Humberto Musacchio
Diciembre 01, 2025
Medalla INBA a Jodorowsky
Tarde, pero todavía oportuno, fue que se reconociera el gran aporte de Alejandro Jodorowsky al teatro y al cine de México. Nada menos que eso significa que el INBA le haya otorgado la Medalla Bellas Artes al padre del teatro-pánico, quien vino a México con la compañía de Marcel Marceau e invitado por Salvador Novo se quedó aquí de 1960 a 1972. Sólo en su primer año estrenó nueve obras de teatro y una de ellas, La ópera del orden, fue cancelada por la censura al día siguiente de su estreno. Con El juego que todos jugamos resultó más afortunado y exitoso, pero estaba en la mira de la censura, que cayó implacable sobre la Sonata de los espectros, de Strindberg, y la prohibió inmediatamente después de su primera función. En la pantalla grande, dice García Riera, con Fando y Lis inicia la corriente del “cine esotérico, que sí parecía de verdad moderna y cosmopolita”, aunque fue hasta 1972, cinco años después de su rodaje, cuando se permitió en México su exhibición comercial. Otro de sus grandes éxitos fue El Topo, “western zen” donde Jodorowsky aportó dirección, música y actuación. Con La montaña sagrada le fue peor, pues la censura le impuso corte por un total de 15 minutos, la ultraderecha católica lo amenazó de muerte porque supuestamente insultaba a la Virgen de Guadalupe, lo que, por supuesto, negó el artista, y el gobierno de Luis Echeverría le puso condiciones que de no acatar lo pagarían él y su familia, por lo que abandonó el país. En El Heraldo Cultural que dirigía Luis Spota publicó durante seis años sus Fábulas pánicas, que pueden consultarse en la Hemeroteca. En suma, el chileno-francés abrió caminos al cine y al teatro de México. Merecidísima medalla.
¿Feminismo o malinchismo?
Anunció la presidenta de la República que dará continuidad al llamado Paseo de las Heroínas, tramo de Reforma entre la Diana y Chapultepec donde se levantan esculturas –no todas de calidad– de mexicanas notables. Suponemos que se instalarán estatuas de la Reina Roja de Palenque, de la purépecha Eréndira y de mis desconocidas Tecuichpo Ixcaxochtzin, de la mixteca Señora 6 Mono y la tolteca Xiuhtzatzin. Otra homenajeada será Malitzin, sí, la Malinche que tantos y tan buenos servicios prestó a Hernán Cortés como traductora y amante, de ahí que los mexicanos la consideremos como una traidora, lo que no comparte la mandataria porque se trató de una mujer esclavizada por un grupo indígena que la vendió a los españoles. Jesusa Rodríguez, al parecer inspiradora del asunto, dice que la intención es desmontar las “mentiras tejidas alrededor” de la personaja, a la que se rinde homenaje al grito de “¡Qué traidora ni que la chingada!”, porque era políglota, como señaló doña Claudia Sheinbaum, y las atrocidades de los conquistadores no le son atribuibles. Cabe preguntar si en la misma línea se rendirá homenaje a otros fieles servidores de la agresión extranjera, como Antonio López de Santa Anna, Miguel Miramón o Tomás Mejía.
Abigael Bohórquez, a 30 años
Hace tres décadas murió Abigael Bohórquez (Caborca, 1936-Hermosillo, 1995), poeta, dramaturgo, profesor y promotor cultural. En su natal Sonora cursó dibujo publicitario y en los años sesenta, ya en la Ciudad de México, estudió arte dramático en el INBA y en la ANDA. Fue jefe de Literatura del Organismo de Promoción Internacional de Cultura y director de la Sala de Arte OPIC que se hallaba atrás del ex templo de Corpus Christi, arriba de un café llamado Rosso e Nero, al que llegó una tarde cierto tipo bigotón, quien agotó rápidamente una taza de exprés y subió decidido a la citada sala, donde leyó el adelanto de una novela loca situada en un lugar llamado Macondo. En el mismo lugar los jóvenes de entonces tuvimos oportunidad de asistir gratuitamente a recitales de poesía de Carlos Pellicer, Efraín Huerta y otros talentos; a obras de teatro, exposiciones de pintura, recitales del llamado canto nuevo o de protesta, a mesas redondas sobre diversos temas, a conferencias de personajes de la época y a funciones de ballet de cámara, pues el lugar no era muy grande. Bohórquez dio oportunidad a muchos jóvenes de mostrar su talento y de entrar en contacto con grandes creadores. Dejó una muy considerable obra poética y fue un homosexual que no ocultaba su condición cuando la identidad LGBT era mal vista y hasta prohibida.
Poniatowska y la senadora
“La importancia de Elenita, Poni o Princesa Roja, como muchas y muchos le han dicho en su vida, también radica en que, a través de sus escritos, visibiliza los problemas sociales del país, es algo muy importante y que no cualquiera lo hace. Su solidaridad con el movimiento social es algo que yo siempre he admirado. La paciencia de Elena para observar a las personas, mirar sus vidas y entender sus motivaciones, para luego plasmarlas en palabras que condensan sentimientos y anhelos, permite a sus lectores quedar bajo un encanto después de leer sus escritos, crónicas o novelas”. Lo anterior fue dicho por Beatriz Mojica, la senadora guerrerense por Morena, y hay que estar de acuerdo con ella. La Poni es única. Por eso tantos la adoramos.