EL-SUR

Sábado 20 de Julio de 2024

Guerrero, México

Opinión

Mujerones

Federico Vite

Noviembre 22, 2016

(Segunda de dos partes)

Mentira y sortilegio, publicada en 1948 por Einaudi Editores, de Elsa Morante, cuenta la vida de Elisa, una mujer joven y huérfana, rodeada de novelas de aventura, de folletines en los que doncellas y príncipes diseñan la felicidad venciendo escandalosamente a lo maligno. El documento es de aproximadamente 1100 páginas y la protagonista, tal vez ya cansada de tanto ruido de fondo, reflexiona sobre la imposibilidad de consumar alegremente su entorno inmediato y, casi por inercia a la indagación personal, decide poner por escrito la historia de su familia. Convierte a sus padres, a sus abuelos, y a la mujer que la cuidó durante muchos años, en seres patéticos que poco a poco se transforman en locos temibles, animan todos ellos una grandiosa tragedia.Aunque ustedes, queridos lectores, encontrarán en estas líneas a más de un personaje contagiado por el morbo de la imaginación, sepan que ya han conocido al enfermo más grave, aquí me tienen: soy yo, Elisa. Así comienza el libro que ayudó a Elena Ferrante, como bien señala en la entrevista que concedió aVanity fair mediante correo electrónico, a definir el rumbo estético de sus libros. Elisa es hija del desprecio, hereda de sus padres un enigma, y a ese misterio se une el miedo y la mentira, motores de hijos ilegítimos, de matrimonios mediocres e infelices. Para comprender todo ello, la protagonista escribe sobre una pequeña ciudad del sur de Italia a principios del siglo XX, un lugar y una época en que la libertad de las mujeres estaba en manos de padres, maridos y amantes, pero sobre todo, estaba en manos de las madres, las tiranas esenciales.
La amiga estupenda me parece un tremendo homenaje a Mentira y sortilegio, se trata de un diálogo en la tradición de la literatura italiana. Indaga la metodología de la educación sentimental femenina. Basada siempre en los usos y las costumbres, Ferrante muestra, escena por escena, cómo son las mujeres, cómo se constituyen en un sitio castigado por la guerra, el hambre y la pobreza. La primera parte de la tetralogía Dos amigas no deriva en un alegato melodramático, aunque en muchas estancias adquiere grandes visos de folletín amoroso, desplantes narrativos color rosa en los que Lenù y Lila discurren animadamente sobre el dinero que ganarán en empleos bien remunerados, de la pobreza inexistente en sus vidas y, en especial, del amor que debe consumarse junto a un hombre con un buen auto. Sí, leyó usted bien, con un buen auto. Hinca el diente en un fetiche absurdo y lo explota a la perfección. No se trata de lo guapo, lo adinerado, lo interesante de su charla, sino la imagen, el zapato, la vestimenta y el auto, un paquete avasallante y seductor. Esa frivolidad, quizá característica de la primera juventud de las protagonistas, es un hecho que no agrada al lector, porque tiende al melodrama, al guión de telenovela barata y todos esos prejuicios consabidos que rompen el suspenso creado con múltiples habilidades a lo largo de cientos de páginas. Se empantana esa parte de la novela, no porque el oficio narrativo de Ferrante se oxide o apueste denodadamente por lo cursi, sino porque se acartona el último tercio de la novela. Presencia el lector la competencia femenina, ya sea por el mejor novio, la mejor vida, la guapura a flor de piel y el dinero, un capital simbólico de la carne esplendente, tanto de Lina como de Lenù.
Algunas de las variaciones, no sólo temáticas sino estilísticas, en la obra de Ferrante, dotan de literatura la exploración de la sexualidad, pues de una manera casi obligada, en franca competencia femenina, Lenù y Lila se permiten usar a los hombres como les plazca, este fragmento nace de las palabras de Lenù: “Usaba ese hombre; no sabía qué hacer con él y lo acercaba a mí, lo alejaba. No me importaba que gastara todo lo que tenía para agradarme. Cuando volvía a extraviarme, lo llamaba. No lo quiero, sólo trato de encontrarme”. Es un comportamiento similar al estereotipo masculino, sólo que en voz de una mujer, una voz que también da cuenta del trasfondo de este documento, el latente poder del matriarcado, como es el caso de la novela Mentira y sortilegio. Cito a Ferrante en voz de Lenù: “Al oír a Nino especulaba casi como en otro tiempo me pasaba con Lila; su dedicación me hacía crecer. Él sí iba a apartarme de mi madre”. El nexo terrorífico de una madre con su hija, un lazo tiránico que se traslada con la mejor amiga, la brillante, la hermosa, la inteligente. La libertad es un ideal que no se consuma sino hasta un momento específico, cuando la madre o la mejor amiga descuidan al otro afecto, dejan de aferrarse al otro y permiten una noción de la orfandad, pero comprendida, por las protagonistas de esta novela, como la consumación libertaria.
La escritora napolitana muestra que aparte del matriarcado los nexos tiránicos con la comunidad son varios, obstáculos básicamente como el torpe acoso sexual de los ancianos y la vejación, la falta de empleo, la ignorancia, la violencia, etc. Aparte de la educación femenina, basada en usos y costumbres napolitanas del siglo pasado, Ferrante también atrapa al lector poniendo atención en los detalles, donde se intuyen los interese reales del porvenir, la estabilidad social y el dinero remunerado en un trabajo ideal para una mujer distinta a las de sus tiempo, no por ello triunfadora o rebelde, simplemente una mujer que luchó desde otra óptica contra el matriarcado, el machismo y el hambre. Curiosamente, una mujer igual a la protagonista de Mentira y sortilegio. Que tengan buen martes.