EL-SUR

Sábado 20 de Junio de 2026

Guerrero, México

Opinión

¡Mujeres divinas!

Anituy Rebolledo Ayerdi

Junio 19, 2025

Divismo

Fue una noche de ópera en Italia donde se escucha por primera vez el grito enfervorecido de ¡divina, divina, divina! Se premia la actuación de la cantante Angélica Catalini, Susana en la mozartiana Las bodas de Fígaro. Un grito que con el tiempo será entusiasta ovación en todas las capitales operísticas del mundo. Un grito de libertad para las mujeres en la marginalidad laboral, se dirá.
Más tarde y por economía de palabras el “divina” se apocopará para quedar en sólo cuatro letras: “diva”. Una expresión de la que Hollywood se adueñará para aplicarla a sus grandes celebridades. Razones o sinrazones que llevarán al profe de Huetamo, Martín Urieta, para llamarlas en este siglo simplemente Mujeres divinas.

Merle y Bruno

Merle Oberon, diva del cine inglés, radicó en este puerto por largas temporadas junto con su esposo, el industrial italiano Bruno Pagliai (de la minera American Smelting). Ella se significará por sus actividades filantrópicas dirigidas en favor de la niñez local, encabezando a un numeroso grupo de damas acapulqueñas.
Por la residencia de la pareja, en Punta Guitarrón, desfilaron periódicamente los personajes más celebrados del jet set. Veladas que se harán famosas por la variedad y exquisitez de sus viandas y la longevidad de sus vinos.

Ella

Dueña de una belleza noble y serena, la estrella nacida en Bombay, India, debuta en el cine con el nombre de Queenie O’Brien, que no le trae suerte. Su primer esposo, Alexander Korda, le sugiere cambiarlo a Merle Oberon y la suerte mejorará. Él la dirige en Angel en tinieblas y entonces su actuación merecerá una nominación al premio Oscar. Vendrán luego Cumbres borrascosas, con Laurence Olivier y Desirée, la amante de Napoleón, con Marlon Brandon, Ángel de las tinieblas, The Scarlet Pimpernel, y Canción nocturna.
A partir de su arribo al puerto, Merle Oberon decide dirigir sus esfuerzos hacia la fundación de un centro de recreación infantil, al que dedica una amplia superficie en la colonia Costa Azul, espacio al que será la población la que lo bautice como Parque Merle Oberon, cuyas instalaciones estarán dedicadas a los niños, al fomento de la unión familiar y al desarrollo comunitario.
El Parque Merle Oberon ha sido dotado a través de los años con instalaciones apropiadas y modernas. Ello, gracias al interés de las autoridades municipales y de los grupos sociales que lo generaron a iniciativa de su creadora.

Jackie y John

Los recién casados Jacqueline Bouvier y John F. Kennedy se despiden de sus mil 200 invitados y corren al aeropuerto de Nueva York para volar a Acapulco, donde disfrutarán de su luna de miel. No llegarán a ningún hotel, pues han aceptado el ofrecimiento del ex presiden-te Miguel Alemán Valdés de ocupar su casa de Puerto Marqués. Ella recordará más tarde tan singular experiencia:
“Ni John ni yo pudimos nunca pronunciar el clásico ‘al fin solos’. Y es que durante toda una semana estuvimos acompañados por un centenar de personas. Servidumbre, policías uniformados, agentes secretos e incluso soldados, de esos que salen en las películas de Pancho Villa”.
Muchos años más tarde, en 1962, cuando la pareja presidencial estadunidense visite nuestro país, invitados por el presidente Adolfo López Mateos, ocurrirá algo sorprendente. El presidente de Estados Unidos rompe la rigidez del protocolo pidiendo a Jackie ofrecer la cena que ofrecen en el hotel María Isabel.
La señora Bouvier de Kennedy hablará de su simpatía y cariño por México y todo lo mexicano, haciendo una larga y precisa referencia de sus visitas al puerto de Acapulco, “el lugar más hermoso del mundo”. La primera con su hermana Lee, casada más tarde con el príncipe polaco Radziwill y la última para disfrutar su janimun.
A propósito, Jackie recordará el método que siguieron para escoger el lugar de su luna de miel. “John y yo nos colocamos frente a un globo terráqueo en movimiento, usando los dedos índice para detenerlo. Estos, y es absolutamente cierto, señalarán hasta en tres ocasiones un puntito en la República Mexicana: ¡Acapulco!”.

Betty Ford

Nunca nadie notó nada extraño en ella siendo esposa del presidente estadunidense Gerald Ford. Alegre y chispeante según la calificación de su corte y la prensa, será obsesiva en la custodia de sus secretos íntimos. Será mucho más tarde, luego de abandonar la Casa Blanca, cuando Betty Bloomer Ford asuma sus adicciones al alcohol y a las pastillas.
Revivirá entonces en ella el deseo siempre pospuesto de visitar Acapulco, pero sin Gerald, sólo acompañada por sus dos hijas
–¡Ah, lindo Acapulco, su mar, su sol, sus playas! ¡Su tequila, sus margaritas!, –suspira, sin embargo, admite ser esclava del martini seco.
Un experto en seguridad consultado por ella le advierte los riesgos de un viaje a Acapulco, sin Gerald u otra compañía masculina. ¡No se imagina, señora, los peligros que correría, mejor olvídelo!
Luego de una larga meditación, la ex primera dama cambiará sus planes. El viaje lo hará sola, pero no al puerto mexicano, sino a Long Beach, y no de vacaciones, sino a trabajar. Se unirá a grupos sociales de ayuda a alcohólicos y drogadictos que pululan en aquella ciudad.
“Nunca pretendí rescatar a nadie que no quisiera ser rescatado”, escribió Betty en su autobiografía, y ella misma festejará que finalmente visitó Acapulco con sus hijas, pero esta vez ¡sin la tentación de las margaritas!

Margarita

Acapulco es una de las tres ciudades mexicanas que se disputan la creación de este coctel, cuyo Día Internacional se celebra cada 22 de febrero:
Tres partes de tequila blanco, dos de Cointreau, jugo de limón, hielo triturado, vaso cubierto el borde con limón y sal. ¡Salud!

Brigitte Bardot

Brigitte Bardot disfruta de su luna de miel en Acapulco con su esposo Gunter Sachs, luego de una rápida boda en Las Vegas, apadrinados por el senador Ted Kennedy, hermano del presidente John F. Kennedy. La hermosa francesa sufrirá aquí un enorme desengaño, cuando una paisana le confíe que Sachs se había casado con ella sólo para ganar una apuesta millonaria. Ella lo creerá a sabiendas de que el marido era adicto compulsivo a los juegos de azar.
No obstante, el regalo de bodas del heredero de la fábrica de autos Opel tuvo carácter patriótico. Tres brazaletes y tres argollas cuajadas de zafiros, diamantes y rubíes para alinear los colores azul, blanco y rojo de la bandera francesa. La boda se había celebrado el 14 de julio de 1966, día de la independencia de Francia. Apuesta o no, la unión durará dos años.

Aquí

Un severo dolor de muelas ataca en domingo a la protagonista de Y Dios creó a la mujer y el único dentista disponible es el doctor Rodolfo Mathew, en la calle Nicolás Bravo, cerca del periódico Trópico, quien logra eliminar rápidamente la molestia. Agradecida, lo premia con un autógrafo.
Luego, en el café, un colega verriondo le confesará a Mathew: “Pendejo, yo que tú la hubiera sedado para gozar de tamaña boquita parada”.
Cuando cumpla 45 años, la prensa francesa contabilizará 44 hombres en la vida de Bardot.
Mito erótico, icono de la moda, sex simbol de la mitad del siglo XX, la Bardot se significó también como cantante, defensora de los animales y escritora con cinco libros.

Elizabeth Taylor

Mujer divina, Elizabeth Taylor contrae matrimonio con el productor Michael Todd en el hotel Las Brisas, el 2 de febrero de 1957. Testigos de ella, sus mejores amigos, el matrimonio formado por la actriz Debbie Reynolds y el cantante Eddie Fisher. De él, Miguel Alemán y Mario Moreno Cantinflas.
La felicidad de la pareja no será duradera, según deseos del alcalde Mario Romero Lopetegui, al dar lectura en inglés a la epístola de don Melchor Ocampo. Un año más tarde se verá truncada al morir Todd en un accidente aéreo. Ella será la viuda más hermosa, pero inconsolable.
No lo será por mucho tiempo, ciertamente, pues muy pronto encontrará consuelo con su padrino Eddie Fisher, con quien contrae matrimonio aquí mismo, sin esperar siquiera el “cabo de año”. El escándalo será mayúsculo, arrojando sobre la diva los más severos y vulgares epítetos, uno en particular “PP quitamaridos”. Ella solo contestará: “mí no comprende, mí no comprende”, disfrutando de una renovada luna de miel acapulqueña.

Los regalos

Michael Todd, creador del sistema de pantallas gigantes (Todd-AO) y productor de la película La vuelta al mundo en 80 días, con Cantinflas, había obsequiado a Liz un cuadro de Renoir, un abrigo de visón y una pulsera de diamantes. Por su parte, el juaneado Fisher le llevará una serenata, pero sin la Reynolds.
Richard Burton , con quien Liz Taylor se casará cinco años más tarde, le obsequia la perla llamada La Peregrina, que había pertenecido a Felipe II y un diamante de 69 kilates con valor de millón y medio de dólares.

El hotel

Elizabeth Taylor, el rostro cinematográfico más hermoso de todos los tiempos, fue una enamorada de Acapulco. Mucho antes de sus visitas comprometidas o fugaces perteneció al grupo de actrices y actores, conocidos como La pandilla de Hollywood, quienes compraron su propio hotel: Flamingos.

Adorarlas

Pudiéramos morir en las cantinas
Y nunca lograríamos olvidarlas
Mujeres, oh mujeres tan divinas
No queda otro camino que adorarlas.