EL-SUR

Viernes 27 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

Monarquía a la mexicana

Silber Meza

Marzo 24, 2018

Hace poco más de una década, la sucesión familiar en los cargos públicos era una acción mal vista y, en algunos casos, hasta de bajo nivel político. Se veía descarada entre los líderes sindicales, los alcaldes de ciudades pequeñas, algunas regidurías. Tan mal visto ha sido esto que el simple hecho de que Marta Sahagún asomara la mirada rumbo a la presidencia de la República era suficiente para que le lloviera una andanada de críticas diversas. Por eso los políticos han preferido impulsar a un candidato fiel, “el delfín” le han llamado. Pero los tiempos han cambiado. La corrupción política ha crecido y desdibujado ideologías, ha aumentado tanto que ahora se pueden aliar partidos históricamente antagónicos como el conservador PAN y el izquierdista PRD, o el muy conservador PES con el difícil de definir Morena. La máxima política de “es importante que gane tu partido, pero es más importante que gane tu candidato” ha dado un nuevo vuelco. Ahora es más importante que gane tu familiar, como si sólo así, con el lazo de sangre, como sucede en las mafias del crimen organizado, se pudiera garantizar la lealtad incondicional. Este escenario de descomposición política ha dado paso a la sucesión familiar cínica, a la que bien podríamos identificar como una versión mexicana de la monarquía. La definición de monarquía más sencilla en el diccionario es: organización del Estado en la que la jefatura y representación supremas son ejercidas por una persona que, a título de rey, ha recibido el poder por vía hereditaria y puede transmitirlo del mismo modo. Hay que evitar, a como dé lugar, la cárcel de los ex gobernadores Javier Duarte, Roberto Borge, Guillermo Padrés, Eugenio Hernández, Tomás Yarrington. Y para eso no hay mejor opción que tu esposa, tu hijo, tu hija o tu hermano. En los hechos, se busca lograr una monarquía a la mexicana, como lo hicieron los hermanos Moreira en Coahuila durante 12 años, como lo intentan hacer decenas —¿cientos?— de candidatos en esta contienda electoral 2018. La idea es recibir el poder por la vía hereditaria, aunque se tengan que atravesar unas elecciones en el camino. Aquí unos ejemplos. El ex gobernador de Puebla Rafael Moreno Valle intentó ser candidato del PAN a la presidencia de la República. No lo logró, pero negoció la candidatura de su esposa, Martha Érika Alonso, al mismo cargo que dejó él hace unos meses. La señora muestra un perfil pobre en la administración pública, fue secretaria general del PAN por un par de años y directora del DIF en Puebla. A Moreno Valle le urge garantizar una persona leal que le ayude a borrar los manejos financieros de su administración. En Veracruz, el gobernador Miguel Ángel Yunes Linares impulsó a su hijo, Miguel Ángel Yunes Márquez, como candidato del PAN a gobernador del estado. Hace cuatro días, cuando éste se registró, aseguró que a él “nadie le ha regalado nada”. Su padre, un conocido operador político, no sólo pretende “heredar” el gobierno a su hijo, sino que otro de ellos, Fernando Yunes, es alcalde del puerto de Veracruz. El proyecto Yunes es uno de los más ambiciosos del escenario político nacional. En Morelos, Graco Ramírez, del PRD, ha optado por la misma opción: impulsar a su hijastro, el político Rodrigo Gayosso Cepeda, quien trabajó en la campaña a gobernador de su padrastro y dirigió el PRD morelense. En Sonora, el poderoso ex gobernador Manlio Fabio Beltrones ha decidido impulsar a su hija Sylvana para el Senado de la República, sólo como un escalón más para llegar a suceder a la beltronista Claudia Pavlovich, actual titular del Ejecutivo sonorense. Sylvana es diputada federal por la vía plurinominal, es decir, no se enfrentó a una elección popular. Ahora será legisladora por la vía del voto directo. El ex presidente Felipe Calderón impulsa a su esposa, Margarita Zavala, a la presidencia de la República. No fue una sucesión directa porque el sistema político mexicano no lo hubiese permitido, pero dejó pasar un sexenio y ahora está metido de lleno en la campaña de la ex primera dama. Y es probable que veamos también en el Congreso a Pablo Gamboa Miner, candidato del PRI al Senado e hijo del actual líder de los senadores priistas, Emilio Gamboa Patrón. La sucesión por sangre, la monarquía a la mexicana, no sólo está impulsada por la ambición de poder y gobierno, sino por el miedo, el terror, a la traición política y a la humedad de la penumbra penitenciaria.