EL-SUR

Lunes 08 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Momentos

Florencio Salazar

Febrero 02, 2026

No admite la dilación ni el relleno.
Fernando Savater

Los momentos son lapsos breves que lo mismo abren un paréntesis en la conversación del tiempo, que introducen circunstancias inesperadas oscureciendo o iluminando la vida en minutos.

Un tabiquito

Pérez Prado fue contratado por los periodistas para su posada en Chilpancingo –hace unos 55 años–, realizada en el patio del Palacio de Gobierno, actual Museo del INAH. Se vendieron la mitad de las entradas. Terminó la tanda de la Sonora Copacabana de Zumpango de Neri y la orquesta del Cara de foca, muda. Los organizadores hablaron con el célebre director:
–Maestro, están esperando su música.
–Chico, sin dinero no hay música.
–No creyeron que el gran Pérez Prado vendría a Chilpancingo; cuando lo escuchen caerá el avispero.
–Chico, sin dinero no hay música.
–Maestro, quédese con la barra.
–Yo soy músico, no cantinero, chico.
Los asistentes aplaudían con impaciencia y Pérez Prado inamovible.
Entonces, el Rey del mambo, dice a los organizadores bajando la voz:
–Hay una solución: ustedes me consiguen un tabiquito de mariguana…
De volada salieron tres periodistas a la dirección de la Policía Judicial, regresaron con dos.
Amaneció la posada marcando en la pista el 5, el 8, La chula linda…

La última inspiración

Leonel Maciel, pintor nacido en Soledad de Maciel, Petatlán, me relató que Cheque Cisneros –autor del célebre bolero Cerca del Mar–, llegó de Acapulco a su domicilio en Técpan de la Costa Grande, el 25 de febrero de 1976.
Abrió su voz bohemia: “Madre, prepáreme el terno blanco porque voy a bañarme al río y luego regreso a morir”. Cheque se bañó en el río, volvió a su casa, se puso la filipina blanca, el pantalón blanco, los calcetines blancos, se acomodó en la cama de blancas sábanas y murió.

Pepe Jara y Álvaro Carrillo

Asistí a uno de los homenajes anuales a Álvaro Carrillo, que el gobierno de Ángel Aguirre organizaba en Ometepec. El invitado para interpretar al autor de Diariamente fue Pepe Jara. Después del evento fui a una cenaduría. No recuerdo si Pepe Jara ya estaba ahí o llegó después. El caso es que compartimos la mesa y Pepe, conversador notable –Océano publicó sus Memorias– me relató como conoció a Álvaro Carrillo: “gordito, moreno, de pelo ensortijado, iba al prostíbulo de La Bandida –afamado en el Distrito Federal de los 50– y esperaba a que yo terminara mi presentación para ofrecerme letras de sus canciones”.
La prisa de Pepe no consentía: “en la próxima, mañana”. Así pasaron dos meses de insistencia de Álvaro, hasta que –más por fatiga que por gusto– recibió una de las letras, al parecer La señal. A partir de esa canción Pepe Jara se convirtió en su mejor intérprete y la fama del autor de Amor mío, llenó al mundo.

Canto a la Costa Chica

Al inició de los setenta las imprentas aún trabajaban con linotipos y prensas planas. Yo era el secretario general del PRI en Guerrero. Me trasladaba a la imprenta Saber del español Antonio Díaz; estaba en San Salvador El Seco, Distrito Federal. Ahí se imprimía la propaganda del partido. Llamaba mi atención que en una mesa había un atado de hojas en bloques de colores: verdes, azules, rosas, blancos, amarillos…
En una de tantas vueltas pregunté a don Antonio qué era ese arcoíris de papel: “un folleto de un señor Rafael Arles de Acapulco, pero ya tiene mucho tiempo aquí y lo voy a picar”. Le pedí me permitiera verlo. Dispuso que encuadernaran un ejemplar. Quedé asombrado: Canto a la Costa Chica de Álvaro Carrillo, un solo poema ilustrado con arte por el propio Arles.
El opúsculo tenía dos perforaciones para introducir cintas de seda y atarlo con un moño. “Se los compro”, ofrecí; “se los regalo”, respondió. Lo engraparon y cubrieron el lomo con una tira azul de papel engomado.
Escuchen la resonancia de Álvaro Carrillo: “Soy oaxaqueño por nacimiento e hijo de crianza de la Costa Chica de Guerrero”… “Aquí estoy yo, ahora, con mi Canto a la Costa Chica y mis recuerdos allá, a la sombra de los amates, en la brisa salobre y en la esencia de los aires saturados del olor del pápalo y del chián”. Sí, en su introducción lo dice.

Sabines y yo

Llegó a Guerrero como delegado general del PRI el senador chiapaneco Juan Sabines Gutiérrez. Su hermano Jaime era su secretario. En la antesala, Jaime ocupaba un escritorio gris de madera. Hojas carta, partidas en ocho rectángulos, las usaba para anotar el nombre de quienes pedían audiencia con don Juan. Los hermanos Sabines eran altos, de manera que Jaime se inclinaba y los lentes le quedaban a la mitad de la nariz.
Se convocó a la elección del secretario general del Frente Juvenil Revolucionario. Había dos aspirantes: Isidro Mastache, apadrinado por el senador Rubén Figueroa Figueroa y Hueman Abundes, por los jóvenes de Iguala, ciudad en la que fue la asamblea. Rogelio de la O, presidente del PRI, me designó su representante.
Ya para salir a Iguala –la tarde del día anterior– me dijo Jaime: “Sé que vas a hacer bien las cosas, pero Juan quiere que te acompañe”. Nos hospedamos en el Hotel Royalti, frente al zócalo. Nos reunimos luego en el lobby. Comimos tacos en algún puesto y en una vinatería él compró una botella de brandy Presidente. Volvimos a su habitación. Pidió cocacolas, agua mineral, hielo y vasos. Se sentó en la cama respaldándose en la cabecera; yo me acomodé en el sillón.
Empezamos beber. Durante las horas que duró la botella, Jaime Sabines me relató de su traslado de Tuxtla Gutiérrez al Distrito Federal para estudiar medicina y como acabó rentando un cuarto encima de un prostíbulo. Su cadenciosa voz fue liberando su poesía y comentaba cómo y en qué momento la había escrito.
¡Un recital del poeta Jaime Sabines sólo para mí!
Momentos de excepcional experiencia…