EL-SUR

Miércoles 03 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

México sin ciudadanos

Florencio Salazar

Octubre 13, 2025

 

“Las dictaduras no se imponen, se deslizan por la indiferencia.”. Vaclav Havel.

El espejismo cívico. La llamada marea rosa demostró que hay energía social, pero no conciencia política. Millones marcharon en defensa del INE o la Suprema Corte, pero el gobierno no se vio obligado a dialogar ni retroceder. Las protestas fueron morales, no estratégicas: sin coordinación gremial, sin boicot económico, sin desobediencia civil. La historia enseña que toda movilización que no pasa del grito a la acción termina siendo tolerada o absorbida.
Claudio X. González, su principal impulsor, simboliza el límite de ese movimiento. El empresariado mexicano defiende libertades cuando siente amenazados sus intereses, pero no cuando está en juego el Estado de derecho. Su acción es más mediática que política, más protectora del mercado que de la república. Por eso, cuando la protesta debió transformarse en presión, prevaleció la cautela.
La hegemonía benevolente. El éxito de Morena se explica por su base clientelar, no ideológica. Los programas sociales convirtieron al ciudadano en beneficiario del líder, y al voto en gratitud. No se trata de justicia social, sino de dependencia emocional. En esa relación se borra la noción republicana de que los derechos derivan de la Constitución, no de la voluntad del caudillo.
A esta estructura se suma una tenaza que paraliza al ciudadano: la indefensión jurídica y el crimen organizado. Las instituciones judiciales se degradan por corrupción o miedo, y el territorio se fragmenta en poderes fácticos. Entre la impunidad oficial y la violencia criminal, el mexicano vive bajo una doble servidumbre: la del Estado que no protege y la del miedo que impide actuar.
¿Qué hacer? El primer paso es cultural. Hay que reconstruir la conciencia ciudadana, enseñar nuevamente lo que significan la Constitución, la división de poderes y la rendición de cuentas. No en seminarios académicos, sino en plazas, cafés, escuelas, asociaciones y foros comunitarios. Un país sin educación cívica no produce república.
En segundo término, urge articular un movimiento civil no partidista. La defensa del orden constitucional no puede quedar en manos de empresarios ni de políticos reciclados. Se requiere una alianza de juristas, educadores, escritores y jóvenes urbanos decididos a defender libertades concretas: la prensa libre, la autonomía universitaria, el poder judicial independiente. La historia demuestra que una minoría organizada puede ser el germen de una mayoría lúcida.
Finalmente, el horizonte debe ser la reconstrucción del contrato social: un nuevo pacto basado en la ley, la educación y la ética pública. Sin justicia accesible, sin escuelas críticas y sin verdad como norma, México seguirá siendo un país administrado por la resignación.
Entre el exilio y la esperanza. La tarea no es menor: volver a formar ciudadanos en un país que ha olvidado lo que significa serlo. No se trata de derrocar a nadie, sino de reconstruir la dignidad política. Como escribió Havel, “vivir en la verdad” es la forma más profunda de resistencia.