EL-SUR

Martes 07 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Meade ofrece más de lo mismo

Humberto Musacchio

Enero 04, 2018

Por una coincidencia, no necesariamente feliz, los tres candidatos presidenciales más viables –AMLO, Meade y Anaya— se niegan a criticar la Ley de Seguridad Interior. La razón es obvia, pues el que gane tendrá que lidiar con la delincuencia, hasta ahora incontrolada y en crecimiento.
Ricardo Anaya ha sido el más cauto, pero José Antonio Meade no ha escatimado elogios para el discutido ordenamiento, en tanto que Andrés Manuel López Obrador predice que mantener al Ejército en la calle no representará un problema mayor. Allá ellos.
Para el líder de Morena el asunto del narco estará resuelto a medio sexenio. Para lograrlo, ya puso sobre el tapete una posible amnistía, lo que le ha valido feroz condena del oficialismo y sus voceros. De avanzar en esa línea, tendrá que delimitarse el alcance de tal amnistía y acompañarla de una legalización reglamentada de ciertas drogas, empezando por la mariguana, y un convenio con los capos para que inviertan sus inmensas fortunas en determinados negocios legales que les permitan llevar una existencia pacífica junto con sus ejércitos de sicarios.
Meade, en cambio, considera “inconcebible” sacar de la cárcel a los delincuentes porque a su juicio eso generaría mayor intranquilidad en el país. Jugándole al adivino, aseguró en Zacatecas que “la ciudadanía quiere que se combatan las armas (sic), quiere que le quitemos el dinero a las organizaciones delincuenciales, quiere que los criminales no estén en la calle y los ciudadanos estén gozando de esa mayor seguridad”.
Para el candidato no priista del PRI, debe continuar la matanza de mexicanos, se tiene que mantener la absurda prohibición en torno a las drogas, lo que genera un gran mercado para las armas, los delincuentes seguirán en la calle –cada vez en mayor número y peligrosidad–, la seguridad será siendo un sueño guajiro y el dinero del crimen continuará engordando las cuentas de funcionarios públicos, jefes policiacos y elementos desleales de las fuerzas armadas.
Lo dicho por Meade ratifica que, en el improbable caso de que él llegara a la presidencia de la República, el país presenciaría lo mismo que hemos visto en los últimos once años, pero aumentado, porque esa política, lejos de derrotar o al menos contener el crimen, ha servido exactamente para lo contrario, a costa de las vidas de más de 200 mil mexicanos, porque hay que repetirlo: los caídos en la llamada guerra del narcotráfico no son seres venidos de Marte, sino hombres, mujeres, niños y ancianos mexicanos.
La política belicista de los dos últimos sexenios no ha servido para disminuir el tráfico de estupefacientes, pero sí ha contribuido al empobrecimiento de amplias capas sociales y ha llevado a destinar inmensos presupuestos a esa guerra infame en un país urgido de resolver grandes problemas sociales.
Insistir en una política tan redondamente fallida es imponer al pueblo de México más y mayores sacrificios. El continuismo que anuncia y promete la candidatura de Meade Kuribreña sólo será causa de más sufrimiento, pues él fue impuesto a los priistas para mantener las políticas hoy en juego, esas mismas políticas que nos han convertido en un vergonzoso apéndice de Washington, que ni siquiera lo agradece.
Legalizar las drogas, por lo menos la mariguana y alguna otra, no acabará con la criminalidad, fenómeno inherente a todas, absolutamente todas las sociedades, pero en un contexto de medidas inteligentes permitiría desactivar en gran medida a un alto porcentaje de la delincuencia, a la que se deberá abrir otra perspectiva de vida si se liberan recursos fiscales y privados para la inversión productiva.
Pero sería absurdo esperar de Meade algo novedoso. No está en su horizonte un México distinto al engendrado por las políticas neoliberales. Cree, con la tozudez del converso –antes sirvió a los gobiernos panistas–, que la reforma educativa abatirá la pobreza del país, la que de ser exitosa, lo que es del todo improbable, tardaría algunos decenios en mostrar tan generoso resultado.
Con tales desatinos, prefiere confiar en el sueño del continuismo y deja a la quiromancia su futuro. Dijo en Zacatecas: “No podría de hecho yo haber arrancado con un espectro de apoyo tan alto: Desde la bruja Zulema hasta el Financial Times. Ya ganamos todo el espectro y todo el espectro dice que pinta bien”. Ignoramos lo que le haya dicho la tal Zulema o su espectral informante, pero el Financial Times no está tan seguro de su triunfo. Ya veremos qué dice cuando se entreviste con los brujos de Catemaco, Veracruz.