EL-SUR

Martes 07 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Morena: expectativas y realidades

Humberto Musacchio

Abril 13, 2017

Dicen las malas lenguas que el sábado pasado se agotaron las tortas y los chescos en todo el valle de México, pues el mitin del PRD en el Zócalo agotó las existencias. Menos concurrido fue el celebrado el domingo en el Monumento a la Revolución, donde contingentes de muy diversa militancia –algunos de ellos de Morena– se congregaron para respaldar a la variopinta legión que ha decidido apoyar el proyecto de Andrés Manuel López Obrador.
Para el mitin de las adhesiones pro AMLO se colocó el templete donde termina la avenida Juárez y de cara al Monumento, cuando lo acostumbrado es colocar esa plataforma en la parte alta de la explanada, lo que permite una mejor visibilidad y ofrece más vías para el acceso y desalojo de los asistentes, en tanto que al colocar el escenario cerrando la calle dejaba poco espacio para el movimiento de la gente, lo que incluso pudo causar una desgracia en caso de estampida.
Citado para las 5 de la tarde, a esa hora estaba lejos de llenarse la explanada que asciende al Monumento, pero ya era notable la llegada de grupos provenientes de las estaciones del Metro cercanas. Para las 6 ya estaba llena toda la parte al oriente del Monumento y, a espaldas del templete, la avenida Juárez hasta Reforma, con gente que seguía llegando y otra que ya empezaba a retirarse sin que hubieran hablado los oradores programados.
Durante más o menos una hora se estuvieron dando los nombres de adherentes y simpatizantes de Morena y López Obrador. Una lista que incluyó a numerosos cuadros perredistas lo mismo que a políticos del PRI, del PAN y de partidos pequeños; a dirigentes de agrupaciones sociales, actores y actrices y hasta individuos sin militancia política, como el autor de estas líneas.
El acto se programó como una exhibición de músculo político, y si bien fue ampliamente superado en número por el mitin perredista del día anterior, la reunión en pro de López Obrador tuvo relevancia por el número y origen político de muchos de los personajes reunidos o mencionados.
El mitin del domingo fue, en varios sentidos, una demostración de que, pese al masivo acarreo del día anterior, el PRD se hunde y cada vez son más los dirigentes medios que lo abandonan o dicen que siguen ahí, aunque ya sus proyectos y sus pasos anden por otros caminos.
En esa tesitura, todo parece ir muy bien para López Obrador y Morena y no pocos políticos ya se imaginan por lo pronto integrados al gobierno del Estado de México y luego al federal, una vez que triunfen respectivamente Delfina Gómez y Andrés Manuel López Obrador. Eso y no otra cosa indica el trasiego de cuadros hacia Morena o a la coalición que apoya a los candidatos de ese partido. Sin embargo, la arribazón que experimenta el Movimiento de Renovación Nacional, por mucho optimismo que pueda desplegar, no garantiza el triunfo nacional ni por ahora en el Estado de México.
El grosero y multimillonario despliegue de recursos destinados a ganar votos mexiquenses son una muestra contundente de que el gobierno federal, el estatal y el partido de ambos, el PRI, no están dispuestos a abandonar el escenario. Los priistas saben muy bien que perder el Estado de México sería la antesala de una derrota nacional, y que perder la entidad mexiquense y luego la Presidencia de la República llevarían no a la desaparición del PRI, pero sí a la conversión del otrora partidazo en un grupito testimonial.
Esa convicción anima el peregrinaje de militantes de otros partidos hacia Morena. Sin embargo, parece muy temprano para considerar el triunfo como un hecho, pues opera en su contra el control absoluto de los aparatos electorales por el PRI-gobierno, el derroche de recursos públicos entre los mexiquenses, las filtraciones judiciales interesadas, como la que involucra a los familiares de Josefina Vázquez Mota en un gigantesco fraude; las tácticas violentas que suelen desplegar los priistas e incluso la compra de opositores débiles o proclives a la corrupción.
Sin base social, con una dependencia cada vez mayor de Washington y con sus mejores banderas sepultadas en el pasado, el tricolor pondrá en juego todos sus recursos porque se juega la vida. Es un zombie que puede arrastrar al país al total desastre antes que salir de la escena política. Las campañas de miedo, odio y mentiras, la compra de votos y de conciencias que hemos visto en otras ocasiones, serán un juego de niños comparadas con lo que avizora para el 2018.