Octavio Klimek Alcaraz
Septiembre 27, 2025
Los chimpancés consumen regularmente fruta fermentada en su hábitat natural. Un equipo de investigadores dirigido por Aleksey Maro, de la Universidad de California en Berkeley, ha encontrado que estos animales consumen cantidades de alcohol aproximadamente equivalentes a una botella pequeña de cerveza al día. El artículo de su investigación fue publicado el pasado 19 de septiembre en la revista científica Science Advance (https://www.science.org/doi/epdf/10.1126/sciadv.adw1665).
La fermentación alcohólica o etanólica es un proceso metabólico que ocurre sin oxígeno (anaeróbico) es, la cual es realizada por levaduras y ciertas bacterias. Este procedimiento tiene como resultado la transformación de los azúcares (por ejemplo, la glucosa) en etanol (alcohol etílico) y dióxido de carbono. Este proceso, que es fundamental en la fabricación de bebidas como el vino y la cerveza, suministra energía a los microorganismos sin oxígeno, liberando alcohol como residuo, que resulta letal para ellos en concentraciones elevadas.
En el caso de otro primate, el ser humano moderno, el uso habitual de alcohol es común en todo el mundo. La evidencia arqueológica más antigua de fermentación alcohólica controlada data de hace 9 mil a 13 mil años en China y en el Medio Oriente. Sin embargo, la atracción de la humanidad por el alcohol, tanto antiguo como presente, puede tener raíces evolutivas más profundas dada la exposición de nuestros antepasados frugívoros a la fermentación etanólica. Así, la atracción humana por el alcohol puede derivar de una asociación evolutiva entre el etanol y los frutos consumidos por los animales en la naturaleza. Ahí es donde esta investigación conduce en sus resultados.
Se ha sostenido la hipótesis de que el etanol, que aquí se usa como sinónimo de alcohol, era habitual en la dieta frugívora de nuestros antepasados homínidos afrotropicales. Esto llevó a la evolución de respuestas fisiológicas adaptativas a su consumo dietético. En otras palabras, esta es la hipótesis del “mono borracho”, planteada en 2014 por el biólogo Robert Dudley, en su libro El mono borracho. Por qué bebemos y abusamos del alcohol, que es además uno de los coautores del estudio. La hipótesis establece que la preferencia humana por el alcohol tiene raíces evolutivas. Se argumenta que nuestros ancestros primates desarrollaron un gusto por el etanol presente en las frutas fermentadas debido a que estas constituían una fuente más eficiente de energía y facilitaban su ingesta. La atracción hacia el alcohol, que indicaba si las frutas estaban maduras, habría sido adaptativa, pues facilitaba su localización y el aprovechamiento de su elevada cantidad de azúcares y calorías.
Para los animales cuyas dietas se basan significativamente en azúcares, la preferencia por los estímulos sensoriales del alcohol podría ofrecer una ventaja evolutiva. Por ejemplo, el etanol puede funcionar como un indicador olfativo y gustativo del estado calórico asociado con el consumo de fruta madura, una modalidad sensorial que ofrece beneficios suplementarios a cualquier animal que utilice azúcares como parte de su dieta primaria o secundaria. Para comenzar a probar estas hipótesis, que requieren una comprensión más amplia de la ecología evolutiva del etanol, es de particular interés describir la exposición de los chimpancés (Pan troglodytes) al etanol dietético en su hábitat natural.
Los investigadores determinaron las concentraciones de etanol dentro de las frutas que representan una parte sustancial de la dieta de nuestros parientes vivos más cercanos, los chimpancés y, junto con casi todos los simios existentes, consumen crónicamente grandes volúmenes de fruta madura. Se cree que esta dieta frugívora es similar a la dieta de nuestro último ancestro común con los chimpancés, aunque se ha sugerido que el linaje de los chimpancés ha seguido evolucionando hacia una mayor especialización en frutos maduros. La caracterización de las concentraciones de etanol de estas frutas y la estimación del volumen diario ingerido de etanol pueden, en consecuencia, proporcionar información sobre su disponibilidad para los primeros homínidos.
Los investigadores en el estudio caracterizaron la disponibilidad de etanol en frutas maduras consumidas por chimpancés en dos sitios de campo a lo largo del rango geográfico de la especie: en un lugar de África oriental habitado por chimpancés orientales (P. troglodytes schweinfurthii) y un sitio de África occidental habitado por chimpancés occidentales (P.t. verus). Luego estimaron las tasas diarias de ingestión de etanol por parte de los chimpancés y mostraron que estas tasas son comparables a los patrones contemporáneos de consumo de alcohol en los humanos modernos.
Para ello, observaron qué frutas consumen habitualmente los chimpancés que viven en el Parque Nacional de Kibale, en Uganda, África oriental, y el Parque Nacional de Taï, en Costa de Marfil, África occidental. Posteriormente, determinaron el contenido de etanol de la pulpa de fruta madura de las 20 especies de angiospermas más consumidas. Al parecer, los chimpancés eligieron deliberadamente especies de fruta con alto contenido de alcohol. En las zonas estudiadas, también se encontró fruta con significativamente menos etanol, que tendieron a rechazar.
En promedio, la pulpa de la fruta consumida contenía un 0.3 por ciento de etanol, con base en su peso. Dado que los monos consumían alrededor de 4.5 kilogramos al día, cada uno absorbía poco menos de 14 gramos de alcohol. Eso equivale aproximadamente a la cantidad contenida en una botella pequeña de cerveza (0.33 litros). Sin embargo, con un peso aproximado de 41 kilogramos, los chimpancés son significativamente más ligeros que los humanos; por lo tanto, el efecto del alcohol es probablemente más similar al de más de medio litro de cerveza en una persona promedio. Estos hallazgos son consistentes con la hipótesis de que el etanol está muy extendido dentro de las frutas tropicales y que la predisposición moderna al consumo de alcohol se deriva de la exposición ancestral a esta sustancia psicoactiva entre los primates frugívoros.
De hecho, analizar con precisión las concentraciones de etanol de frutas para probar hipótesis ecológicas no es una tarea trivial. Recientemente se estimaron concentraciones de etanol para una amplia variedad de especies de frutas en Costa Rica, con la conclusión de que las frutas con semillas dispersas por mamíferos (definidas por un mayor tamaño de la fruta) tienen concentraciones de etanol más altas que las dispersas por aves.
Los hallazgos empíricos que se muestran en la investigación indican que los chimpancés pueden estar expuestos de manera crónica y significativa al etanol a través de su alimentación. Estos descubrimientos también pueden aplicarse a otros primates frugívoros y, en realidad, a todos los vertebrados tropicales cuya alimentación se fundamenta en frutas. Las funciones potenciales del etanol en la ecología alimentaria de los primates abarcan el empleo del etanol como una señal olfativa cercana para determinar las frutas apropiadas para ingerir, la identificación a distancia de etanol en la fruta para poder ubicarla y la activación del apetito, que eleva los índices de consumo de frutas. El etanol se encuentra ampliamente en los frutos de las especies de angiospermas tropicales, y la información que se muestra en la investigación indica que su ingestión por medio de las frutas es un fenómeno natural y común para los frugívoros, entre ellos nuestros antepasados humanos en los bosques afrotropicales.