EL-SUR

Miércoles 01 de Julio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Marco Polo: entre tártaros y sarracenos

Adán Ramírez Serret

Agosto 15, 2025

El Homo sapiens, lo que entendemos como humanidad, nació, surgió en África, hará unos 300 mil años. Al parecer no brotó de ningún lugar en específico de este continente, y también es probable que muchos de los humanos seamos la mezcla del Sapiens con otros humanos arcaicos, de otros homínidos ahora extintos y que durante mucho tiempo pensamos que habíamos acabado con ellos, hasta que, en años recientes, la genética ha demostrado que muchos de los genomas de aquellos arcaicos se encuentran en los genes de muchos de los humanos del presente.
Pero esa humanidad surgida en África tiene un gen en particular que la diferencia de muchos de los otros seres vivos que la rodean: el gen viajero. Ese rasgo usual que cada uno de nosotros ha vivido de preguntarse qué hay más allá, qué hay detrás de aquella montaña, de ese mar o ese desierto. Esa curiosidad es intrínseca al ser humano. Así que, politizando, ¿por qué no?, cualquier persona que esté en contra de la migración humana y de la mezcla de los seres humanos peca de ignorancia, pues ser humano es lo mismo que mezclarse con la diferencia y migrar en el mundo.
Pienso en todo esto a partir del libro que he estado leyendo durante los últimos días y que siempre había querido leer, El libro de las maravillas del mundo, los viajes de Marco Polo (Venecia, 1254-1324). Se trata de un libro bellísimo en todos los sentidos. Está publicado por editorial Nórdica, que va de obras en efecto escandinavas, pero también tiene clásicos de Truman Capote traducidos por Juan Villoro y bellezas como las que ahora tengo en las manos. Un libro de pasta dura ilustrado por Vincenzo del Vecchio, editado por Martín Evelson y traducido, nada más y nada menos, que por Mauro Armiño. Y es que la obra lo amerita. Un libro escrito hace 800 años que ha cambiado el mundo. La comida –la pasta era china y después de Marco Polo también italiana–; la idea de la humanidad –pensábamos que éramos uno y no una pluralidad– y, por supuesto, la literatura, inventa, sin lugar a duda, los libros de viajes.
Sucede que el libro versa sobre una serie de viajeros, lo cual yo no sabía. La obra comienza cuando alguien que conoció al padre de Marco Polo, quien fue un gran viajero, lee el texto y de ahí comienza a relatar. El origen del libro proviene de una cualidad que nos queda bastante lejos. No la del turista horrible de hoy en día que tan sólo busca la foto o decir que estuvo en tal o cual lugar; se parece más bien al migrante, al antípoda total del pequeño burgués, el cual es capaz de dejarlo todo para ir en busca de otros mundos. Flujos humanos que sufren, que migran porque es la única posibilidad de supervivencia, que no se deben idealizar, pero que, de manera contundente, son la esencia de la humanidad.
La valentía y la fuerza de buscar otra vida. Los vio el Ulises Lima de Los detectives salvajes de Bolaño, quien observó que había un río hermoso y caudaloso que recorría Centroamérica y que llegaba a México, solamente que no llevaba agua, sino que estaba hecho de humanos.
Entonces este libro de Marco Polo no es el del viajero que busca un lugar para complementar su vida, sino el de aquella persona que viaja porque esto es un motivo para vivir: descubrir otras culturas, a otros seres humanos para saber quiénes somos. No para juzgar, sino para descubrir las maravillas de tártaros y sarracenos, de las diferencias en sus culturas en donde es posible mover montañas, amar a las esposas de los huéspedes o ser el otro, aquel que todos los reyes se mueren por conocer.
Este libro de Marco Polo es hermosa y terriblemente moderno, pues nos descubre que los seres humanos, estos Sapiens, se mueven entre la curiosidad de descubrir el mundo y la fascinación y miedo por descubrir otras culturas.
Marco Polo, El libro de las maravillas del mundo, Madrid, Nórdica libros, 2024. 292 páginas.