Anituy Rebolledo Ayerdi
Mayo 15, 2025
Plaza Álvarez
El primer mercado de Acapulco fue un tianguis de poner y quitar el mimo día por ocupar los alrededores de la parroquia a La Soledad y extenderse hasta la mitad de la plaza principal, Juan Álvarez. El trajín se iniciaba a las 5 de la mañana con la llegada de los comerciantes, cargando a lomo sus mercancía e incluso en famélicos pollinos. Alumbrados siempre con mecheros se petróleo.
Lo propios comerciantes habían diseñado la distribución de sus mercaderías. Las carnes de res y cerdo y las aves en la calle lateral del templo, presentados sobre hojas de plátano. Las frutas y legumbres eran exhibidas en petates sobre el piso, la leche era servida directamente de los picheles y guardadas las tortillas en gordos tecomates. Siempre presentes, los varilleros con sus mil y una chucherías.
La servidumbre de hospederías y casas ricas eran los primeros en llegar a las mesas de carnes atendidas por don Pablo Morales y don José Osorio. La de este último, cuya zahurda se localizaba en Obregón (Cuauhtémoc) y Aquiles Serdán, fue famosa por sus chicharrones carnositos y tronadores. Corría la primera década del siglo XX
Ojotones
Los productos más frescos del tianguis eran sin duda los peces hurtados minutos antes a la bahía. Montañas de ojotones a centavo la docena, convertidos (fritos con morisqueta y salsa verde) en boccato di cardenali . Lo siguen siendo hoy mismo.
Elfego Dorantes, un joven muy moreno dedicado a la pesca de ojotones, padecía una enfermedad que le hacía temblar los brazos y que por tal respondía al apodo de El Meneíto. El mismo solía burlarse de su mal para exaltar las virtudes de su mercancía: “¡Vale que los traigo muertos!”, presumía de sus cargamentos de ojotones.
La porracera
Recuerda el cronista Carlos Adame que la playa Terraplén (frente al hotel Las Hamacas) era clásica para la pesca de sardinas. Tal era la porracera (como era conocida la arribazón de cardúmenes) que niños y mujeres lograban grandes capturas utilizando canastos de mimbre.
El ciclón de 1912
El ciclón del 30 de octubre de 1912 se lleva consigo el mercado y buena parte de la ciudad. Vientos de más de 200 kilómetros hacer desaparecer las techumbres a una treintena de casas del barrio de La Candelaria, mismos vientos que le arrebatan a un hombre a sus dos hijas caminando tomados. Rescata sólo a una de ellas. Pocas palmeras quedan en pie y dos canoas amanecen en todo lo alto de los árboles del Zócalo.
Mercado Zaragoza
La administración municipal de don Samuel Muñúzuri López decide matar dos pájaros de un tito: dota al puerto de un mercado decente y le devuelve la dignidad a la plaza principal de Acapulco. Logrará tales propósitos corriendo el año cabalístico de 1913, el año de la Decena Trágica y del “hágase la luz en el puerto”. La ciudadanía opina sobre el nuevo centro de abasto, pero sin exigirlo así o asado, simplemente céntrico y limpio.
Hombre sencillo y sensible, don Samuel conoce el sentir de sus gobernados, además de saber escucharlos. El mercado proyectado se levantará en la plazuela Zaragoza, a una cuadra de la plaza Álvarez. Revela orgulloso que el gobernador del estado, José Inocente Lugo, le ha ofrecido todo su apoyo para la obra.
El mercado Zaragoza contaba con una nave única, un galerón abierto con columnas griegas y techo de teja. Se levantaba frente a la poderosa Casa Alzuyeta, de don Domingo Alzuyeta. Tenía a su lado izquierdo la tienda de don Francisco Escudero y Esponcedra, padre de los futuros mártires Francisco, Felipe y Juan, alcalde de Acapulco este último (hoy Milano) Tienda esta sitiada por un numeroso grupo de vendedores ambulantes, fijos y semifijos.
Las instalaciones del mercado contarán con sistema eléctrico , “para cuando llegara la electricidad”. Luego lueguito, en noviembre de ese año, vía una planta de luz propiedad del hispano Enrique Colina, a quien incluso los jotos aspiraban a tenerlo como suegro, vía Laurita, la dama más hermosa del puerto.
La carestía
La docena de ojotones encarecerá en la década de los 30 hasta alcanzar los 35 centavos la docena, lo mismo que los agujones. La leche bronca, sin bautizar, 15 centavos el litro. Una gallinita criolla se cotizaba en 12 centavos y 3 centavos un huevo colorado de rancho. La vara de manta cruda se cotizaba en 25 centavos y 10 centavos la boleada de calzado.
El litro de tractolina para estufas, 15 centavos y 20 centavos el de petróleo diáfano para candiles y quinqués. 20 centavos la cerveza y cinco centavos una gaseosa marca Trébol, elaborada por don Rafael Pintos . Y una copa de coñac francés, 50 centavos
Por lo que hace a los automóviles, un Ford 1934 se cotizaba en 3 mil pesos y un Chevrolet 1936 en 6 mil pesos. Una dejada de taxi, 50 centavos.
Presidente Flores
El presidente del Consejo Municipal de Acapulco, coronel Agustín Flores, impuesto por el gobernador y general Alberto F. Berber, sorprende y escandaliza a los porteños cuando, un día, al frente de un piquete de zapadores, arrasa hasta sus cimientos con el mercado Zaragoza.
–Era un adefesio que apestaba a mierda –fue la única y rotunda explicación ante miles de bocas abiertas y ojos cuadrados.
Aunque ello era absolutamente cierto, nadie en el puerto se lo creerá. Por el contrario, tomará cuerpo la versión de que el alcalde Flores había recibido un cañonazo de miles de pesos del comercio establecido, particularmente de la Casa Alzuyeta, para quitarles de enmedio tremendo cochinero.
Ya sin los malos olores del mercado, la plazoleta será llamada Juan R. Escudero, en honor del mártir que había nacido en ella. Al fondo, la Casa Alzuyeta, diseñada por el arquitecto francés Gustavo Eiffel, el mismo de la torre parisina, que reducía drásticamente la avenida Alvaro Obregón, más tarde Cuauhtémoc. El alcalde Alfonso Argudín Alcaráz la obsequiará a los colegios de ingenieros y arquitectos.
Plazoleta Escudero
La plazoleta Escudero albergará durante las décadas siguientes los famosos establecimientos comerciales La Divina, de don Antonio Schekaibán y doña Nabija Haddad, atendida por la prole integrada por Dolores, Antonio, Carlota, Roberto y Divina. Don José Saad no presumirá de originalidad con Los cedros de Líbano y el escritor libanés Aniceto Goraieb atenderá personalmente su empresa en la esquina con Roberto Posada.
Harán lo propio don Ramón Córdova de su negocio especializado en pieles de lagarto; don Casimiro Alvarez de su Gran Barata; don Chucho Ruiz de La Sucursal; don Pascual Aranaga de Aranaga y Cía y el Centro Mercantil; don Félix Muñúzuri en Las Tres B; don Pepe Martino en La Suiza, ultramarinos finos. Y en la angostura y la calle Cuauhtémoc, el siempre jovial don Pedro Kuri Jazbec, al frente de su popular establecimiento Driles y Casimires.
El asturiano Arturo García Mier Fernández (papá de Alicia, Orfelina, Etelvina, Arturo, Lastenia, Palmira, Lourdes Adamina y Marcia) innovará los tipos de su imprenta y papelería La Asturiana (hoy Woolworth). Ahí también la zapatería El Tigre, de don Moisés Cimes; el Bazar de Acapulco, de don Jesús Duque; El Delfín, de Abraham Charfén; El Faro, de don Alberto Fares; la ferretería Muñúzuri, la gasolinera de Pepe Polin Tapia y el sitio de autos Escudero.
El Parazal Fernández
Cuatro años más tarde de la demolición del Zaragoza –en el interín todo el centro de la ciudad será área comercial– el gobernador Rafael Catalán Calvo entrega un moderno mercado asentado en un predio conocido como Parazal Fernández (hoy Mercado de las Artesanías) propiedad de don Ignacio Fernández, cuyo nombre obedecía a sus numerosas hectáreas sembradas con zacate “pará”, hábitat, además, de miles de ranas. Tiempo atrás había formado parte de un mesón para arrieros , sobre la actual avenida 5 de Mayo.
Sucederá, sin embargo, que al nuevo mercado del Parazal no se le parará ni un alma, ni vendedores ni compradores, considerándose lejano y peligroso. El comentario del alcalde fuereño, como lo era Antioco Urióstegui, no se hará esperar: “¡pero que pinche gente tan remilgosa y güevona!”, rematado con un enérgico “¡Tengan su nuevo mercado!”.
El Mercado Central de Acapulco se incendia el 16 de julio de 2012, provocando la pérdida total en 48 establecimientos de la nave de ropa, sin ninguna víctima. A pedido del alcalde Luis Walton, el gobernador Ángel Aguirre Rivero lo reconstruirá con nuevas naves, mediante una inversión de 60 millones de pesos. .
El Parazal cumplirá con exceso su ciclo utilitario y será relevado 25 años más tarde por el mercado de Constituyentes, edificado en el gobierno del alcalde Heredia. Sobre parte de la superficie desocupada, el alcalde Israel Hernández construirá el mercado de artesanías, en cuyo estacionamiento se fundará el Tepito acapulqueño.
Alcaldes
Un inmueble concebido por el alcalde Ismael Valverde (1951-52) como mercado de zona, en Arteaga y Canal de Aireación, será habilitado como palacio municipal. Ello cuando el del centro resulte afectado por los sismos, despachando en él hasta nueve alcaldes. Luego será convertido en sede de la CAPAMA.