EL-SUR

Sábado 04 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Muchas palabras, poca acción

Humberto Musacchio

Octubre 01, 2020

Al gobierno se le van acumulando los problemas sin que se advierta un horizonte de solución. La economía está en el desastre por la pandemia, en cierto, pero no se olvide que en 2019 tampoco creció, y entonces no conocíamos al temible Covid. La inseguridad va en aumento tanto por el desempleo como por la mojigatería de no despenalizar algunas drogas, como la mariguana, pues una y otra vez se pospone el asunto, como si no importaran los muertos por la llamada guerra contra las drogas, desatada por Felipe Calderón y continuada por Peña Nieto y López Obrador, pese a su altísimo costo en vidas y en presupuesto.
El caso de los 43 muchachos de Ayotzinapa sigue en la oscuridad, pues las autoridades han sido incapaces de investigar lo necesario, y pasan los años y las familias y los ciudadanos no sabemos qué pasó con esos jóvenes. Los “desaparecidos” llegan ya a 70 mil, más los que se acumulen esta semana, sin visos de que en algún momento pueda detenerse esa espiral de horror.
Hay un gobierno sin más rumbo que las ocurrencias diarias. Quien no esté de acuerdo con el que decide es, automáticamente, un neoliberal y un conservador. Hay un inexplicable pavor a las diferencias de enfoque, de conocimiento, de opinión… Y algo peor, se insiste en tratar como enemigo a todo aquel que no comulgue con lo que dice o cree el de hasta arriba.
Hay un notorio malestar social que se expresa de varias maneras, desde el protofascismo de FRENAAA, en el que incluso están metidos sacerdotes, lo que está prohibido por ley, hasta el despliegue de la violencia feminazi, sin que el gobierno muestre que de algo sirve contar con la fuerza del Estado, entre otras razones porque FRENAAA proclama el anticomunismo en un país sin comunismo y coincide con López Obrador en su oposición al aborto y en su real o fingida religiosidad. La presencia de estos camisas pardas es para medirle el agua a los tamales, para conocer la capacidad de respuesta de las autoridades ante los amagos golpistas.
No menos peligrosa es la escalada de los grupos mal llamados “anarkos” (los anarquistas sabían leer), los que una y otra vez despliegan su salvajismo para sabotear las legítimas protestas del movimiento feminista, que exige respeto, igualdad y reconocimiento para las mujeres y, con su lucha cívica, demanda aborto legal, seguro y gratuito en toda la República Mexicana.
Lamentablemente, luchadoras feministas de larga trayectoria justifican la actuación anarka, pese a que desplaza la atención pública de las demandas legítimas, pues las primeras planas se ocupan de la violencia desplegada en cada manifestación, no de sus exigencias.
Las enmascaradas aparecen en las manifestaciones y se dedican a pintarrajear monumentos, destruir propiedad pública y privada, saquear comercios y –¡ojo!– agredir a otras mujeres, especialmente a las policías, a las que atacan con palos y martillos, lanzan bombas molotov y otros objetos, echan ácido a la cara y escupen, patean y queman con la flama de aerosoles.
Solamente en la manifestación del pasado lunes lesionaron a 43 mujeres policías que perciben un exiguo salario y con él deben sostener a su familia. Uniformadas que tienen derechos y dignidad, pero que son el blanco favorito de las bandas criminales de enmascaradas, que actúan –repitámoslo– con la mayor impunidad, pues las más altas autoridades han dado la orden de no tocar a las delincuentes, y si por casualidad detienen a alguna, horas o minutos después la liberan con el consabido “usted perdone y siga delinquiendo”.
El resultado es que los ciudadanos y las ciudadanas están a merced de la violencia, en la más completa indefensión, porque las bandas de enmascaradas están protegidas por la inacción de autoridades que temen ser acusadas de represoras, pese a que la ley indica claramente que quien comete delitos debe ser castigado y se debe investigar y sancionar a sus instigadores y patrocinadores, porque la indolencia de la autoridad abre el camino al golpismo, sin que, al parecer, exista una fuerza social organizada que se le oponga, pues Morena y nada son lo mismo.
La máxima autoridad juró guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes, pero eso no puede hacerlo un gobierno que se niega a gobernar.