EL-SUR

Martes 07 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

¿Mentiroso, renegado o mero alfil?

Humberto Musacchio

Julio 14, 2016

Como si nada hubiera cambiado y todavía estuviéramos bajo el absolutismo de otras épocas, de las alturas bajó la orden de ungir como presidente del PRI a un hombre de dudosa filiación política, el señor Enrique Ochoa Reza, quien hasta hace unos días cobraba como director general de la Comisión Federal de Electricidad.
Cuando fue asesinado Luis Donaldo Colosio, Carlos Salinas impuso como candidato priista a un pequeño tecnócrata, individuo que traicionó a su benefactor y le hizo la vida imposible para acabar entregándole la Presidencia de la República al PAN, o más bien a un bárbaro que contribuyó en forma decisiva al desbarajuste que vive el país.
La lección fue que el presidente en turno ya no debía elegir sucesor, y que hacerlo tenía un altísimo costo. Vicente Fox quiso imponer a uno de sus paniaguados y no pudo. Felipe Calderón pretendió evitar un desaguisado semejante y colocó a varios de sus acólitos al frente del PAN, hasta que finalmente llegó Gustavo Madero, que no le permitió designar candidato presidencial.
Al empezar su sexenio, momento en que el Ejecutivo tiene fuerza porque no ha gastado su capital político, Peña Nieto nombró presidente del PRI a César Camacho Quiroz, un experimentado político que ya había sido diputado, gobernador y senador. Luego, muy a su pesar, el mandatario aceptó que encabezara el partido Manlio Fabio Beltrones, otro político de larguísimo y retorcido colmillo, al que derrotó no tanto el PAN como el sabotaje de varios secretarios de Estado y gobernadores.
Ahora Los Pinos manda al PRI a un hombre prácticamente desconocido en la organización partidaria. Por supuesto, han aplaudido la designación los espectros de la CNOP, la vetusta charrería del sector obrero, algún dirigente de la CNC y los matraqueros de siempre, fieles a sus hábitos de sumisión y coprofagia.
Pero ha sido tan burda la imposición, que algunos priistas han manifestado su desacuerdo. Por ejemplo, el ex gobernador de Oaxaca Ulises Ruiz o Ricardo Aguilar, quien fuera líder priista en el Estado de México y secretario del Trabajo en el gabinete de Peña Nieto cuando fue gobernador. Más valiosa es la crítica de una priista tan respetable como Dulce María Sauri Riancho, que se unió al coro de pocas pero muy estentóreas voces que se oponen a este dedazo.
Y no dejan de tener razón. Los priistas constituyen el partido más disciplinado de los que actúan en la arena nacional. Si algunos se han atrevido a manifestarse en contra, es que las cosas han llegado a extremos enfermizos, grotescos. Por ejemplo, para avalar la antigüedad de Ochoa Reza en el partido, primero se dijo que databa de 2004, luego se dio a la publicidad una credencial con el número 0003, esto es, de las que firmaba Rafael Pascasio Gamboa en enero de 1946, pero que en este caso está fechada el 15 de julio de 1991 y lleva las rúbricas de Luis Donaldo Colosio y Rafael Rodríguez Barrera, sin que aparezcan sus cargos en el documento que tiene abajo la firma reconocible de Enrique Jackson, pero sin su nombre, él sí con el cargo de presidente del Comité Directivo Estatal de una entidad que no es estado, sino Distrito Federal.
Como la engañifa era muy obvia, al día siguiente circuló otra credencial, ésta con el logo y la leyenda “Partido Revolucionario Institucional Distrito Federal”, número 100-13803, sin fecha de expedición, pero sí con la leyenda “Vence Dic. 1991”, y las firmas y nombres de Jackson, presidente del comité regional, y Marcelo Ebrard, secretario general, así como otra rúbrica sin nombre.
No es un dato menor que durante las elecciones de 1997 Ochoa Reza fuera consejero electoral en el distrito 21 de la ciudad de México, tiempo en el que guardó un piadoso silencio sobre su contrahecha militancia. Luego, de 2009 a 2011, volvió a hacer mutis cuando se desempeñó como director del Centro de Capacitación Judicial Electoral del TEPJF.
El documento más contundente sobre la militancia inventada de Ochoa Reza es un video de su comparecencia del 21 de octubre de 2010 ante la Comisión de Gobernación de la Cámara de Diputados, cuando quería ser consejero electoral del IFE y a pregunta expresa de Enrique Ibarra respondió: “No formo parte del Consejo Nacional del PRI ni soy militante”, pero sí fue parte de ese cuerpo en 2006 y ha tenido militancia, así sea escasa e intermitente. En fin, si los priistas así se llevan entre ellos, ¿qué podemos esperar el resto de los mexicanos?