EL-SUR

Sábado 18 de Mayo de 2024

Guerrero, México

Opinión

Migrantes, el dilema de la Unión Europea

Gaspard Estrada

Enero 27, 2016

Para algunos analistas, 2015 fue el año en el cual la Unión Europea rompió con su proceso de construcción política supranacional. Si bien para unos este proceso empezó en 1989, cuando cayó el muro de Berlín (y por ende, terminó la división de Europa en dos), es innegable que la Unión Europea (UE) vive su peor crisis desde su fundación, en 1950. Desde la firma del Acta Única Europea, en 1986, todo el proceso de construcción institucional comunitario tenía como objetivo crear un mercado común, que permitiera –a diferencia del TLC firmado posteriormente por México, Estados Unidos y Canadá– una libre circulación de bienes y personas, y que tuviera, in fine, una moneda común. Durante el año pasado, estos dos baluartes de la UE perdieron el consenso que tenían tanto en la opinión pública como en el debate político-institucional de la región. En este contexto, Alemania, el país más influyente dentro de la UE, parece, por vez primera, estar perdiendo la disputa política en el conglomerado de países que la integran.
A raíz del aumento masivo del número de inmigrantes provenientes del Oriente Medio (en particular de Siria e Irak) durante el año pasado, la canciller Angela Merkel sorprendió a propios y extraños al anunciar que su país estaría dispuesto a recibirlos, sin imponer un límite cuantitativo para ello. Esa decisión, tomada de manera solitaria, provocó una reacción del Congreso alemán y en particular del principal aliado de la CDU (el partido de la canciller), el partido bávaro CSU. En un primer momento, gracias al respaldo en aquél entonces de la opinión pública alemana, la canciller Merkel logró imponer su línea política a la mayoría parlamentaria. Sin duda, el contexto de la muerte del niño Aylan contribuyó a que el posicionamiento de Angela Merkel fuera aceptado por la opinión pública. Sin embargo, a medida que el tiempo fue pasando y que quedó claro que Alemania no podría recibir por sí sola a todos los refugiados, varios estados miembros de la UE empezaron a ver llegar a miles de personas indocumentadas en sus países, por lo que decidieron cerrar sus fronteras a pesar de la existencia del tratado de Schengen, que garantiza la libre circulación de las personas en los países signatarios.
Por otro lado, la amplia cobertura dada por los medios alemanes a la llegada de los migrantes contribuyó a modificar negativamente la percepción existente sobre estos últimos (en particular, después de los e los atentados terroristas en París y de los hechos violentos en la ciudad de Colonia, donde varias mujeres alemanas sufrieron tentativas de violación a manos de extranjeros), lo cual ha venido dificultando la acción política de Angela Merkel en el seno de la UE. Estos hechos provocaron una reacción tanto del gobierno alemán, como de la Comisión Europea, que como guardián de los tratados ha actuado para evitar que el espacio de Schengen desaparezca simple y llanamente. En ambos casos, la estrategia adoptada ha consistido, por un lado, en la búsqueda de un acuerdo con Turquía, país por donde transitan la mayoría de estos flujos migratorios, para evitar la llegada de más inmigrantes, y por el otro la voluntad de repartir de manera equitativa entre los miembros de la UE a la mayoría de los migrantes. Sin embargo, a pesar del capital político invertido por la canciller y la comisión europea en estas agendas, la gran mayoría de los estados miembros han evitado asumir este tipo de compromisos, de tal manera que, por primera vez desde hace casi 10 años, Angela Merkel se ha visto incapacitada para ejercer su liderazgo en la UE. Si bien el aumento del poder de esta última ha coincidido con la disminución de la influencia de la Comisión Europea (es decir, del carácter supranacional de la UE), la pérdida de una capacidad de iniciativa política de uno de los países fundadores de la UE puede contribuir a profundizar todavía más la crisis de esa comunidad.

* Analista Político del Observatorio Político de América Latina y el Caribe (OPALC), con sede en París.

@Gaspard_Estrada