil personas reunidas pero todas a favor de la presa hidroeléctrica. Afuera la tristeza invadía a las señoras. Desde sus casas decían, ahora sí nos van a quitar nuestras tierras. La voz corrió en todo Agua Caliente, Oaxaquillas, Salsipuedes, Amatillo y poco a poco empezaron a llegar. Adentro la correlación de fuerzas empezó a equilibrarse.
Marco Antonio con su sombrero negro y micrófono en mano arengó a la multitud diciendo, compañeros, ya escucharon la información. La presa La Parota nos traerá la muerte. No permitiremos que se haga. ¡Nadie nos sacará de nuestras tierras, aquí vivimos y aquí moriremos! La multitud con frenesí acompañaba la arenga del líder histórico del Cecop. Esa era la señal inequívoca de que la correlación de fuerzas había cambiado y era el momento de dar la estocada final al proyecto hidroeléctrico. Desde la tribuna Marco Antonio sentenció: “Compañeros aquí frente a los funcionarios de CFE decidamos de una vez, alcen la mano los que estén en contra de la presa hidroeléctrica la Parota”. La inmensa mayoría alzó la mano gritando: ¡fuera la CFE! ¡la tierra no se vende! Marco preguntó de nuevo, levanten la mano los que estén a favor de la presa: un grupo reducido como de 200 personas alzó la mano. Marco sabía que habían ganado y selló la sentencia, diciendo: “para que no quede duda del resultado de la asamblea, de nueva cuenta compañeros levanten la mano los que estén en contra de la presa la Parota”. La inmensa mayoría levantó la mano. Volvió a preguntar: levanten la mano los que estén a favor. Ya nadie alzó la mano. El Cecop había ganado.
A la fecha no nos queda claro si la correlación de fuerzas se inclinó a favor del Cecop porque llegó gente opositora al proyecto o el discurso de Marco convenció a los presentes que terminaron por votar en contra de la presa La Parota. Al fin y al cabo, todos eran gente de Marco, campesinos, pobres, que vivían del río Papagayo que al escucharlo de viva voz decidieron cambiar su voto por la vida, por la tierra, por el río Papagayo y por Marco Antonio Suástegui.