EL-SUR

Sábado 19 de Junio de 2021

Guerrero, México

Opinión

¡Muera el rey, viva el rey!

Jorge Camacho Peñaloza

Octubre 12, 2018

 

La tiranía totalitaria no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios sino sobre las faltas de los demócratas. Albert Camus.

Nunca tan disminuida había acabado la figura de un presidente de la República al final de su mandato como está pasando con la de Enrique Peña Nieto, a quien a sus desaciertos personales antes y durante su mandato, se le sumaron los de su gobierno y el abrumador resultado de la elección del pasado primero de julio, como expresión de no sólo la desaprobación a su gestión sino a su partido como máxima representación de todo el sistema político identificado con la corrupción, la frivolidad, el desinterés por la sociedad y los principales problemas del país y con una forma de ejercer el poder basado en raíces imperiales, de esos gobernantes que siempre creyeron y quisieron hacer creer al pueblo que su poder era providencial; sin embargo, hoy a escasos días de dejar el poder Enrique Peña Nieto a pesar de que ya casi no gobierna nada, no pierde la forma y figura y es un rey en plena agonía política en medio del griterío ¡muera el rey!, abrumado por el poder que un histórico voto ciudadano depositó en manos de Andrés Manuel López Obrador, quien partiendo plaza recorre el país en medio del vitoreo ¡viva el rey!
Extraña e inéditamente así se mueve hoy nuestro régimen político, en una rara forma imperial del gobierno que no acaba de morir, incentivada, por un lado, con bodas al estilo imperial francés de uno de los más simbólicos representantes del gobierno que no acaba por nacer, del grupo que lidera la propuesta de la cuarta transformación hacia la moderación y vida republicana de los servidores públicos, sobre todo de quienes están en posiciones de conducción del país, y por el otro, con destellos de dictadura proletaria en la falsa idea de que la llegada de López Obrador al poder fue resultado de una lucha de clases y no de una contienda democrática electoral definida por el voto ciudadano, idea que les saca el dictadorcito que traen dentro, y que en lugar de marearse, los futuros funcionarios del gobierno federal y actuales representantes del morenismo en los poderes legislativos locales y federal, creen que cuentan con la venia del pueblo para hacer lo que se les dé la gana pasando incluso por encima de la ley.
Esta situación que debiera dar certidumbre por el hecho de que el próximo gobierno ya está en funciones sin esperar a que llegue el primero de diciembre y de que el que ya se va, que no funcionó, ha dejado de gobernar, más bien está provocando una cierta incertidumbre derivada de las formas más bien dictatoriales que democráticas de ejercicio del poder, aderezadas con usos dictatoriales, populistas y gustos imperiales, que pareciera que en lugar de ir a la cuarta regresaremos a la segunda transformación de la República. Ese es el mutis de la política a los que la practican con librito en mano o dogmáticamente, que no es mecánica ni teórica, sino que es artesanal, hecha por humanos con vicios y virtudes, que puede llevarnos a la vanguardia de la reorganización de la sociedad o, sin saberlo, regresarnos a estadios que creíamos haber superado, alejándonos de la posibilidad de la política como certidumbre institucional.
Así, en lugar de decidir una obra pública como el aeropuerto con los más avanzados estudios de expertos para la toma de decisiones en las áreas correspondientes del poder público, se somete a una consulta popular. En lugar de someter a consulta de los trabajadores de las dependencias públicas acerca de un cambio de sede que implica cambio de decenas de miles de vidas, se pretende llevarlas por decisión centralizada y en lugar de poner el ejemplo de moderación y austeridad el primer círculo del Presidente electo nos muestra que la clase política que llegó al poder puede ser la misma que la que lo está dejando.
Vuela vuela palomita y ve y dile: A toda la comarca que para dar claridad si regresamos a la tercera o vamos a la cuarta transformación de la República, habría que discutir qué se entiende y en qué consiste cada una de ellas para saber exactamente a dónde vamos.