EL-SUR

Sábado 04 de Julio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Mario Vargas Llosa: a 56 años de Conversación en la Catedral

Adán Ramírez Serret

Junio 20, 2025

El pasado 13 de abril de este 2025, el mundo de la literatura estuvo de luto y vivió un momento de confusión y convulsión cuando se enteró de la muerte de Mario Vargas Llosa (Arequipa, 1936- Lima, 2025). Sin duda se trata de la muerte del último gran escritor varón del siglo XX, de toda una figura y de una tradición que, en Latinoamérica, nos hizo pensar en un antes y un después de bellísimos libros, sin duda, a la vez que toda una forma de vivir la literatura como hombre de letras e intelectual. Personificaba Vargas Llosa la figura del escritor, para muchas personas.
Pensé en todo esto y en la posibilidad de decir algo original sobre este autor que se ha leído tanto y sobre quién se ha derramado tanta tinta. No se trata de buscar el hilo negro, pero, aún así, siempre que muere un autor célebre una pregunta parece quemar nuestros labios: ¿trascenderá a su tiempo? Esto, por cierto, fue algo que quitó el sueño durante muchos años a Vargas Llosa, quien decía que la profesión de un escritor es sumamente cruel, pues es posible morirse, a pesar de premios y fama, sin saber si se tuvo éxito o no. Por lo tanto, la pregunta es, ¿qué pasará con la obra de Mario Vargas Llosa?
Para responderlo, antes de entrar en reflexiones canónicas o posmodernas, se me ocurrió ir a una, la mejor para mí, de las muchísimas novelas excelentes que escribió Vargas Llosa: Conver-sación en la Catedral.
Recuerdo haberla leído hace más de 20 años, en aquellos tiempos en que trabajaba en una biblioteca en Oaxaca y la huella de la lectura comenzaba con la sensación de traer el grueso ejemplar bajo el brazo mientras sentía me que convertía en algo que me encantaba: en un lector, un intelectual, un esnob o un escritor en ciernes o todas o ninguna a la vez; porque recuerdo estar fascinado al leer un libro “difícil” que, además hablaba de política, de comunismo, de jóvenes con ideales; con una gran técnica que involucraba cambios de personas, con redacción confusa, la cual, para mí, joven semi analfabeta, significaba haber dado un paso inmenso al poderlo leer con pasión. Leí, sin descubrir sus secretos, algo que intuía que era una obra maestra. Fue un antes y un después como joven, como latinoame-ricano, como humano.
Y ahora, 20 años después, vuelvo a la novela. Descubro con una inmensa sorpresa que, poco a poco, se transforma en felicidad, que recuerdo todo de la novela. Que, incluso, sin Santiago Zavala nunca hubiera sido la persona que creo ser.
También me deslumbra la destreza literaria, Vargas Llosa en lugar de pensar en meras técnicas literarias de creación muy estadunidenses, se pone a leer a los autores que sus mentores le dicen que son indispensables. Flaubert, Kafka, Joyce…, para así, con esta brutal destreza técnica en donde se mezclan todos los géneros, del realismo más tradicional del XIX, a una focalización del personaje a una segunda persona que una vez sí, otra no y la que sigue lo hace de nuevo, se transforma en una primera persona que es un monólogo interior. Y todo esto es apenas perceptible, porque está puesto en favor de una trama que es imposible no devorar. Aparece la debacle de un joven que se mezcla con la de una generación y que deviene, por supuesto, en la de un país, ¿en qué momento se jodió el Perú? Esta pregunta que se hace presente en toda persona, en toda idiosincrasia, cada que alguien abre las páginas de esta novela y se sumerge en esta obra cíclica, que revive con cada lectura a la vez que es parte de la historia privada de cada familia y país en Latinoamérica. Si trasciende o no, lo dirá el tiempo, pero Conver-sación en la Catedral se mantiene viva y sangrante.

Mario Vargas Llosa, Conversación en la Catedral, Ciudad de México, De Bolsillo, 2016. 727 páginas.