EL-SUR

Sábado 22 de Enero de 2022

Guerrero, México

Opinión

Miserables

Jesús Mendoza Zaragoza

Mayo 08, 2017

Ya se están dejando ver personajes de la política, algunos de ellos muy siniestros, que están promoviendo programas de apoyo a comunidades empobrecidas, repartiendo las tradicionales despensas u otros beneficios de asistencia. Saben los tiempos para cada cosa y estamos en tiempos preelectorales. Tiempos para hacerse visibles y para construir una precandidatura o candidatura como puerta para continuar viviendo del erario público. Y para meterse en los enredos de la corrupción.
La pobreza extrema, tan amplia en nuestros pueblos les abre la oportunidad para conectarse con la gente tan necesitada de alimentos, de salud, de servicios y de ayudas puntuales. A esos políticos les encanta acercarse a los más pobres en estos tiempos y cuando están en el poder desaparecen. Su oficio es y ha sido desde hace muchos años, lucrar con la pobreza. No les conviene que deje de haber pobres y necesitados porque viven de ellos.
Son expertos en el arte de la humillación mediante sus dádivas que llevan detrás el veneno de la perversa dependencia que reproduce y refuerza la miseria de los pobres. Al mismo tiempo, fomentan la resignación de la gente en su condición de sufrimiento y hunden su autoestima. Resulta grotesco mirar esas escenas de los políticos que se aparecen con paliativos para la pobreza porque el escaso beneficio que ofrecen llega corrompido por sus intenciones de utilizar a los pobres.
Los pobres no necesitan regalitos contaminados por los intereses facciosos o personales de políticos o de sus partidos. Necesitan contar con las condiciones para valerse por sí mismos. Condiciones estructurales que les faciliten la posibilidad de contar con un buen empleo y de ganarse la vida con dignidad con el esfuerzo de su trabajo. Esos políticos no saben de dignidad porque no la tienen y no la saben reconocer en los demás, menos en los pobres. Viven utilizando a todos porque son utilizados por el sistema. Viven en un círculo vicioso que los hace perniciosos haciendo daño por donde quiera.
No son de fiar porque no conocen el respeto que merecen quienes sufren. La verdadera compasión no busca las fotos para lucir falsas filantropías. Aprovechando la postración económica, social y emocional de la gente muestran lo peor del ser humano. Lo peor es que son unos asesinos. Si, unos asesinos porque matan lo que al ser humano mantiene vivo y con ánimos de luchar por su dignidad. Matan la esperanza. Con sus actitudes y sus acciones le transmiten un mensaje cruel a la gente. Les dicen: “Ustedes son unos inútiles, no pueden por sí mismos, resígnense, no luchen, yo les daré tinacos, láminas de cartón, anteojos, despensas, sólo les pido el voto para que lleguen”.
Esa clase de políticos sólo merece desconfianza. Si así tratan a la gente, si así la humillan, ¿qué cosa no harán estando ya en el gobierno? Son unos corruptos porque dañan la misma actividad política que debiera dignificar en lugar de humillar.
Estamos en tiempos en los que se van a dejar ver verdaderas plagas de esta clase. Tiempos de humillación y de desprecio por la dignidad de los pobres, tiempos de agravios políticos en masa, tiempos en los que se refuerza la pobreza mediante el uso grotesco de la política, tiempos en los que los pobres tienen que soportar estas visitas de asesinos y de corruptos. Tiempos de oprobio y de mezquindad. Tiempos en los que se refuerza la desesperanza y la maldita resignación. Tiempos para escuchar los cantos de las sirenas que presagian un alto riesgo para los pobres. Y no sólo para ellos sino para toda la sociedad.
Otra cosa sería si los políticos se acercaran a los pobres sin toda esa malvada parafernalia y manifestaran respeto y compasión, los escucharan e interpretaran sus sufrimientos y los animaran a luchar con dignidad acompañándolos con las decisiones e instrumentos políticos y económicos para que eso suceda. Y que dejaran de ser unos miserables.