EL-SUR

Viernes 20 de Mayo de 2022

Guerrero, México

Opinión

Muerte en Acapulco; perdón, en Venecia

Héctor Manuel Popoca Boone

Diciembre 28, 2020

 

El escritor alemán, premio Nobel, Thomas Mann, escribió la memorable novela Muerte en Venecia a principios del siglo XX. Está ambientada en ese destino turístico italiano, reconocido mundialmente, que es descrito como un centro de recreación de frivolidades, de apariencias y egoísmos clasistas, soterrados y barnizados por el sol, los canales gondoleros, la arquitectura renacentista, el buen vino y la insondable inmensidad del mar de donde llegó, en esa época, la epidemia del cólera, “misma que fue minimizada con una alegría fugaz, permeada de un halo de incertidumbre y temor, semioculto.” El siguiente es un extracto sintético de traducción:
“Durante la cuarta semana en Venecia, Aschenbach*(…) notó que, a medida que avanzaba la temporada, la concurrencia parecía más bien disminuir que aumentar en el hotel. Advirtió especialmente que el turista iba escaseando, hasta el punto de que llegó un momento en que en la mesa y en la playa, notoria era su ausencia. Un día en la peluquería, atrapó una frase que le dejó preocupado. El peluquero habló de una familia alemana que se había ido, tras corta permanencia, y añadió, en tono ligero e insinuante: ‘Usted se quedará, caballero; usted no tiene miedo al mal’. Aschenbach le miró replicando: ‘¿Qué quiere usted decir con eso?’. El peluquero parlanchín enmudeció, fingiendo distracción pasó por alto la pregunta.
[…] Al día siguiente, por la tarde, hizo un nuevo esfuerzo para investigar los acontecimientos. En la plaza de San Marcos entró a una agencia de viajes, y después de cambiar algunas monedas, le dirigió al empleado que le había atendido, la pregunta fatal. […] ‘No hay ningún motivo de alarma, señor, respondió el empleado. Una medida sin importancia seria. […] pero al levantar los ojos, se encontró con la mirada de Aschenbach, cansada y un tanto triste, que con una ligera expresión de desprecio se posaba en él. El empleado enrojeció: ‘Esta es, al menos, la explicación oficial, con la que aquí todos se conforman. Sin embargo, creo que hay algo más detrás de esto’. Luego, contó lo que realmente ocurría.
Hacía ya varios años que el cólera venía mostrando una tendencia cada vez más acentuada a extenderse. Nacida en la India, (…) la peste se había asentado de un modo permanente, causando estragos inauditos; había corrido por el Oriente, hasta la China, y por Occidente hasta… Moscú. Y mientras Europa temblaba, temerosa de que el espectro entrase desde allá por tierra, la peste, navegando en barcos sirios, había aparecido casi al mismo tiempo en varios puertos del Mediterráneo; (…). El norte de la península itálica había quedado inmune. Pero, a mediados de mayo, habían descubierto en Venecia, en un mismo día, los terribles síntomas del mal en los cadáveres ennegrecidos, descompuestos, de un marinero y de una verdulera. Estos casos se mantuvieron en secreto. Pero poco después se habían presentado diez, veinte, treinta casos más en diversos barrios de la ciudad.
(…) Las autoridades de Venecia respondían que nunca había sido más favorable el estado sanitario de la ciudad, y tomaban las medidas más necesarias para combatir el mal. (…). La peste, negada y escondida, seguía haciendo estragos en las callejuelas angostas, mientras el prematuro calor del verano, que calentaba las aguas de los canales, favorecía extraordinariamente su propagación. (…) Los casos de curación eran raros. De cien atacados, ochenta morían del modo más horrible; pues el mal aparecía con extraordinaria violencia, (…)
Desde principios de junio se había ido llenando el hospital civil. En los dos hospicios empezaba a faltar sitio, y había un movimiento inmediato hacia San Michele, la isla del cementerio. Sin embargo, el temor a los perjuicios que sufriría la ciudad, (…) y a las grandes pérdidas que el pánico podía producir en hoteles, comercios y en todos los que vivían del turismo, pudieron más en la ciudad que el amor a la verdad…
El pueblo sabía todo esto, y la corrupción de los de arriba, junto con la inseguridad reinante y el estado de agitación e inquietud en que sumía a la ciudad la inminencia de la muerte, habían engendrado cierta desmoralización entre las gentes humildes; los instintos oscuros y antisociales se habían sentido animados de tal manera que podía observarse un desorden y una criminalidad crecientes (…).
‘Haría usted bien en marcharse, mejor hoy que mañana. Pues antes de muy pocos días nos habrán acordonado’, dijo el empleado. Muchísimas gracias, respondió Aschenbach, y salió”.

* Turista alemán, personaje principal de la novela.

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