EL-SUR

Sábado 01 de Octubre de 2022

Guerrero, México

Opinión

Movilidad de relación. ¿En México podemos ser amistosos en tiempos de Covid-19?

Octavio Klimek Alcaraz

Octubre 24, 2020

Una pregunta que uno se hace muchas veces es cómo se ha propagado el virus SARS-CoV-2 por todo el mundo y ha provocado la pandemia de Covid-19 en algunos países más rápido que en otros. ¿Cuál es la causa de que en México se haya propagado al parecer más rápido que en países como Alemania? ¿Son características meramente de los grados de desarrollo económico? ¿De las abismales diferencias de los sistemas de salud pública?
El 11 de septiembre se dio a conocer un trabajo de investigación internacional que propone algo inquietante: esta velocidad de propagación está relacionado con características culturales, como la apertura social. La revista Phychological Science publicó un artículo de un grupo de investigadores, encabezados por Cristina E. Salvador, de la Universidad de Michigan, que titularon –en una traducción libre– La movilidad de relación predice una propagación más rápida de COVID-19: un estudio de 39 países (https://journals.sagepub.com/doi/full/10.1177/0956797620958118).
Los investigadores señalan que, aunque existe una variación sustancial entre países en el daño causado por el virus, se sabe poco sobre los factores que contribuyen a esta variación. Sin embargo, se acepta comúnmente que el virus se transmite a través del contacto social. Por lo tanto, la transmisión viral podría aumentar a medida que el contacto social se vuelve más frecuente y variable. Es decir, es lógico pensar que la propagación del virus depende de ecologías socioculturales que facilitan o inhiben el contacto social.
Por lo tanto, investigaron si la vulnerabilidad a nivel de país a Covid-19 podría variar sistemáticamente sobre la base de ecologías sociales que fomentan o desalientan el contacto social.
En particular, la tendencia a nivel de la comunidad de relacionarse con extraños y elegir amigos libremente, la apertura social (llamada movilidad relacional), crea mayores oportunidades para interactuar con una gama más amplia y variable de otras personas. Por lo tanto, puede estar asociado con una propagación más rápida de enfermedades infecciosas, incluido Covid-19.
Por ello, probaron esta posibilidad mediante el análisis de las curvas de crecimiento de los casos confirmados y las muertes por Covid-19 en los primeros 30 días de los brotes en 39 países (contando desde el caso 100 confirmado) y examinó su conexión con una característica de la cultura que uno de los coautores había compartido previamente con otro equipo. Parten de una pregunta: ¿La gente percibe a los demás en su entorno como socialmente abiertos, y cuánto buscaron ellos mismos nuevas amistades y abandonaron las antiguas? A partir de esto calcularon la movilidad media de relaciones de un país.
Sus resultados muestran, que el crecimiento se aceleró significativamente en función de una medida de movilidad relacional por países. Esta relación fue robusta con o sin un conjunto de variables de control, incluidas las variables demográficas, el sesgo de notificación, la disponibilidad de pruebas y las dimensiones culturales del individualismo, la rigidez y la eficiencia del gobierno.
La conclusión del trabajo de manera sintética es que las personas en países con una alta tasa de infección tienen más probabilidades de tener “movilidad de relación”. Esto significa la facilidad con la que abandonan viejos contactos y hacen nuevos, y así tienen la oportunidad de conocer a muchas personas diferentes.
El trabajo orienta a que a partir de la apertura social de un país se puede predecir qué tan rápido aumentaron los casos confirmados de coronavirus en la fase inicial. Esto es cierto incluso si se toma en cuenta la posible influencia de la edad y el género, las capacidades de prueba y otras características culturales. Sus resultados muestran que la movilidad relacional predijo positivamente la tasa de crecimiento tanto de los casos confirmados como de las muertes por Covid-19 durante un periodo temprano de brotes por países. Los resultados de los casos fueron sólidos en una serie de análisis que controlaron el subregistro, la disponibilidad de pruebas, las variables demográficas y los rasgos culturales como el individualismo, la rigidez y la eficiencia del gobierno. Aunque un efecto comparable para las muertes fue menos robusto cuando la inclusión de covariables requería una reducción del número de países que podían incluirse, fue significativo en el análisis principal que incluyó a los 39 países. El efecto de movilidad relacional fue considerable. La movilidad relacional representó aproximadamente el 8 por ciento de la varianza tanto para los casos como para las muertes. Por ejemplo, Estados Unidos se encuentra entre los países con mayor movilidad relacional. Si hubiera sido bajo en movilidad relacional, comparable con Japón (uno de los países más bajos en movilidad relacional), las muertes al final del periodo de estudio de 30 días habrían sido 8.2 por ciento (281) del número real reportado (3.417).
Posiblemente el estudio tiene todavía que mejorar en sus metodologías. Se entiende que no se puede simplificar e inferir una conexión causal entre la apertura social y la tasa de infección. Sin embargo, esto es lógico, porque en las culturas socialmente abiertas las personas hacen nuevos conocidos más fácilmente fuera de sus grupos de referencia primarios, lo que podría contribuir a la propagación del virus.
Pero lo importante para nosotros es que de los 39 países investigados, México estuvo en la cima de la apertura social, seguido por Holanda, Francia, Estados Unidos y algunos países de América del Sur. Alemania terminó en el medio del campo, a la par de Portugal y Corea del Sur. En la parte inferior: Japón, Malasia y Hungría. Es decir, si México fuera como Japón, se tendrían ahora menos muertos por Covid-19, pero nos gusta hacer amigos y eso, al parecer, nos está matando.
La cruda verdad es que la pandemia de Covid-19 ha demostrado ser extremadamente difícil de contener. Sin vacunas disponibles, la única defensa viable contra el virus es mantener una distancia física suficiente de otras personas, especialmente de extraños. Los datos de los investigadores sugieren que esta práctica de distanciamiento social podría resultar indispensable en países con alta movilidad relacional. En tales países, las personas pueden buscar nuevos amigos y conocidos fuera de sus grupos primarios, pueden ser más extrovertidos y es posible que no repriman fácilmente las emociones. en encuentros cara a cara. Pero también señalan que esto es un desafío, ya que la apertura social es una expresión de libertad e independencia. Los investigadores llaman a diseñar estrategias para luchar contra las enfermedades infecciosas sin comprometer los valores fundamentales de la democracia.
Aquí la pregunta con jiribilla, si sería posible replicar este estudio en el nivel subnacional: ¿Los habitantes del norte de México tienen mayor movilidad de relación que los habitantes del centro o del sur?