EL-SUR

Sábado 13 de Julio de 2024

Guerrero, México

Opinión

Más ciudadanía, más política

Arturo Martínez Núñez

Octubre 17, 2017

En este espacio hemos hablado de la necesidad de que la sociedad participe de manera sistemática en los procesos políticos y públicos de nuestra sociedad. Hemos dicho que es imperativo que no sean únicamente los políticos profesionales los que participen y se apropien de la política.
La sociedad frecuentemente asocia la política con lo peor de lo peor. Los políticos y sus partidos obtienen las peores calificaciones en las encuestas sobre valoración de instituciones. La ciudadanía no quiere participar en política porque de inmediato asocia esta actividad con corrupción, mentira, incumplimiento, choro, robo y enriquecimiento.
Vayamos a la etimología para entender lo que significa “política”. La palabra viene del griego y significa “de, para o relacionado con los ciudadanos”. Así es. La política solo puede existir con los ciudadanos ya que se trata de lo relacionado con ellos.
“Política” no significa “partido”. Un partido es una fracción que dentro de la política se organiza alrededor de intereses comunes. Se puede hacer política sin partido, así como se puede ser un burócrata de partido sin hacer política. “Politizar” algún tema, no significa llenarlo de colores partidistas. Politizar un tema es hacerlo público, transparente y ciudadano.
Todos los ciudadanos debemos de exigir que los temas que nos afectan, sean ventilados en público. Tenemos derecho a conocer los presupuestos y cómo se emplean. Tenemos derecho a conocer todos los contratos que celebra nuestro ayuntamiento, nuestro gobierno estatal y el gobierno federal. Tenemos la facultad de exigir a los empleados públicos que nos rindan cuentas. Tenemos derecho de audiencia y tenemos el derecho de que nuestras peticiones sean atendidas y a recibir contestación de nuestra correspondencia.
Los funcionarios electos trabajan para los ciudadanos. Los ciudadanos son sus jefes y no al revés. Cuando un servidor público le hace a usted un trámite o le asigna el beneficio de algún programa, no le está haciendo ningún favor, simplemente está haciendo su trabajo, cumpliendo con su obligación.
Durante décadas, miles de mujeres y hombres lucharon a lo largo y ancho de nuestra nación por el derecho a participar libremente en los procesos electorales. Antes, cuando algún ciudadano se interesaba en participar en el gobierno, tenía que hacerlo a través del único partido que existía. La lucha por la democracia en este país costó mucho sacrificio y muchas vidas. Hoy, lejos de tener un sistema perfecto, tenemos la posibilidad de participar en política a través de partidos diferentes a los que gobiernan e incluso a través de la vía independiente.
Hoy no es necesario ser miembro de partido político alguno para poder estar en la boleta electoral y pedir el voto de los ciudadanos. Hoy, cualquier mujer u hombre que cumpla con los requisitos señalados por el INE, puede aspirar a competir por cualquier puesto de elección popular. Mucha atención: esto no convierte a los ciudadanos sin partido en honestos, trabajadores y cumplidores. Lo único que nos garantiza es que no pertenecen –para bien o para mal– a algún partido político establecido. Los independientes, tendrán que demostrar su capacidad en caso de resultar electos.
Por lo pronto, aquellos que aspiren a ser candidatos a la Presidencia de la República, deberán de acreditar, a más tardar el 12 de febrero, contar con el apoyo de por lo menos 866 mil 593 ciudadanos que representan el 1% de la lista nominal de electores. El acopio de este apoyo se realizará mediante una aplicación móvil. Seguramente serán solo algunos los que puedan cumplir con el requisito de las firmas para poder estar en la boleta. Veremos si la llamada ola independiente significa aire nuevo en la actividad político-partidista del país o si simplemente será una moda pasajera encabezada por políticos ex miembros de partidos y que se autodenominan independientes.
Al margen del resultado que tengan los independientes, la ciudadanía debe de tomar la política en sus manos. Participar en sus comités vecinales, en las reuniones escolares, en las consultas públicas. La gente debe de emitir su opinión en las redes sociales, en los medios de comunicación y en las pláticas de sobre mesa. Debemos de enseñar a los niños que debatir no es sinónimo de pelear, que las discusiones y contrastes se pueden hacer con respeto y sin pelear. Que tener distintos puntos de vista no es malo, sino que al contrario, enriquece el conocimiento. Debemos de entender que nadie es dueño absoluto de la razón, que todos podemos y habremos de equivocarnos y que la política es ante todo, un ejercicio colectivo y participativo que se construye cada día a cada momento y en cada espacio.

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