Silvestre Pacheco León
Septiembre 08, 2025
Desde el triunfo de Andrés Manuel López Obrador como presidente de México, se pensó en la importancia de crear un partido como el organizador y educador político de sus afiliados, en la idea de construir un nuevo régimen en el que se complementaran el partido y el gobierno donde las masas fueran las actoras principales en la lucha por alcanzar la igualdad con justicia y el desarrollo sin marginación.
Y como para garantizar el triunfo y el respeto de la voluntad popular se ocupó de alianzas con personajes y partidos que no eran de la total coincidencia con los cambios propuestos. El “aluvión” le llama Paco Ignacio Taibo II a ese caudal de priístas que lograron colarse a Morena cuando se dieron cuenta del inminente triunfo de Andrés Manuel López Obrador. Ese costo que se tuvo que pagar con candidaturas y cargos, es lo que está desdibujando a Morena quitándole el filo que lo hacía atractivo.
El impacto negativo de ese lastre se comenzó a manifestar a partir de las elecciones de junio del 2024, en la integración del gabinete presidencial y en el Poder Legislativo, y después en la elección de la dirección nacional de Morena.
En esos dos temas radica la crítica y autocrítica ejercida por Eduardo Cervantes Díaz Lombardo, formador de cuadros políticos de Morena y miembro fundador del PMT, quien desde finales de los años setenta realizaba trabajo de educación y organización popular en Ciudad Nezahualcóyotl en el Valle de México.
Eduardo ha sido un militante de izquierda congruente que con su ejemplo ha creado liderazgos que son los que se requieren para avanzar sin titubeos en la transformación social y económica que ha decidido la mayoría de los mexicanos, por eso tiene validez y conviene que nadie se quede sin conocer su intervención en el video de la Chilanguera donde en menos de diez minutos dibujó la realidad preocupante que está viviendo tanto el partido como su gobierno.
Certero en el ejercicio de su derecho a la crítica ha apuntado las desviaciones de Morena y asegura que dicho proceso inició desde la elección distrital de los dirigentes para el Congreso Nacional y luego el Consejo de Morena, asegurando que se dejó que los gobernadores y funcionarios de gobierno manosearan el proceso que degeneró en la repetición de una experiencia priísta, ni más ni menos, con acarreo y ofrecimiento de dádivas.
Eduardo Cervantes, como muchos morenistas, mira con preocupación el avance de esos lastres para las elecciones del 2027 sin que el partido resuelva casos que son ejemplarmente repeticiones del régimen prianista como el que involucra nada menos que al ex secretario de Gobernación, Adán Augusto López con la organización criminal de La Barredora en Tabasco cuando uno de los objetivos del gobierno del cambio era garantizar paz y seguridad yendo a la raíz del problema, con oportunidades para los jóvenes y el combate a los ahora llamados “generadores de violencia”.
El riesgo de que Morena, el mayor partido de América Latina, se convierta en un partido electorero como el PRI, es tan grande como el que cometió el PRD cuyo activismo a favor de las causas populares devino en un campo de batalla por las candidaturas, consumiendo en eso la energía que bien podría haberse usado para realizar los cambios que verdaderamente importan.
Ahora hasta se han puesto de moda las candidaturas con personajes llamados híbridos, dizque para asegurar la gobernanza como quieren ver aquellos que se preocupan mucho porque la derecha mexicana se ha quedado casi sin partidos y sin líderes, como si fuera obligación de la izquierda conseguírselos.
Es la repetición de esas prácticas de la vieja política lo que está desinteresando a los seguidores de la 4T porque se sienten defraudados y frustrados cuando descubren que ocupan puestos tan importantes simuladores como Mario Delgado el secretario de Educación y Gerardo Fernández Noroña, el ex presidente del Senado, por sus millonarias posesiones inmobiliarias.
Frente a ellos se requiere una enérgica postura de su dirigencia que no dé cabida a casos de excepción y de impunidad. Ninguno de los tres debería tener lugar en Morena, y menos salir en su defensa frente a los medios de comunicación tradicionales bajo el argumento de que son de derecha y enemigos de la izquierda.
En Guerrero Morena debe ser un partido ejemplar contra el arribismo y el aspiracionismo, que sus afiliados vean al partido como una escuela de politización que genere el cambio, no con militantes con aspiraciones de dinero y poder, sino solidarios, dispuestos siempre a defender al desvalido.
Por eso es importante que no se repita el modelo priísta de la organización del partido en los comités seccionales para movilizarlos solo en tiempo de elecciones, ahora con el agravante de hacerlos depender de los llamados “mentores” que serán como sus dueños, encargados hasta de pagarles los gastos que tengan en sus reuniones dejando de lado las experiencias de la izquierda de los comités de base y células de organización, capaces de actuar dentro de su esfera de influencia con absoluta libertad.
Por eso nada podrá justificar en el 2027 que se repita la variopinta que emanó de la elección del 2024 de la que solo cinco gobernadores de 23 han sido militantes del Movimiento de Regeneración Nacional, el de Sonora Alfonso Durazo, de Campeche Layda Sansores, de Veracruz Rocío Nalhe, de Morelos Margarita González Saravia, y la jefa de gobierno de la capital del país, Clara Brugada; el resto son todos priístas, portadores de la vieja cultura política que fue echada a la basura de la historia que ahora algunos quieren rescatar.
Y aunque no creo que los mexicanos partidarios de Morena estén pensando en un partido de santos, considero que no se debe pasar por alto que todos los que lleguen a ocupar cargos de elección popular y empleos del gobierno, están obligados a seguir una conducta ejemplar.
Morena es la aspiración de los mexicanos para cambiar toda la práctica política que nos dejó en la inopia, por eso la humildad frente al aspiracionismo debe ser una práctica permanente de los políticos de nuevo cuño. No santos, solo austeros, humildes y solidarios.