Adán Ramírez Serret
Enero 03, 2025
El peso de la influencia literaria ha sido, desde hace mucho tiempo, dos mil años o cuatrocientos, cuando menos, uno de los más contundentes al escribir un texto. En la antigüedad la originalidad consistía, en muchos casos, en hacer una buena versión, una mejora o una interpretación de un texto literario anterior. La Ilíada, La Odisea o La Eneida son obras que generaron todo un cúmulo de obras literarias que dialogaban de manera directa con su estilo o trama. Este ejercicio usualmente ha sido llamado tradición: la continuidad de estilos e historias. La influencia ha sido tan pesada que ha sido observada por Harold Bloom como una angustia de la influencia, pues hay textos escritos de tal manera perfecta y que gozan de tal prestigio que para las generaciones emergentes resultan una terrible angustia que les imposibilita o les potencia la creatividad.
En un ensayo reciente, el acapulqueño Julián Herbert ha reflexionado de manera brillante que en el presente no es tan potente el peso de la influencia, sino el de la legitimidad. Herbert ve con lucidez que para los escritores de hoy es más importante ser “reales” –haber vivido en verdad las his-torias que cuentan– que dialogar con la literatura escrita en el pasado.
Es por eso que La vida secreta de Roberto Bolaño, de Montero Glez (Madrid, 1965) es un libro bastante extraño en el sentido de originalidad, de la valentía o el talento, pues escribe una serie de relatos, acaso una novela muy a lo Roberto Bolaño, en donde el centro del relato no es otro que el narrador, lo cual le da un punto apasionante desde el punto de vista narrativo, porque normalmente, cuando se escribe, se toma la decisión de hacerlo en tercera o primera persona, acaso en segunda en momentos excepcionales; pero casi siempre el autor se pone una máscara que puede ser una versión de sí mismo, de uno de sus personajes o acaso de un personaje real. Pero en este libro, Montero Glez toma una decisión inusual, la de ponerse el sombrero, la máscara y la pluma de otro escritor. La vida secreta de Roberto Bolaño es una serie de relatos sobre diferentes artistas, unos reales y otros ficticios, todo es una crónica ficcional donde la realidad toma la forma del relato, y que el centro de la historia es la persona que narra, una tradición que inventó Miguel de Cervantes. Y, precisamente, otro punto fundamental de El Quijote, que la técnica sea definitiva en la obra, a la vez que la historia sea apasionante.
Montero Glez comienza por ambientar su primera novela en Tanger, con William Burroughs y sus experiencias tan sonadas en el mundo literario. Ese momento, cuando la vida del autor, su proceso creativo, sus adicciones, tristezas y vida íntima comienzan a no distinguirse de la obra, lo cual es, precisamente, uno de los motivos principales de Roberto Bolaño: su obra es la conjunción, la mezcla, la necesidad del autor indistinguible de manera definitiva de su obra. Para Bolaño es tan definitiva la obra del autor que la propia vida.
Montero Glez cuenta historias apasionantes de escritores como Burroughs que intercala con crónicas vívidas de gitanos en Madrid, genios del flamenco, con los que toma guïsqui y descubre las esencias del relato, de la vida, de las ficciones.
Montero evidencia que ponerse una máscara es la esencia para tocar la tradición, para traducir, hacer versiones, redescubrir la angustia de la influencia al mismo tiempo que devela su voz, única e irrepetible como narrador.
Montero Glez, La vida secreta de Roberto Bolaño, Barcelona, Navona, 2024. 134 páginas.