Jesús Mendoza Zaragoza
Septiembre 22, 2025
Septiembre es el mes de los informes de gobierno. Ya han dado sus informes la presidenta de la República, la gobernadora del estado de Guerrero y la presidenta municipal de Acapulco. Informar es una obligación constitucional, al mismo tiempo que es conveniente que la población considere esos informes sobre las actuaciones de sus respectivos gobiernos. De ordinario, esos informes contienen cifras y estadísticas, siendo más cuantitativos que cualitativos. Esos informes reflejan una mirada –que siempre es una interpretación desde un palacio– desde el poder público, una mirada desde arriba, que necesitarían complementarse con la mirada desde abajo, desde la ciudadanía de a pie.
La mirada desde un palacio no es la misma desde una choza; son miradas diferentes y, por lo mismo, complementarias. Habría que combinar ambas miradas para conocer lo que está sucediendo en este país, y conocer la realidad, la realidad de México. Por otra parte, cada mirada es una mera interpretación de los datos sobre la realidad y no es la misma realidad. Cada mirada es una interpretación que se elabora a partir de la experiencia, de los datos duros, explicada por una ciencia: la hermenéutica.
Hay temas muy sensibles en los que convendría escuchar las dos miradas o interpretaciones: la de arriba y la de abajo, la del palacio y la de la choza, la del poder público y la de los campesinos, indígenas y ciudadanos. Temas que requieren un diálogo entre las dos miradas con un enfoque de complementariedad, tales como el campo, la pobreza extrema, la violencia, la inseguridad, la educación, la cultura, la economía social, el servicio público y la sociedad civil.
Para ejemplificar uno de estos temas, pensemos en el campo mexicano. Desde arriba hay presupuestos, cifras, estadísticas, programas, evaluaciones y resultados. ¿Cómo pueden interpretar los resultados de los programas gubernamentales, campesinos, indígenas, agricultores, organizaciones campesinas de comunidades agrarias y ejidales? Ellos tienen su propia interpretación de su realidad, a partir de su propia experiencia y de su realidad. Ellos saben cuáles apoyos necesitan –para el desarrollo de la producción, los servicios y la comercialización– de parte de las autoridades, tales como apoyos financieros, legislativos, jurídicos y comunitarios. Eso sí sería democracia.
Otro tema sensible, muy sensible, es el de las múltiples violencias que, desde hace más de dos décadas, sobre todo la que proviene de la delincuencia organizada que amedrenta a la población de las ciudades y del campo, con territorios controlados por organizaciones criminales, en los que ellos muestran un gran poder que llega a sustituir a los poderes constitucionales, cuando la “gobernanza” la tienen en sus manos. Este es un tema sumamente sensible en el que necesitamos escucharnos todos: la interpretación de los datos y estadísticas desde arriba y desde abajo. Escucharnos entre los ciudadanos, entre el poder público, la sociedad civil. La participación y la interpretación de todos es fundamental para salir de este añejo túnel que desde hace muchos años no miramos la posible salida.
Para que esto suceda, es necesario recuperar la confianza perdida. Hay desconfianza entre las instituciones públicas, privadas y sociales por razones históricas. Hay desconfianza en la sociedad civil y entre sus organizaciones, hay desconfianza hacia los gobiernos. La confianza es clave para el diálogo y para visualizar un proyecto de nación entre ciudadanos comunes y las instituciones. Sobre todo, la confianza entre los palacios y las chozas, de todas las chozas que existen en el país.
Con los informes que hemos escuchado no es posible conocer la realidad, porque es solo una interpretación desde el poder. Escuchamos solo una mirada, la que se hace desde arriba, que no incluye la mirada desde el pueblo. Cuando el pueblo sólo escucha y no expresa su voz haciendo su propia interpretación de los informes de gobierno, se queda a mitad del camino. Pensemos que la gente tiene sus propios temas, que no suelen tener el interés de los gobiernos. Sólo si la gente es escuchada, y cuando hablamos de la gente, hablamos de toda la gente, puede hablarse de “pueblo”. Cuando no es escuchada podemos hablar de sólo populismo.