EL-SUR

Sábado 25 de Junio de 2022

Guerrero, México

Opinión

Mujeres en un país violento

Humberto Musacchio

Marzo 10, 2022

Contra lo esperable, funcionó la estrategia del gobierno de la Ciudad de México y, pese a la violencia de pequeños grupos, fue posible que la manifestación del Día Internacional de la Mujer se desarrollara en paz, por supuesto con la energía inherente a toda protesta, pero también con un aire de alegría, muy explicable por el éxito de la movilización.
De nuevo las feminazis (¿O hay que llamarlas hermanas de la caridad?) dañaron propiedad privada e intentaron hacer lo mismo en el Palacio Nacional, donde fueron contenidas con sustancias lacrimógenas. Para el presidente López Obrador, quisieron “hacer un espectáculo de violencia, que pudieran quemar las puertas de Palacio, meterse incluso al Palacio, a la Catedral, para que sea noticia mundial, porque a ellos (los que tripulan a las bandas violentas) no les importa el daño que le puedan causar al país”.
Lo anterior permite suponer que las autoridades estaban al tanto del despliegue de violencia que se iba a producir, y que por eso mismo estaba en sus manos el evitarlo. No lo hicieron, y el resultado fue que hubo por lo menos seis mujeres policías que resultaron lesionadas y tres o cuatro civiles.
Desde luego, nuevamente quedan en la impunidad los delitos cometidos por las bandas violentas, pues las autoridades se jactan de no ser represoras, como si faltar al juramento de cumplir y hacer cumplir la ley fuera optativo. No se trata de reprimir las manifestaciones por las justísimas demandas del feminismo, sino de impedir el sabotaje de esas mismas demandas.
Pese a todo, lo importante es que en esta ocasión el vandalismo no ocupó las primeras planas y que incluso se destacó un buen detalle, como fue la incorporación de mujeres policías a la marcha y que, en un plausible gesto, se les ofrecieran flores a las uniformadas. Dicen que eso de las flores fue orquestado por las mismas autoridades, pero aun en ese caso el gesto tiene un valor ejemplar.
AMLO dijo que “no puede haber feminismo sin la lucha por la igualdad económica y social” o, agreguemos, no puede haber igualdad económica y social sin feminismo, pues en el centro de las demandas de este movimiento está precisamente la igualdad en todos los órdenes. En fin, que el saldo del 8M en la capital del país tuvo un resultado altamente positivo.
Lamentablemente, de lo ocurrido en otras ciudades no se puede decir lo mismo. En Monterrey, las integrantes del llamado “bloque negro” sí pudieron penetrar y causar daños en el Palacio de Gobierno, como la ruptura de vitrales, el incendio de la puerta del recinto y pintas en todas partes. En Tuxtla Gutiérrez fueron vandalizadas algunas sucursales bancarias, agencias de automóviles y diversos negocios. Menos graves fueron los daños en Oaxaca y Toluca, pero ocurrieron.
No es asunto menor el despliegue de violencia y menos aún la impunidad, que implica una invitación a repetir los hechos con consecuencias que pueden llegar a lo funesto, pues las agresoras empuñan martillos y otros objetos contundentes o punzocortantes y emplean los aerosoles a manera de lanzallamas.
Hay que insistir en que la impunidad convoca a repetir los hechos delictivos. El país está sumido en una espiral de violencia creciente, como lo evidencian los asesinatos en aumento en amplias zonas de la República y cada vez con mayor exhibición de crueldad ante la inoperancia y hasta complicidad de los cuerpos policiacos.
La golpiza inferida a una joven mujer por varios policías en Guanajuato o la bestialidad desatada en el estadio Corregidora, ante decenas de miles de empavorecidos espectadores, evidencian que en amplias zonas del país la violencia está fuera de control y los llamados cárteles cobran derecho de piso, se adueñan de carreteras y vías férreas, financian candidatos o de plano imponen autoridades cuando no las someten a su voluntad.
México está enfermo, y la política de “abrazos, no balazos”, además de anticonstitucional, es un poderoso estímulo para la delincuencia. Más allá de las cuentas alegres que se ofrecen sobre criminalidad, está el hecho cierto de que los ciudadanos viven con un muy justificado temor. Salir a la calle, ir a comer fuera de casa, asistir a un espectáculo o concurrir a un salón es hoy toda una aventura. ¿Hasta cuándo?