EL-SUR

Sábado 01 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Minicompendio de amores

Ana Cecilia Terrazas

Febrero 12, 2021

Hace algún tiempo una adorada trabajadora del hogar se topó con una niña quien por desnutrición parecía de 9 pero tenía 12 años. En plena estación de autobús, de regreso de un viaje, vio que la maltrataban y la andaban regalando. Conmovida, la adoptó. Hoy esa niña tiene dos hijitos, una familia adoptiva y una mamá que la quiere.
El bisabuelo adoptó a los ocho huérfanos hijos de sus amigos fallecidos en accidente. En su casa daba cobijo, además, a cuñada, tía, dos hijas y a hijo con todo y su familia. De madrugada, antes del trabajo, amasaba pan para los desayunos y mudaron su habitación a la azotea para garantizarle comodidad a todos los demás.
¿Cómo le hace nuestra amiga después de que hace año y meses perdió la vida su hermosérrima y súper joven hija? Ella, casi siempre fuerte, disciplinada, amazona total, pendiente del otro hijo y absoluta guerrera contra las adversidades nuevas, cualesquiera que éstas sean y vengan –como la pandemia–, suele explicar: “vivo gracias a mis amigos”. ¿A qué exactamente? Al conjunto, a los detalles. Telefonemas, cariños, comidas, calditos a domicilio, apoyos económicos cuando hicieron falta, llamadas, whats, grupos de terapia, contactos, abrigos, apapachos. Cuidados pequeños o cuidados grandes pero cuidados a diario.
Susana visita semanalmente el asilo de su mamá y traviesamente le infiltra croissants o algún juego aunque solamente la ve a través de un vidrio. El resto de su tiempo, completito, lo dedica a la familia, a su hijo adolescente con parálisis cerebral y a su tremenda pasión que es salvar perros. Susana ha formado una asociación sin fines de lucro para contactar a gente necesitada de perros y a perros necesitados de gente. Tiene un circuito de contactos –peluqueros, veterinarios, donadores– para que fluya y se restaure ese hilvanado de acompañamientos con amor.
Por cierto, un perrito necesitado de los que estaban dentro del radio de Susana, con insólitos 21 años de vida, fue adoptado el año pasado, en plena pandemia, por una joven estudiante. Ella deseaba entregar su querencia a un perrito joven y vital. El can centenario, sin embargo, le conmovió hasta el tuétano. Lo adoptó y se acomodaron en familia unos meses hasta que la vida, como iba, se les andaba terminando. El perrito era hambriento y cariñoso, pero ciego, malhumorado, incontinente, artrítico. Según su última dueña, “lleno de entusiasmo por amanecer”. La acompañó estoico con su andar lerdo y difícil. La soltó justo cuando era necesario para que ella pudiera seguir su camino de manera singular.
Cuando Arantxa Colchero vivió fuera de México, de jovencita, su genio artístico fue arropado por dos personajes: la vecina, quien le prestaba casa e instrumento a diario para que ella practicara, y el maestro Robert Thérond, con dificultades para caminar producto de un accidente, “grande de estatura, edad y bondad”. Él decía que sobrevivió gracias al apoyo de gente que lo quería, así como por el amor a la música. Thérond tarareaba con pasión las percusiones de su alumna y hasta la recomendó mediante hermosa carta, cuando supo que regresaría a México, con el director del Conservatorio Nacional de Música.
Los abuelos españoles de Lety y Maricruz vinieron a México por los años veinte. Ambos necesitaban a sus familias pero él, como veía que su esposa languidecía de nostalgia, ahorraba todo para traer uno a uno a sus cuatro hermanos. Hoy resultan 110 descendientes de ese esfuerzo.
A la amiga de Fernanda, por ser madre soltera y de 40 años, le condicionaron la adopción a que fuera de dos hermanitas, de 9 y 11 años. Una vez en casa, las niñas confesaron tener otra hermana, adolescente. La amiga regresó por la tercera y ha sacado adelante a una familia feliz de cuatro.

@anterrazas