EL-SUR

Viernes 03 de Julio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Morir para que otros vivan

Vidulfo Rosales Sierra

Mayo 13, 2025

El Jueves Santo el obispo de la diócesis de Chilpancingo-Chilapa en su homilía dijo que el amor al prójimo se traduce en dar la vida para que el otro viva, en alusión a la muerte de Jesús que de acuerdo con La Biblia dio su vida por nosotros. Al día siguiente Marco Antonio Suástegui era acribillado en la playa Icacos, su único delito fue luchar por el agua y la tierra, defender a su gente de la voracidad de los ricos.
Esa ha sido una de las máximas de la lucha por la construcción de un mundo nuevo. Uno de los principios que guían a aquellas mujeres y hombres que han decidido dejar el confort personal y aportar para un mañana mejor. Esa ruta es escabrosa. Los que la transitan, saben que hay que enfrentar a los poderosos y el aparato de Estado a su servicio. Muy probablemente morir en el intento. De ahí emergieron las consignas de la izquierda: “vencer o morir”; “patria o muerte, venceremos” o “es mejor morir de pie que vivir de rodillas”. Preceptos que muchos luchadores sociales decidieron llevar hasta las últimas consecuencias. No se arredraron y no claudicaron.
Figuran en el pódium de la historia hombres de la talla de Espartaco, Mahatma Ghandi, Emiliano Zapata, Francisco Villa, Salvador Allende y sin duda el ícono mundial de las luchas de la izquierda, Ernesto Che Guevara.
Este último es considerado un emblema de la rebeldía, la osadía para enfrentar a los poderosos, mística y valor a toda prueba. El Che tomó el fusil para luchar por libertad de Cuba. Al triunfo de la revolución se convirtió en alto funcionario. Lo dejó todo para irse a luchar por la libertad en Bolivia. Herido en combate fue llevado prisionero a una escuela en la comunidad de La Higuera. Allí fue ejecutado. Hasta el último momento enfrentó a su verdugo. Lo miró a la cara y le dijo: ¡Dispara cobarde que vas a matar a un hombre! Al tiempo que el sargento Mario Terán tembloroso y cerrando los ojos jalaba el gatillo.
La figura del mítico guerrillero inspira las luchas de los oprimidos en el mundo, no hay movilización en el orbe donde no resalte su efigie en todo lo alto. En el fragor de las batallas que se libran contras los poderosos y sus esbirros, las consignas de “patria o muerte” y “vencer o morir” resuenan y nos mantienen en pie con miras a la victoria por ese mañana mejor.
Así como el Che otros compañeros ofrendaron su vida por mejores condiciones para los oprimidos. En Guerrero, Genaro Vázquez y Lucio Cabañas tomaron las armas llevando en el corazón las más altas aspiraciones del pueblo: un mundo más justo.
Recientemente otros luchadores sociales en Guerrero como Arturo Hernández Cardona, Ranferi Hernández Acevedo, Rocío Mesino, Luis Olivares, Antonio Vivar, Arnulfo Cerón, Vicente Iván Suástegui Muñoz y ahora Marco Antonio Suástegui Muñoz fueron asesinados porque luchaban por defender el agua, la tierra, la salud, la educación, la libertad y la justicia, peleaban por un mundo mejor, porque los demás viviéramos en una sociedad más justa e igualitaria, donde pudiéramos tener pan y techo y no ser tratados como ciudadanos de segunda.
Sufrieron ataques, descalificaciones, persecución y toda clase de vituperios. Marco Antonio Suástegui fue encarcelado en tres ocasiones y tenía más de seis procesos penales en su contra, lo descalificaron y tacharon de delincuente en campañas subrepticias orquestadas desde el gobierno.
Las de los compañeros eran voces incómodas y su acción rupturista con el sistema político y económico. De una u otra forma habría que silenciarlos. En todos los casos se usó a la delincuencia organizada para eliminarlos. No fueron las fuerzas de seguridad las que actuaron. Así, los costos políticos para el gobierno son mínimos, es más, han eludido su responsabilidad diciendo que no fue el Estado sino la delincuencia, algún problema en lo personal habrán tenido, por lo tanto, sus asesinatos no están relacionados con sus luchas, sino que responden a otras cuestiones.
El problema es que no ha investigado estos crímenes, dilucidarlos permitiría saber cuál fue el móvil, se establecería si las agresiones están relacionadas con su lucha o tuvieron otras motivaciones. Su omisión y silencio los coloca del lado de los responsables.
En los casos de Arturo Hernández Cardona y Arnulfo Cerón desde el gobierno municipal se les agredió. Un gobierno municipal en connivencia con el crimen organizado. Desde allí se les atacó y descalificó con la complacencia de las autoridades estatales, que los respaldaron en todo momento, dando la espalda a los luchadores sociales.
El gobierno del estado en ese entones recibía al presidente de Iguala, dialogaba con él, el PRD lo consideraba su correligionario, con suficiente dinero como para financiar campañas y por lo tanto, necesario para sus fines políticos pragmáticos. Arriba sabían de sus nexos delincuenciales, sabían que en Iguala desaparecían a personas a la luz del día, pero nada hicieron. Así le fueron dando permiso para actuar a sus anchas, hasta que mataron a Arturo Hernández Cardona y ni así actuaron para frenarlo, de no ser por la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa el caso de Arturo Hernández Cardona seguiría en la total impunidad.
Arnulfo Cerón fue atacado desde el poder municipal de Tlapa, una camarilla de derechistas advenedizos que se incrustó en el gobierno con las siglas de Morena lo atacó con virulencia. El defensor indígena nunca se doblegó, lo descalificaron y calumniaron. Arnulfo públicamente los encaró y les demostró que los corruptos eran ellos. No les quedó de otra que silenciarlo.
Por otro lado, a casi un mes del asesinato de Marco Antonio Suástegui las autoridades no tienen ningún avance en las investigaciones, a pesar de haber sido ultimado ante decenas de testigos, a la luz del día, en un lugar público sumamente transitado, junto a grandes hoteles con cámaras de seguridad, la Fiscalía de Guerrero no tiene ninguna pista del asesino. Mientras la Fiscalía permanece pasmada, los asesinos con toda impunidad fueron a robar dos motocicletas de Marco Antonio.
En estas circunstancias es difícil creer que la Fiscalía no tenga pistas de un pistolero solitario que asesinó a Marco y se fue caminando por la playa, que no sepan su identidad, que los investigadores no hayan entrevistado a los trabajadores que atestiguaron el hecho. ¿Los aparatos de inteligencia y la Marina no saben qué grupo delictivo opera en la playa? ¿no saben cómo hostigaban a Marco Antonio? Claro que lo saben, pero algún pacto tiene con los delincuentes por eso no investigan y se hacen los desentendidos.
Los luchadores sociales fueron silenciados porque optaron por defender a los de abajo, porque peleaban por la justicia, la libertad e igualdad. Lo más sencillo hubiese sido quedarse en el confort de su casa atendiendo a su familia. Cuando los amenazaron pudieron hacerse a un lado y dejar que las aguas se calmaran. Recuerdo que a Marco Antonio y a Arnulfo les advertimos de los riesgos a su vida, era mejor hacerse a un lado. Rechazaron esa posibilidad. Ellos no dejarían de luchar. Estamos luchando por la vida, “no tengo nada que temer” respondió Arnulfo.
No permitamos que los crímenes contra quienes defendieron a los de abajo queden en la impunidad. Es menester alzar la voz y exigir justicia para ellos. La marcha del 8 de mayo es un buen inicio.