EL-SUR

Sábado 27 de Noviembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Mujeres, mujeres, mujeres

Humberto Musacchio

Marzo 08, 2018

Para Ricardo Rocha, solidariamente.

En México, donde el feminicidio es un fenómeno que tristemente forma parte del acontecer cotidiano; en México, donde las mujeres encabezan la tercera parte de los hogares o participan con los hombres en la manutención de la mayoría; en este país donde abundan policías, agentes del Ministerio Público y jueces que se encogen de hombros ante los cotidianos y pertinaces abusos contra el género femenino, hay mucho por hacer para combatir y abatir la discriminación de género.
No podemos olvidar que hasta mediados del siglo XX las mujeres no podían elegir a los gobernantes, pues legalmente se consideraba que sólo los hombres eran aptos para decidir sobre ese punto. Todavía en los años sesenta las mujeres eran una ínfima minoría en las carreras universitarias y cuando una de ellas entraba al plantel se desataban los chiflidos, la gritería y aun las agresiones.
Fue en 1936 cuando Aurora Meza Andraca se convirtió en la primera presidenta municipal del país, en Chilpancingo. Al año siguiente, en las elecciones para diputados federales, el Partido Nacional Revolucionario lanzó la candidatura de dos mujeres para sendos distritos de Michoacán y Guanajuato. Ambas fueron declaradas ganadoras, pero no llegaron a tomar posesión de la curul.
El gran Lázaro Cárdenas envió al Congreso una iniciativa para reconocer el derecho de la mujer al voto, lo que desató una feroz campaña según la cual el sufragio femenino sería dictado desde el púlpito, pues se suponía a las mujeres mero instrumento de la Iglesia. Incluso, una mujer, Catalina D’Erzell, columnista de Excélsior, escribió que la mujer había ido “demasiado lejos”, pues pretendía “abarcarlo todo: lo femenino en el hogar y lo masculino en la política”, lo que aumentaría “el porcentaje de niños abandonados” y tendrían “que usar pistola las mujeres políticas”.
Pese a todo, ambas cámaras aprobaron la iniciativa cardenista que incluso fue ratificada por la mayoría de las legislaturas locales, pero “faltó, para que esa reforma quedara legalizada, que las Cámaras del Congreso de la Unión hubiesen hecho la declaratoria” respectiva y se publicara en el Diario Oficial, lo que nunca ocurrió y las mujeres siguieron sin derechos electorales.
El presidente Manuel Ávila Camacho fue el primero en nombrar a una mujer, Palma Guillén, como embajadora y a otra, Matilde Rodríguez Cabo, como jefa del Departamento de Previsión Social de la Secretaría de Gobernación.
En 1947 se reconoció el derecho de las mujeres a votar y ser votadas en elecciones municipales y Virginia Soto fue la primera dama en convertirse en alcaldesa bajo esta legislación. Sería hasta el 17 de octubre de 1953 cuando, por fin, se reconoció la ciudadanía a “los varones y mujeres que, teniendo la calidad de mexicanos”, tuvieran 18 años cumplidos siendo casados o 21 de ser solteros.
En los comicios de 1955 se eligió a las primeras diputadas federales. Fueron cinco: Reme-dios Albertina Ezeta, Marcelina Galindo Arce, Margarita García Flores, Aurora Jiménez y María Guadalupe Urzúa. A fines de 1958, Adolfo López Mateos designó a Amalia Castillo Ledón como la primera subsecretaria  (en Asuntos Culturales de la SEP). También, a propuesta de ese mandatario, María Cristina Salmorán de Tamayo se convirtió en la primera ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Las mujeres tuvieron que esperar hasta 1964 para ver a dos damas convertirse en senadoras de la República, la sonorense Alicia Arellano Tapia y la campechana María Lavalle Urbina, quien fue la primera mexicana en presidir el Senado. Dos años después, a la diputada María Zaleta “de Elsner” (todavía muchas usaban el posesivo con el apellido del cónyuge) le tocó responder un informe presidencial.
En 1975 se celebró en México la reunión mundial por el Año Internacional de la Mujer, lo que propició una revisión de varias disposiciones legales discriminatorias, aunque no de todas. Cuatro años después, en Colima, Griselda Álvarez se convertiría en la primera gobernadora habida en México y, en 1980, tocó a Rosa Luz Alegría ser la primera mujer en ocupar una secretaría de Estado (Turismo).
Hoy las mujeres son mayoría en la matrícula de la UNAM y la ley ha establecido la igualdad de género, pero hay mucho camino por andar. Lo que falta, habremos de recorrerlo hombres y mujeres juntos, decididos, solidarios, pues los varones sólo seremos libres, completos, si lo son también las mujeres.