EL-SUR

Martes 18 de Junio de 2024

Guerrero, México

Opinión

Montaña adentro

Tlachinollan

Diciembre 31, 2005

 

 

En estos días de acalorados debates en el Congreso del Estado, podemos vislumbrar, siguiendo la información periodística, el giro que le quiere dar el nuevo gobierno al presupuesto de egresos para el 2006, que desde la perspectiva regional de La Montaña deja ver un gran vacío para atacar las causas de la marginación y pobreza extremas.

No existen criterios claros y políticas del gasto público del Ejecutivo estatal en torno al gran problema del crecimiento desmedido de la pobreza, que es uno de los temas prioritarios en la agenda de los organismos multilaterales. Para el gobierno del estado no ha sido de gran relevancia el informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), donde aparece el municipio de Metlatónoc como uno de los lugares más pobres del mundo comparado con Malawi, uno de los países mas pobres de África. Esta información causó gran preocupación al gobierno federal, al punto que el presidente Vicente Fox se vio obligado a visitar a la población Na savi de Metlatónoc, para demostrar a la opinión pública nacional e internacional su compromiso con la población más pobre del país. Entonces se anunciaron varios programas emergentes orientados a revertir los índices de marginación. Existe por lo menos una inyección de recursos federales para atender en lo inmediato las condiciones insalubres en que se encuentra sumergida la mayoría de la población de La Montaña.

No obstante, en el presupuesto de egresos del gobierno estatal no vemos un rubro especial orientado a combatir las condiciones infrahumanas de la población indígena de Guerrero. Nos hemos enterado de que el presupuesto de la Secretaría de Asuntos Indígenas no rebasa los 12 millones de pesos que serán distribuidos en ocho nuevos programas, y hasta la fecha las comunidades indígenas desconocen el sentido de esta nueva forma de operar los recursos.

Este enorme descuido contrasta con el presupuesto asignado a la Secretaria de Seguridad Pública y a la Procuraduría de Justicia a las que se les quiere destinar 146. 3 millones de pesos, con el fin de consolidar la red de telecomunicaciones, ampliar significativamente la movilidad de la policía estatal a través de infraestructura en cuarteles y adquisición de patrullas. Por otra parte existe otro polo prioritario que es la inversión privada que tendrá prioridad en la explotación de recursos minerales de la regiones Centro y Tierra Caliente; la conurbación portuaria de La Unión y Lázaro Cárdenas; el corredor Acapulco-Zihuatanejo y el proyecto de La Parota.

En grandes trazos vemos dos facetas de un estado que se bifurca. Por un lado están las regiones pobres de la Costa Chica, La Montaña, Zona Centro y Norte que sobreviven por el trabajo de los jornaleros agrícolas y los migrantes internacionales. Por el otro lado se encuentra el Guerrero empresarial que quiere abrir la inversión a emporios financieros para que se desarrolle el potencial turístico, industrial, comercial, mineral y acuífero, al margen de la población que será afectada por la compra o expropiación de sus territorios.

Mientras tanto La Montaña se mantiene muy alejada la posibilidad de que las instituciones públicas puedan ser una fuente de vida que aligere la carga de la discriminación, el hambre y la desesperanza de miles de familias empobrecidas.

No vemos cómo la Secretaria de Salud resolverá la falta de infraestructura y el gran déficit de personal médico que por lo menos garanticen la atención primaria a la población. El gran nudo que enfrentan los habitantes de La Montaña en este campo, es que no existen las condiciones básicas en todas las cabeceras municipales y en comunidades con más de mil habitantes que tengan acceso a la salud. Por otra parte, el hospital de segundo nivel ubicado en Tlapa está desmantelado, no cuenta con equipo apropiado, últimamente no hay servicios de rayos equis y toda su instalación se encuentra en pésimas condiciones. Por desgracia el nuevo Hospital del Niño y la Madre no puede suplantar las graves carencias del Hospital General que funciona de milagro. La multiplicidad de casos de niños con tercer grado de desnutrición siguen sin ser atendidos adecuadamente porque no existe en todo el estado la infraestructura para proporcionar a estos niños nutrición parenteral.

En el nivel educativo, muy a pesar de los cálculos estadísticos que indican de manera virtual que de acuerdo con el número de alumnos y de maestros en servicio ya se encuentra cubierta la demanda de docentes, en La Montaña la falta de maestros es una realidad que interpela permanentemente a las autoridades. Existen varias escuelas cerradas y la gran mayoría de los planteles se encuentran en pésimas condiciones, muchos no cuentan con mobiliario, y son los padres de familia quienes tienen que cooperar con una silla o con una butaca. Es preocupante el hecho de que no lleguen todos los libros a las escuelas, sobre todo en varias comunidades de Acatepec, Metlatónoc, Copanatoyac, Tlapa, Malinaltepec y Xalpatláhuac. Para su distribución existe una sola camioneta en pésimas condiciones, lo que provoca que varios maestros se vean obligados a contratar camionetas de tres toneladas que llegan a                                                   pagar hasta mil 800 pesos por el viaje, con tal de que los libros lleguen a las comunidades antes de que arrecien las lluvias. No sabemos si estas deficiencias serán corregidas y si el presupuesto está considerando estas necesidades apremiantes que existen en La Montaña.

El gran drama de estos pueblos es el gran déficit alimentario. Los productores que siembran en su tlacolol en la temporada de lluvias cosechan de 500 a 700 kilos que no significa nada para una familia que va de seis a diez hijos. Esta cosecha del hambre sólo sirve para la fiesta de muertos, la Navidad y el Año Nuevo. No es gratuito que en los mismos pueblos se ritualice en el domingo del carnaval, la entrada del mayantli, que es el hambre que convive durante ocho meses hasta que lo mata San Miguel Arcángel, que es la deidad de los frutos nuevos. ¿Cómo garantizar la autosuficiencia alimentaria de los pueblos indígenas y campesinos de Guerrero? ¿Se cuenta con una estrategia clara y viable para enfrentar esta problemática estructural y además habrá presupuesto suficiente para abordarlo desde el ámbito comunitario?

El problema migratorio no forma parte de las políticas del gasto público, no se ve como un rubro especial que brinde atención y sobretodo apoye las diversas necesidades y situaciones límite que enfrentan los migrantes en sus traslados y en los centros de trabajo. Es impostergable la creación de una instancia que se aboque a la atención y seguimiento de esta población que es el puntal de la frágil economía familiar. No hay una familia en La Montaña que no tenga un hijo o una hija trabajando como jornalero agrícola o como mesero en Nueva York, Chicago o Los Ángeles.

Este Guerrero profundo, el de los sin nombre, porque muchos no cuentan con actas de nacimiento (y ni siquiera el registro civil se preocupa por subsanar este vacío histórico), y por lo mismo no aparecen en las estadísticas oficiales, ni son sujetos de atención por parte de los programas gubernamentales. Es el Guerrero que también sigue olvidado en los presupuestos públicos.

Vemos difícil que a la vuelta de un año se hayan puesto las bases para empezar a construir una vida digna en La Montaña. Se necesita que los diputados dejen de ser entes pasivos y sumisos a lineamientos políticos cupulares; necesitan salir de sus curules y pulsar la realidad ahí donde están los que sufren, los que tienen hambre, los que piden justicia, los que no tienen vivienda, los que no cuentan con caminos, los que luchan porque se respeten sus territorios, los que son privados de la vida y de su libertad por defender el bosque, los que mueren en sus chozas por la falta de dinero y de un médico, por las familias que lloran al hijo que murió en el desierto, por los hombres que fueron engañados por las brigadas médicas para ser esterilizados, por las mujeres que sufren en silencio las violaciones sexuales cometidas por elementos castrenses, por los jóvenes egresados de las normales que luchan por su derecho legítimo a trabajar como maestros, por los niños que tienen que cuidar los chivos y trabajar como jornaleros para no morirse de hambre, por los productores del campo, que a pesar de tanto olvido siguen sembrando el maíz que es la semilla madre de nuestra civilización mesoamericana.

Sólo escuchando estas voces y comprometiéndonos con los sueños y esperanzas de los desposeídos es como lograremos cambiar esta visión limitada que no deja ver a los diputados el fondo de los grandes problemas de Guerrero.