EL-SUR

Miércoles 01 de Julio de 2026

Guerrero, México

Opinión

Mujeres divinas IV y último

Anituy Rebolledo Ayerdi

Julio 10, 2025

Sloan Simpson

La reina del jet set de Acapulco, fue el título aplicado a Sloan Simpson por sus muchos amigos extranjeros, agradecidos de sus cálidas atenciones y favores. Estadunidenses buena parte de ellos, poseedores de residencias y otros intereses necesitados de vigilancia y trámites oficiales.
La dama se desempeñaba aquí como directora de Relaciones Públicas de la empresa aérea Braniff International y atendía su propia boutique en la avenida Costera. Desde su llegada al puerto se había incorporado a diversos grupos sociales, dedicados a las obras pías y culturales.

Ella

Oriunda de Texas con estudios en colegios privados, incluso conventuales, la señorita Simpson llega a Nueva York para incorporarse a la famosa agencia de modelos de John Powers. La integraban mujeres hermosas y elegantes conocidas popularmente como “las chicas del talle largo”. Tan comentadas en los círculos sociales de la Gran Manzana que el propio alcalde, William O’Dwyer (1946-1950), querrá conocerlas. Se lo pide a su amiga Eleanor Lambert, directora de modelaje de la empresa y ésta lo invita a su célebre desfile de modas.
El alcalde llega al sitio del evento y es recibido por la dama, quien lo conduce por vericuetos reservados. Caminan hasta llegar a una suerte de observatorio secreto, dominando a plenitud el vestuario. Un espectáculo ante el cual el alcalde sesentón exclamará agitado: ¡oh my God!, ¡oh my God!, ¡oh my God!
La celestina Lambert comentará más tarde que O’Dwyer sólo había tenido ojos para una chica morena, esbelta, veinteañera, chispeante y hermosa. No era otra más que Sloan Simpson a quien, más tarde, el político irlandés no le será indiferente. Retratado en las crónicas sociales como un hombre “increíblemente guapo y de legendario encanto, no obstante sus 59 años”, los medios ayudarán a construir el romance entre la bella modelo y el alcalde viudo.
Serán los propios medios los encargados de rechazar los comentarios públicos contra la modelo y entre ellos el que la ubicaba como una “trepadora social”. Recordarán que, por el contrario, su madre, Eleanora Laurens Myer, descendía de un firmante de la Constitución de Estados Unidos. Que su padre, Sloan Simpson, como ella, era un harvardiano que había formado parte de la Cabalgata de Teddy Roosevelt. Y que, por si fuera poco, su abuelo había poseído las manadas vacunas más numerosas del país. Fundador, además, del First Nationl Bank of Dallas.
Cuando empiece a hablarse de matrimonio, las patischapoy de la época sacarán a relucir un matrimonio anterior de la señorita Simpson. “Adolecente y fugaz”, se apresurarán a calificarlo sus amigos, conociendo el profundo catolicismo del novio con antecedentes de seminarista en España. Pero sobre todo porque sus triunfos políticos se sustentaban en el voto católico de la Gran Manzana. Así las cosas, la novia deberá recurrir a la anulación de su matrimonio eclesiástico, trámite facilitado por el poderoso cardenal neoyorkino, Francis Spellman.
Las fiestas ofrecidas por los nuevos ocupantes de la Gracie Mansion, la residencia oficial, devolverán a la sociedad neoyorkina el orgullo de ser la más selecta y opulenta de Estados Unidos. Un gloria efímera para la Prima Donna texana, pues ocho meses más tarde dejará de serlo por la renuncia de su esposo. Obligado éste por un escándalo de corrupción policiaca. No obstante la pareja no huirá y, por el contrario, se despedirá recorriendo las principales calles y avenidas de la Gran Manzana a bordo de un auto descubierto. Mientras lo hacían, en la Casa Blanca, el presidente Harry S. Truman firmaba un nombramiento a favor de William O’Dwyer como embajador de Estados Unidos en México.

Embajadores en México

En la Ciudad de México –dice una crónica de la época– la pareja O’Dwyer-Simpson se convierte en la más celebrada del mundo de la diplomacia y también la más fotografiada en diarios y revistas. Muy pronto, sin embargo, los embajadores serán pasto de las hablillas maliciosas sobre la armonía matrimonial. Se habla de in-fidelidades por parte de él e in-cluso de una quiebra inminente. Y así será. La pareja se separa pero sólo hasta el fin de la representación diplomática. Será ella la que demande el divorcio en 1953 y lo hará en tribunales mexicanos.
Tanto se ha hablado de cuernos que Sloan Simpson viaja a España para consolidar su nueva afición: los toros. Allá, una mujer como ella no podrá pasar inadvertida e inmediatamente se liga sentimentalmente con el torero de moda . Ella jurará entonces “no volver a casarse, a menos que el novio sea un millonario con título nobiliario”.
Secundaba con esa determinación a su amiga íntima Grace Kelly, quien sí logrará tal propósito. Y será ella, precisamente, la que le eche la mano cuando decida conquistar Hollywood, donde filmará apenas dos películas: La ciudad desnuda y La garra del vicio. Vuelve a la Ciudad de México para incorporarse la empresa aérea Braniff International, siendo encargada de las relaciones púbicas en Acapulco.

Acapulqueña linda

Un día de 1978, desempeñándose quien esto escribe como director de Actividades Cívicas, Sociales y Culturales del Ayuntamiento de Acapulco, recibe un telefonema de la señora Sloan Simpson, a quien conocía de encuentros casuales en eventos artísticos y culturales. Me pide que le consiga una entrevista con el alcalde Febronio Díaz Figueroa (1978-1980), para plantearle problemas sanitarios de su colonia: semanas sin recolección de basura.

Sloan y Febronio

El encuentro se da en la neutralidad de una cafetería de la Costera. Ante su querella, el viejo marxólogo, maestro universitario, explica a la dama los problemas de Acapulco en esa materia. Detalla el número de barrenderos y de camiones con los que cuenta el Departamento de Limpia municipal e incluso los que están en el taller. Reseña también el número de carretillas y escobas y aprovecha para recomendar “las de varas, que son una maravilla”. Termina con un “mal que bien, ahí la llevamos”.
–Me perdona, señor presidente, pero no comparto su optimismo –revira Sloan. Acapulco no está limpio. Y no hablo de barrios y colonias sino del Acapulco que ofrecemos al turismo. Es más, señor presidente, lo invito a que demos unos cuantos pasos por la propia Costera. Y me ha de perdonar, señor, pero no soy egoísta aunque lo parezca, quisiera volver a tema de esta entrevista. El nulo servicio de recolección que padecemos en colonia Condesa, rogándole que haga algo por nosotros.
–Como le digo distinguida dama, la gente cree que los políticos nos la pasamos pronunciando discursos y robando al erario público. Usted es una distinguida visitante de Acapulco y por tanto ignora los esfuerzos que hacemos todos los días para atender los problemas de la ciudad , particularmente el de la limpieza.
–¡Me va a perdonar, señor presidente, pero no estoy de visita en Acapulco! ¡Lo hice mi hogar hace diez años, es decir, mucho antes de que usted llegara a Guerrero como servidor público! Aquí, señor, está mi casa, mi trabajo y mis amigos. Por ello me duele mucho escuchar que se hable mal de Acapulco, particularmente por las deficiencias de sus servicios.
–Así es la gente, señora, habla por hablar sin conocer la realidad de las cosas.
–¡Ese no es mi caso, señor presidente! Anituy lo sabe e ignoro si se lo ha comentado. Fui esposa del alcalde de Nueva York, William O’Dwayer de quien estuve muy cerca y conocí la solución que dio a los grandes problemas citadinos, particularmente el de la basura. Es sólo cosa de imaginarse, señor, las toneladas que genera la Gran Manzana, comparadas con las que produce Acapulco.
La dama no esperará el comentario del presidente municipal
–Me despido, señor, no sin agradecerle este encuentro concertado por Anituy, a quien también le doy las gracias. Y sólo me resta rogarle que el “carretón”, como aquí se dice, pase seguido por la Condesa.
–Me dio mucho gusto conocerla, señora Simpson. Espero que hoy estemos inaugurando una serie de encuentros tan aleccionadores como este.

El carretón

Al no comentar nada conmigo sobre la entrevista, supuse que algo había enojado a Febronio en aquel encuentro. Y supuse bien. A los pocos días recibí la copia de una carta de Sloan en la que recuerda al alcalde su promesa. Y a manera de presión, cita a algunos distinguidos colonos de la Condesa, con los que comparte el problema.

La carta

“Estimado Febronio:
Después de tener el placer de conocerlo a través de Anituy Rebolledo y de encontrarnos en diversos eventos tales como siendo jurados en el concurso de Miss Universo 78 y en casa de Jaqueline Petit, me tomo la libertad de abusar de esta familiaridad para recordarle su promesa, la de resolver el problema planteado.
“Yo vivo en Villa del Árbol, calle Condesa 19A, frente a la casa de Juan Gabriel y muy cerca de Jaqueline Petit y Phillipe Haussman, a quienes estoy seguro usted debe conocer. Esto es en la colonia Condesa, arriba de la casa del Sr. Tapia Carrillo (director del Fideicomiso Acapulco).
“El problema es que no han pasado a recoger la basura desde hace tres semanas e incluso ausencias mayores. Entiendo que esto debe pasar en barrios y colonias de Acapulco, lo que es peligrosísimo para la salud. Por ello, deseo expresarle que los residentes de esta colonia estaríamos dispuestos a pagar una suma razonable para tener el servicio por lo menos dos veces por semana. Ello, para evitar los cerros de basura en las calles, haciendo ver a esta comunidad como un arrabal.
“Ninguno de nosotros puede entender el motivo de esto, ya que pagamos nuestros impuestos, mantenemos nuestras propiedades en condiciones de primera, y a decir verdad, pagamos una fortuna para comprar las propiedades y construir nuestras casas.
Agradeciendo de antemano su colaboración en este problema, me despido de usted: Sloan Simpson”.

La fiesta del fuego

Al alcalde Díaz Figueroa le entusiasma el proyecto de una fiesta a beneficio del cuerpo municipal de Bomberos, presentado por una dama estadunidense que se ostenta como su asesora en materia turística. Se le denomina La Fiesta del Fuego, un evento presumiblemente internacional que reuniría aquí a las luminarias del espectáculo y la política más famosas y hermosas del mundo, entre ellas, Grace de Mónaco, acentuaba el primer edil.

Sloan Simpson al teléfono:

“Anituy, por favor evítame el enojo de entrevistarme de nuevo con tu jefe. Desde que lo conocí estoy convencida de que el comunismo jamás triunfará si todos los comunistas son como él. Dile, por favor, que no es verdad, como lo pregona diariamente, que la princesa de Mónaco prepare una visita a Acapulco. Anoche hablé con ella y me encargó desmentir el engaño que la hará aparecer como una mentirosa. Ella no tiene idea de dónde pudo haber surgido una versión tan falaz. ¡Haz algo, Anituy, por favor, haz algo!
No fue necesario. Días más tarde, Febronio despedirá con malas maneras a su asesora gringa, llamándola “pinche vieja ratera y mentirosa”.

Mi renuncia:

Pero las cosas no terminaron ahí. Me llama el alcalde para ordenarme que me haga cargo de la organización de la Fiesta del Fuego y no le contesto ni sí ni no. Vuelvo con mi renuncia agradeciéndole el honor de haber laborado con un personaje como él. Negaba mi certidumbre de que en México sólo los pendejos renuncian a un cargo público.

Sloan al teléfono:

“Te felicito, Anituy , un persona como tú no podía estar más tiempo al servicio de un enloquecido remedo de Stalin”.

Juan Gabriel

A propósito de la vecindad de Juan Gabriel en la Condesa, todos los residentes de la colonia lo arroparon en momentos para él desquiciantes. La muerte de su compañero de vida, (“un chico muy guapo”), fueron Sloan y la Petit quienes no se separaron del abatido Juanga, temerosas de que pudiera optar por la puerta falsa. Él lo cantará más tarde como “su más triste recuerdo de Acapulco”.