EL-SUR

Martes 07 de Diciembre de 2021

Guerrero, México

Opinión

Murió Gloria Contreras

Humberto Musacchio

Noviembre 30, 2015

Hacia 1970, acompañada de un grupo de bailarinas (no recuerdo si también bailarines) recorría las escuelas de la Ciudad Universitaria repartiendo volantes en los que invitaba a la función del Taller Coreográfico de la UNAM, que tenía apenas unos meses de nacido, gracias al decidido apoyo de Eduardo Mata, director de la entonces Sinfónica de la UNAM, y la visión de Gastón García Cantú, director de Difusión Cultural, personajes magníficos del inolvidable rectorado de don Javier Barros Sierra, quienes propiciaron que Gloria Contreras contara con una compañía estable. Y vaya que Gloria aprovechó la oportunidad. La Contreras, que apenas rebasaba los 30 años, ya había tejido su propia leyenda por su aprendizaje bajo la mirada de Madame Dambré, quien la integró a su compañía (luego bailó con el Ballet Concierto), y, ya en Nueva York, con Pierre Vladimirov, Felia Doubrovska, Anatole Oboukhoff, Muriel Stuart, Carola Trier y, sobre todo, junto a George Balanchine, en la School of American Ballet, donde el monstruo de la coreografía moderna la adoptó como su más prometedora discípula, pero más de una vez la hizo llorar de rabia y de frustración. Aun así, Gloria estaba decidida a convertirse en una gran coreógrafa. Se integró como bailarina al Royal Winnipeg Ballet, pero meses después, aquella muchacha de veintitantos años decidió formar su propia compañía, que fue The Gloria Contreras Dance Company, la que contra viento y marea mantuvo en pie durante 8 años en los que llevó a la escena sus producciones.

La creación de un público

Las primeras funciones del Taller fueron en el Centro Universitario Cultural, más conocido entonces como La Parroquia, pues era y es de dominicos. Gloria recorría las escuelas para invitarnos a presenciar una función de ballet, algo que en aquellos días de combate (estaba muy cerca el 68) no estaba entre los intereses de los estudiantes. Pero nos fue convenciendo y unos amigos llevaban a otros y veíamos azorados aquel despliegue armónico de cuerpos que se fundían con la música bajo el juego de luces que entonces era, creo, de Kleómenes Stamatiades, también diseñador del vestuario, siempre bajo la supervisión de Gloria. Ante la mirada casi incrédula de aquella generación se desenvolvían en el escenario Eioua, con música de Machaut; Danza para mujeres, de Pergolese; Interludia, de Henze; Integrales, de Varese; y muchas coreografías más, con obra de grandes músicos del repertorio universal. Era música que la mayoría escuchábamos por primera vez, pero que integrada con la danza nos llamaba a entrar en ese mundo de sonido y movimiento. Pero lo que nos entusiasmaba hasta el delirio (otro descubrimiento de aquellos días) eran las coreografías ejecutadas sobre música de creadores mexicanos como Sensemayá, de Revueltas, los Sones de mariachi de Blas Galindo o esa especie de segundo Himno Nacional que es el Huapango, de Moncayo. Gloria formó a varias generaciones de bailarines, dirigió el Taller hasta su muerte, creó más de 150 coreografías, promovió la danza en escuelas y prisiones, pero lo principal, lo imborrable, es que nos metió en ese mundo de vibrante belleza a miles de universitarios. No la olvidaremos.

Reconocimientos en la FIL

Merecidísimos son tres reconocimientos que entregará la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Uno es para Sergio González Rodríguez por sus muchos años de labor en el periodismo cultural, al que ha dado brillantes ensayos y una permanente atención a fenómenos de los que otros no aprecian su trascendencia. Otro es para el inmenso Francisco Paco Calderón, el gran caricaturista de Reforma, quien ha demostrado que se puede desplegar un humor punzante desde cualquier punto del esquema político. La suya es una manera peculiar de ver la realidad nacional, una gracia diferente, un dibujo peculiar, en fin, un señorón del cartón político en tierra de grandes caricaturistas. El premio para el bibliófilo es este año para Fernando Serrano Migallón, quien atesora los libros, los ama, busca su compañía y con el hogar atiborrado de volúmenes, se hizo de otra casa para colocar ahí el fruto de sus afanes de coleccionista. Pero no sólo reúne libros, sino que es también un lector excelente y apasionado. Abogado de carrera, por sus intereses múltiples es todo un renacentista. En fin, los tres personajes son de esos que honran los premios que reciben.

Expo-venta de María Echeverría

Gemóloga titulada por la Universidad de Barcelona, la mexicana María Echeverría es tasadora profesional de joyas (con licencia europea) especializada en el conocimiento de los diamantes, pero es, sobre todo, una reconocida diseñadora de joyas artesanales que este año presentará en México una colección navideña de obras elaboradas a mano. La cita es en Reina 181, entre Calero y Campestre, en San Ángel Inn, los días jueves, viernes y sábado de esta semana, de 9 de la mañana a 9 de la noche. Como algo especial, se pondrá a la venta una serie de la medalla denominada Lupita Solidaria, cuyos beneficios se destinarán al programa de trasplantes renales de la Fundación Sólo por Ayudar en la que participa Lolita Ayala.